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La Casa del Niño de Las Palmas de Gran Canaria acumula 35 años de abandono bajo basura y escombros

La Casa del Niño, joya del racionalismo en ruinas pese a ser Bien de Interés Cultural desde 2017, está a la espera de un estudio de viabilidad del Gobierno de Canarias

La Casa del Niño acumula 35 años de abandono bajo basura y escombros

La Casa del Niño acumula 35 años de abandono bajo basura y escombros / José Pérez Curbelo

Las Palmas de Gran Canaria

Situada a los pies del barrio de Zárate (Las Palmas de Gran Canaria), la Casa del Niño ha vivido tiempos mejores. Entre sus paredes residieron a lo largo del siglo XX varias generaciones de huérfanos grancanarios. Hoy la estampa es bien distinta. Pese a que en 2017 logró recibir el reconocimiento de Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Monumento, el inmueble está sumido en el abandono. Diseñado por Miguel Martín Fernández de la Torre en 1939, el edificio está muy deteriorado 35 años después de su cierre como orfanato; repleto de basura, escombros y con personas sin hogar pernoctando en su interior.

La fundación que gestiona la Casa del Niño -en la que están representados el Gobierno central, el autonómico, el Cabildo, el Ayuntamiento, el Obispado y la familia del Conde de la Vega Grande- mantuvo su última reunión a finales del año pasado. Acordaron entonces encargar un estudio de viabilidad sobre su posible reforma y rehabilitación. Este sería un paso previo y primordial antes de buscar un plan de futuro para un inmueble reconocido como una de las obras cumbre de la arquitectura racionalista en España.

Según la Delegación del Gobierno, este estudio de viabilidad económica tendría que redactarlo la Consejería de Hacienda del Gobierno de Canarias. Desde dicha cartera han indicado a este periódico que la competencia es de la Dirección General de Infancia, integrada en la Consejería de Bienestar Social; y en esta, a su vez, señalan que el encargo se le hizo a la de Hacienda.

Personas sin techo

Mientras tanto, el deterioro avanza en un edificio que acumula 35 años de abandono. El pasado mes de febrero un incendio afectó al interior de las instalaciones. El humo obligó a desalojar la torre y parte de uno de los pabellones, donde habitualmente pernoctan personas sin techo. Estos han hecho modificaciones, colocando paneles de madera y cartones en los huecos y haciendo cerramientos para darles intimidad y protegerles de la intemperie.

Incendio en la Casa del Niño de Las Palmas de Gran Canaria

En cualquier caso, el inmueble se encuentra completamente vandalizado. Las carpinterías de puertas y ventanas ha desaparecido prácticamente por completo. Hay desconchones, huecos y grietas por buena parte de la estructura. Un panorama al que hay que añadirle la basura esparcida por todo el recinto, el cual supera los 20.000 metros cuadrados, y las malas hierbas que han crecido bajo el principio del libre albedrío.

«La intervención tiene que ser urgente»

«El conjunto está en el más absoluto abandono», resalta Carmelo Suárez, miembro de la Plataforma Popular por la Recuperación de la Casa del Niño. «La intervención tiene que ser urgente para paralizar los daños que está sufriendo», subraya el también arquitecto, «hay elementos de hormigón que están rotos, que tienen las armaduras al aire, y con la proximidad del mar están sufriendo un deterioro importante».

Esta asociación lleva más de una década luchando por la recuperación de un inmueble emblemático. Un tiempo en el que se ha dado de frente con la desidia por parte de todas las administraciones públicas implicadas en la gestión del edificio. La primera -y única- victoria llegó en 2017 cuando el Gobierno de Canarias le reconoció el rango de BIC, blindando así el complejo con la máxima protección patrimonial.

«Fue una victoria porque era el camino para garantizar que no le metieran el tractor y lo echaran abajo», subraya Suárez. Este reconocimiento fue posible gracias al impulso que le dio el presidente del Cabildo, Antonio Morales, en 2017. El expediente para la declaración de BIC llevaba en los cajones de la consejería autonómica de Cultura desde 1994, cuando la institución insular lo presentó por primera vez. La ULPGC dio su aval ese mismo año, pero la tramitación quedó dormida en 1996 durante los siguientes 20 años.

