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Participación ciudadana

Tamaraceite reivindica el talento que nace en los barrios a través de cuatro mujeres

La asociación La Periferia organiza un diálogo para visibilizar la excelencia de las carreras profesionales de las vecinas

A la izquierda, de blanco, Patricia Glez, luego Ángeles San Ginés, Inma Herrera y Virginia Arencibia.

A la izquierda, de blanco, Patricia Glez, luego Ángeles San Ginés, Inma Herrera y Virginia Arencibia. / LP/DLP

Las Palmas de Gran Canaria

El estigma que recae sobre los barrios de la periferia sigue latente, aunque cada vez sea menor en el caso de Tamaraceite. Sin ir más lejos, el éxito de una persona genera una reacción de sorpresa cuando proviene del extrarradio de la ciudad, como si desde el barrio no hubiera cabida para la excelencia. Con el objetivo de romper estos moldes, la asociación La Periferia reunió a cuatro mujeres con una carrera brillante con el objetivo de conocer cómo han influido sus orígenes en su desarrollo.

A través del diálogo ‘Romper lo que dicen del barrio’ se sentaron a compartir sus experiencias Virginia Arencibia, artista de artes escénicas con trayectoria internacional; Inma Herrera, investigadora de la ULPGC con experiencia en la Antártida; Ángeles San Ginés, maestra jubilada de educación infantil del CEIP Valencia; y Patricia González, trabajadora social especializada en género y deporte y jugadora del club de fútbol femenino CD Rayco.

Cada una de ellas ha tenido que sortear obstáculos y dificultades, pero ahora se han convertido en referentes. «El barrio me caló desde que llegué y supe que aquí me jubilaría y viviría», afirmó la profesora, Ángeles San Ginés, que ha educado a gran parte de las últimas generaciones. Escogió ser maestra por vocación, pero recuerda que en su época las opciones eran limitadas porque no se había constituido la universidad.

El mundo rural

La artista Virginia Arencibia ya pudo estudiar Veterinaria sin tener que desplazarse de su Isla, pero era una carrera que, de primeras, no le apasionaba. En cambio, lo suyo era el baile, sin embargo, para formarse en esta disciplina sí que tuvo que marcharse a Madrid. Una trayectoria que también le llevó a pasar por Argentina, México o Estados Unidos. Aunque a lo largo de todas sus mudanzas tenía claro que su destino era vivir en La Milagrosa, en contacto con la naturaleza. «Yo quería que mi campamento creativo fuera el mundo rural», aseguró Arencibia.

Gracias a su profesión, Inma Herrera llegó hasta la Antártida, para investigar el océano. Su doctorado le llevó a vivir en muchos sitios, el último, durante la pandemia, cuando llevaba a cabo un proyecto de investigación en Madeira, se dio cuenta de que necesitaba volver a casa.

La desigualdad en el fútbol

En el ámbito deportivo, Patricia Glez, tuvo que romper muchas barreras. «Yo vi la desigualdad en el deporte», lamentó. «Nosotras usábamos el equipamiento que desechaban los regionales», puso como ejemplo. Aunque cada vez observa que está más normalizado que las mujeres también juegan al fútbol y pueden vivir de ello, lamenta que todavía hay pocos equipos femeninos.

Los caminos de las cuatro mujeres que se reunieron en la Casa de la Cultura de Tamaraceite son completamente diferentes, pero a la vez se asemejan en un aspecto: están cosidos a la realidad de un barrio que late en la periferia. Y donde su trayectoria se ha convertido en un ejemplo a seguir.

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