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La 'Capilla Sixtina' de Canarias: el montaje de Néstor en el Teatro Pérez Galdós cumple un siglo

El artista Néstor Martín Fernández de la Torre decoró el Teatro Pérez Galdós con pinturas que causaron polémica y fueron calificadas por la prensa como la «sixtina canaria»

Las Palmas de Gran Canaria

El incendio que asoló el Teatro Pérez Galdós en 1918 dejó destruido el coliseo de Las Palmas de Gran Canaria prácticamente hasta los cimientos. Para su reconstrucción, el Ayuntamiento capitalino apostó por el arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre y este a su vez dejó a su hermano Néstor la decoración del recinto. El artista ideó una obra que causó sensación en la época y que la prensa llegó a calificar que sería la «sixtina canaria», en referencia a la obra cumbre del Renacimiento.

Néstor Martín Fernández de la Torre confirmó al Ayuntamiento capitalino en mayo de 1926 que a partir de dicho mes quedarían colocadas en el teatro Pérez Galdós las pinturas que le fueron encargadas por el propio Consistorio. Comenzó así el montaje de una obra pictórica que hoy, un siglo después, sigue cubriendo las paredes del hall, del salón Saint-Saëns y de la boca escénica.

Referencias al renacimiento

«Néstor hace unas referencias clarísimas a Miguel Ángel, al mundo del Renacimiento», resalta Daniel Montesdeoca, director del Museo Néstor. Y aunque resta importancia a esas comparaciones que pudieran hacer en la época con la Capilla Sixtina, sí que reconoce el papel decorativo de la obra del grancanario y esa inspiración que tuvo en los grandes artistas italianos de los siglos XVy XVI. El artista tiró de mitología y de una paleta de colores llamativa, conformando bodegones cargados de exotismo y erotismo.

En un principio, la restauración del Teatro Pérez Galdós tras el incendio de 1918 iba correr a cargo de Fernando Navarro, arquitecto municipal. En 1923 el Ayuntamiento capitalino decide hacer un cambio en la dirección y hace el encargo a Miguel Martín Fernández de la Torre. El grancanario hace modificaciones con respecto al proyecto original de Francisco Jarreño -quien diseñó el inmueble en 1890-, y de Navarro.

Frescos de Néstor de la Torre en el Teatro Pérez Galdós

Salón Saint Saëns, en el Teatro. / Andrés Cruz / LPR

Uno de esos cambios que introdujo Miguel fue el diseño de la escalera de honor. La idea era adecuar el edificio a las tendencias del momento y conseguir un teatro «a la italiana». La escalinata conecta el hall con el salón Saint-Saëns, dos de las estancias que enriqueció Néstor tanto con pinturas, hechos al óleo sobre lienzos, vidrieras y otros acabados en madera.

Encargo de la decoración del Teatro Pérez Galdós

Néstor recibió el encargo de la decoración en 1925, aunque la obra no vería la luz hasta su reinauguración el 28 de mayo de 1928. Tal y como recoge la prensa de la época, el artista polifacético comenzó su trabajo aquel mismo verano de 1925 a confeccionar las pinturas -en la isla y no en Madrid como especulaban algunos que lo haría-, aunque sería un año después cuando arrancó el montaje.

Las pinturas causaron un auténtico revuelo por sus formas andróginas y sus desnudos. «Escandalizaron a la gente», resalta la restauradora María Isabel Herráez Martín, quien participó en la última rehabilitación del Galdós. Montesdeoca recuerda que a principios de la dictadura y «por prescripción facultativa teológica» los lienzos se taparon. Y es que no encajaban con la moral conservadora del obispo Pildain.

LA PROVINCIA describió el salón Saint Saëns como un espacio de «recamados suntuosos» donde «estalla juvenil y vibrante la paleta de Néstor, en su desbordamiento de vida luminosa, como un triunfo de la naturaleza». