Gastronomía
Los postres con fresas de Valsequillo que triunfan por el Día de la Madre en Las Palmas de Gran Canaria
La tradición de la gastronomía francesa y los productos de kilómetro cero se fusionan en la pastelería Ave para crear unos dulces que triunfan gracias a su elaboración artesanal

El sabor fresco de los productos de kilómetro cero y el savoir faire de la gastronomía francesa se funden armoniosos en la pastelería Ave, un rincón dulce que en muy poco tiempo ha dejado una gran huella en Las Palmas de Gran Canaria. Su método 100% artesanal, que se nutre de materias primas de calidad, sienta las bases para crear una deliciosa repostería que no deja de conquistar paladares. Con frutas estacionarias y flores comestibles que llenan de color sus vitrinas, la primavera se convierte en un periodo idóneo para disfrutar de unas originales creaciones.
Sus productos abarcan una amplia gama de hojaldres, cruasanes y bollería francesa, además de unos bocadillos con pan brioche amasado a mano y horneado cada mañana. Uno de los más famosos es el de pastrami con queso ahumado, miel y mostaza, pero si hay algo que destaca en el local de Ave es su oferta de pastelería.
Entre la selección de semifríos se incluyen algunos de los bocados más exitosos, como la tarta de limón, el éclair de chocolate o los postres variados que elaboran con fresas de Valsequillo. Estos últimos tienen un gancho especial por el Día de la Madre, que coincide con el periodo primaveral donde los dulces se convierten en pequeños lienzos.
Atreverse con nuevos sabores
Las campañas especiales como el Día de la Madre, la Navidad, San Valentín o el Día de Canarias son los pretextos ideales para sacar nuevas combinaciones que invitan a la clientela a "atreverse con sabores que nunca habían probado". Así lo explica la fundadora y chef de la pastelería, Dana Joher, cuya maestría repostera es fruto de una exquisita formación y la mezcla de sabores que le han aportado sus viajes por el mundo.
Joher estudió en la prestigiosa escuela Ferrandi de gastronomía y hostelería, además de realizar un máster en negocio y gestión de administración de empresas. Hace cinco años, después de haber trabajado con diferentes chefs en París, decidió dar el salto y aunar los dos mundos que le apasionan: la gestión de números y el desarrollo creativo en cocina.
De las recetas en redes a los cimientos de la pastelería
Una vez hubo terminado su formación, la idea inicial era regresar a París y seguir trabajando allí, pero le llegó la "chispita" de afincarse en Gran Canaria, la isla donde veraneaba todos los años cuando era pequeña, y abrir su propio establecimiento. Tuvo la mala suerte de que sus planes coincidieron con la llegada de la pandemia, pero eso no la frenó. Empezó a publicar recetas en instagram y fue creando una comunidad propia que, meses después, ayudó a poner los cimientos de Ave cuando por fin pudo abrir la pastelería.
Desde su cocina también trabaja haciendo tartas por encargo para garantizar que los clientes siempre las encuentren frescas y evitar desaprovechar productos, ya que Joher apuesta por el aprovechamiento de las materias primas. Por ejemplo, en el caso de la fruta, aquellas partes que no se pueden utilizar para la decoración las destina a hacer mermeladas o infusiones.
La inspiración gastronómica de los viajes
Sus viajes por distintas partes del mundo le han aportado mucha inspiración a la hora de crear nuevos dulces. De origen francolibanés, nacida y criada en Costa de Marfil, Joher estuvo un tiempo viviendo en Ghana y posteriormente en Francia. También realizó una parte de su máster en Corea del Sur y pasó un verano trabajando en Reino Unido.
"Me encanta descubrir una ciudad desde un punto de vista gastronómico. Aprovechaba todos esos viajes para probar cosas y descubrir sabores nuevos para después aplicarlos a mis pasteles", desgrana. Con influencias de la gastronomía mediterránea y oriental, Joher suele utilizar ingredientes como el azahar, el agua de rosa o los cítricos: "Son sabores que me recuerdan mucho de dónde vengo".
La innovación y los recuerdos
Esos orígenes los combina con una fascinación por la comida asiática, lo que le ha permitido crear un praliné de sésamo negro, una tarta de matcha y fresa o cremas de infusiones hechas con frutas de temporada. La innovación, de un modo u otro, siempre está presente en la cocina de Ave, donde también ha creado macarons de chocolate con sal y aceite de oliva.
El nombre del local tiene mucho que ver con todas esas experiencias, ya que, al igual que los pájaros viajan, también lo hacen los paladares: "Cuando te llevas algo a la boca, siempre te puede traer algún recuerdo. La gastronomía te hace viajar, tiene el poder de despertar todas esas emociones. El viaje comienza con el primer bocado".
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