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Gastronomía

Pastelas de pollo, bocadillos de jamón serrano y dulces marroquíes: la fusión se saborea en esta cafetería de Las Palmas de Gran Canaria

En el corazón de Schamann, María Quevedo abre las puertas de Bonita Vida, una cafetería que mezcla los sabores marroquíes con la tradicional bocatería española, acompañado del aroma del té

Desde la izquierda, Yousra Tahrioui, María Quevedo y Layla Tarzit, en el comedor principal de la cafetería.

Desde la izquierda, Yousra Tahrioui, María Quevedo y Layla Tarzit, en el comedor principal de la cafetería. / José Carlos Guerra

Las Palmas de Gran Canaria

En el corazón de Schamann se respira fusión. La mezcla de sabores marroquíes con la tradicional bocatería española es la carta de presentación de Bonita Vida, la cafetería que María Quevedo acaba de abrir en el popular barrio de Las Palmas de Gran Canaria.

Junto a Layla Tarzit y la recién desembarcada al equipo, Yousra Tahrioui, forman el tándem perfecto de amor por la cocina y por un barrio que en el último mes ha vivido horas complicadas. «Schamann necesita que no lo abandonemos, sobre todo a raíz de lo que le ha pasado a Vicente -el hostelero recientemente asesinado al salir de su negocio-», resalta María al explicar la razón por la que ha decidió abrir su proyecto en la popular zona.

«Es un barrio maravilloso, yo misma vivo aquí desde hace años y todos tenemos mucha unión». María narra cómo un buen día, estando en el parque Don Benito, vio el letrero de ‘Se alquila’ colgado en el local. Ahí vio la oportunidad de emprender el negocio que llevaba tiempo rumiando: una cafetería que aunara su pasión por la comida, sus raíces y la mezcla de culturas. «Quiero una Ciudad Alta y un barrio bonito, porque los dos se lo merecen».

Surtido de dulces típicos marroquíes.

Surtido de dulces típicos marroquíes. / José Carlos Guerra

Nacida en Agadir, aunque residiendo en Gran Canaria desde que tenía un año, de madre marroquí y padre gallego, recuerda con cariño sus visitas a Marruecos. «Mi tía Fátima me tenía siempre preparado el tajin de pollo y la ensalada de zaalouk». Toda la carta tiene un significado. «El jamón serrano, aunque yo no lo coma, mis hijos sí, y quiero que sean ellos los que decidan si quieren seguir así, soy de mente abierta». Aunque ella lidera el proyecto, no quiere dejar atrás a todos los que la han ayudado de una u otra manera, como la familia de su marido, de origen canario.

Hostelera, activista y solidaria

Esta joven empresaria desprende activismo y solidaridad. Intérprete y traductora en centros de menores migrantes, tenía claro el nombre del establecimiento. «Bonita Vida es la traducción del nombre de mis hijos: Jamal, que significa algo bonito y Aisha, que tiene que ver con la vida, algo muy vivo. Esa es la idea que quiero ofrecer aquí». Al fondo, una cocina abierta, a la que ella también entra a elaborar platos, a excepción de la repostería que deja en manos de Layla.

Bonita Vida está pensada, principalmente, para desayunos y meriendas, pero los miércoles, jueves y viernes ofrece un menú especial de comidas marroquíes: cuscús y tajin, con una singularidad, sin venta de alcohol. «Es parte del concepto que quiero ofrecer. Una vez vi cómo una niña le decía a su madre que se levantara de un bar y que no siguiera bebiendo. No quiero ver esas escenas aquí, menos estando frente a un parque».

Tajin de kefta, uno de los platos especiales del menú.

Tajin de kefta, uno de los platos especiales del menú. / José Carlos Guerra

Pero son las pastelas las que se han convertido en uno de los productos estrella en sus primeros meses de vida. «La gente se ha dado cuenta de que es una de las cosas más elaboradas de la cocina marroquí. Lleva mucho tiempo. El pollo se hace a fuego lento, se desmenuza, pelamos las almendras a mano, todo lo hacemos con mucho amor».

Le siguen elaboraciones con frutos secos, dátiles, canela y azahar. El msemen marroquí es otro de los productos demandados. «Es una especie de crepe que tomamos mucho con el té». Esa se convierte en una de las bebidas protagonistas. Las teteras y vasos de cristal estéticamente decoradas. De pétalos de rosas, hierbaluisa o con menta. «Venir a tomarlo es una experiencia, lo servimos de una manera que a la gente le llama atención, como si lo escanciáramos, en alto, y es para que se oxigene».

Pan payés para los bocadillos y las tostas, de jamón serrano algunas de ellas como parte de esa fusión en la cocina; pero también bocadillos de berros y queso tierno o la ensalada de berenjenas ahumada zaalouk. Pero ante todo, la hospitalidad, ese plato que a todo comensal gusta.

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