Un gran centro sociocultural para el Cono Sur

Ese mismo año, la asociación presentó al Ayuntamiento un proyecto para convertir el inmueble en un gran centro sociocultural para los barrios del Cono Sur -en la plataforma hay colectivos vecinales, deportivos y culturales-. Según apunta Suárez, el entonces edil de Urbanismo, Javier Doreste, les afirmó en una de las reuniones que mantuvieron que si les presentaban un proyecto buscaría financiación, pero esta nunca llegó.

La plataforma también planteó en su momento la disolución del patronato que ostenta la titularidad de la Casa del Niño. Este organismo fue creado a inicios de la dictadura franquista y prácticamente ha permanecido sin actividad desde el cierre del hogar de menores en 1991. El colectivo presentó la petición ante el Registro de Fundaciones del Gobierno de Canarias dado que «han incumplido sus obligaciones».

Pabellón sur de la Casa del Niño, en avanzado estado de deterioro.

Pabellón sur de la Casa del Niño, en avanzado estado de deterioro. / J. Pérez Curbelo

El patronato hizo en abril de 2023 una modificación de sus estatutos. La idea era permitir en el complejo usos de tipo sociosanitarios a personas vulnerables. La plataforma defiende esta posibilidad, «con la necesidad de plazas que hay se habilitan presupuestos para hacer nuevos edificios cuando tenemos este». En su proyecto, el pabellón norte tendría uso cultural y el sur sería un centro de día y residencia para mayores.

Suárez resalta que ha habido diferentes intereses sobre esta parcela, «la sanidad privada ha tenido ansias por meter la zarpa». Además, también cuestiona que la familia del Conde siga participando en las reuniones del patronato -el cual, insiste, debería disolverse-, dado que la cesión de suelo la hizo Alejandro del Castillo en los años 30 y no sus descendientes.

¿Qué hace especial a la Casa del Niño?

Con todo, esta joya del racionalismo se deteriora a pasos agigantados a la vista de todos. Un cartel de «Prohibido el paso, peligro por desprendimientos», da la bienvenida a quienes se acercan hasta las puertas del recinto por el paseo Blas Cabrera Felipe. Pero, ¿qué hace especial a la Casa del Niño? El arquitecto José Luis Gago destaca su tamaño:«Está en una parcela libre que estaba en las afueras de la ciudad, por lo que se pudo desarrollar con libertad de formas en horizontal y en vertical».

El conjunto está formado por dos pabellones, uno para niños y otro para niñas, con aulas y dormitorios cada uno, cuya fachada crea un efecto de marcada horizontalidad a lo largo de 200 metros lineales. Además, cuenta con un gran torreón, zona de enfermería y un salón noble con comedor y salón de actos.

Gago destaca este perfil de amplitud en contraposición con el Cabildo, también obra de Miguel Martín Fernández de la Torre. «El Cabildo es una obra entre medianeras, con una serie de condicionantes», explica, «la Casa del Niño desarrolla con plena libertad el estilo racionalista». Precisamente, el Consistorio destaca en su catálogo que este fue un encargo a inicios del franquismo que «de modo insólito» pudo proyectarse como racionalista a diferencia de las tendencias de la dictadura.

Ortodoxia racionalista

«Es la obra más valiosa de Miguel», subraya Carmelo Suárez, «la obra es una especie de paradigma de lo que era la construcción racionalista». Una composición que entra «en la ortodoxia racionalista de la Bauhaus que nació en Alemania». Es más, no duda a la hora de plantear que se trata de «uno de los mejores ejemplos de racionalismo a nivel estatal». Es decir, se tratatía de un edificio emblemático que muere lentamente por la desidia y es completamente desconocido.

La Casa del Niño nació en 1939 como orfanato ligado al movimiento falangista. El objetivo era darle un techo a cientos de niños huérfanos o en situación de desamparo. Abrió sus puertas en 1944 y mantuvo esta función hasta 1991, cuando los últimos 80 niños que todavía residían allí fueron trasladados a otras ubicaciones para darles hogares más acordes a sus necesidades. Ya entonces los vecinos comenzaron a solicitar un uso social para el inmueble... una petición que ha seguido viva hasta la actualidad.

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