Muere Günter Kollberg, arquitecto y figura clave del Colegio Alemán de Las Palmas

Günter Kollberg / La Provincia
Karin Hess
El martes fue incinerado en un tanatorio de la capital grancanaria el arquitecto y figura clave del Colegio Alemán de Las Palmas, Günter Kollberg, nacido el 23.04.1932 en Hamburgo, tras fallecer el domingo a los 94 años de edad en el Hospital Insular.
Su infancia y adolescencia no fueron fáciles. Con otros niños de las ciudades alemanas, durante la II Guerra Mundial había sido enviado por el programa gubernamental a la finca de una zona rural en el sur de Alemania, donde eran obligados a cuidar de los gansos. Allí permaneció dos años, hasta que su padre consiguió hacerlo regresar a Hamburgo para ingresar en un colegio urbano.
Después del bachillerato, Günter se empeñó en trasladarse a Munich, pese a ser menor de edad, y sin el consentimiento de sus padres. En la capital bávara se las ingenió para simultanear diversos empleos laborales, financiar su estancia y continuar sus estudios, acabando Arquitectura en la universidad técnica de Munich.
En 1990 se registró en el Colegio Oficial de Arquitectos de Gran Canaria. Su fecunda labor profesional alumbró distintos complejos turísticos de renombre en el sur grancanario. Monte Marina y Aguamarina –cerca de Anfi de Mar- y el antaño Hotel Steigenberger, hoy Radisson Blu, de Patalavaca, entre otros.
Su quehacer arquitectónico tuvo incluso una proyección internacional en la India. Coincidiendo con su residencia en Gran Canaria, durante cinco diseñó y supervisó proyectos de construcción en la ciudad de Hyderabad.
Su vasta tarea en el campo de la Arquitectura la simultaneó con variadas actividades de voluntariado, ligadas todas al Colegio Alemán de Las Palmas, hoy con ochocientos alumnos. La entidad educativa se apresuró ayer a lamentar públicamente el fallecimiento, y recordar el importante legado que le deja Günter Kollberg en pro del desarrollo y progreso del centro docente.
En su web el colegio germano expresa literalmente su “gran tristeza” por la muerte del “estimado amigo y compañero de toda la vida”. Resalta su dedicación a la escuela “con una pasión excepcional, un compromiso incansable y un profundo sentido de pertenencia”. Concluye afirmando que su fallecimiento significa no solo la pérdida de una “figura clave, sino también una persona bondadosa que fue un ejemplo a seguir y un compañero leal para muchos de nosotros. Su recuerdo perdurará en nuestra comunidad escolar”.
Tuvo el honor de ser el primer presidente de la asociación escolar, concretamente desde 1998 hasta 2019, responsabilidad que le obligaba a viajar frecuentemente a su país de origen para seleccionar profesores que ejercieran posteriormente la docencia en el Colegio Alemán de Las Palmas. Sus méritos en este servicio y esfuerzo permanente determinaron que recibiera del Gobierno alemán en el año 2007 la Cruz Federal de Mérito en Cinta.
La inquietud cultural de Günter Kollberg se extendía igualmente a la pintura, la escultura y la música. No en vano conservaba una atractiva colección de artistas pictóricos. En cuanto a la música era un abonado a todos los espectáculos de jazz y blues, de los que disfrutaba a tope en el Auditorio Alfredo Kraus. Paul Klee y David Hockney eran sus pintores preferidos. Independientemente de su devoción musical por Mahler y Bach, en jazz levitaba con Dave Bruneck, Paul Desmond y Stan Getz. Algunos temas de éstos ambientaron el duelo por el fallecido en un tanatorio de la capital, el pasado martes, hasta poco antes de su incineración a las 20:30 horas. El deporte tampoco le fue ajeno. Pudo practicar el golf hasta cumplir los 91 años.
Había arribado a Gran Canaria en el año 1970. Nueve años más tarde contrajo matrimonio con Annette Cordia en Delft (Países Bajos), tras haber tenido un hijo, Til Kollberg, de una unión matrimonial anterior, que le proporcionó su primera nieta, a punto hoy de dar a luz al que debería ser el primer bisnieto de Günter. Por otra parte, su hija Esther Kollberg-Görck está casada con Harro Görck, con el que ha tenido dos mellizos.
En la hora de su adiós, su esposa Annette y sus amigos más próximos coincidían en evocar el buen humor, la energía y positividad que derrochaba siempre Günter Kollberg con su entorno. Ya le echan de menos. Descanse en paz.
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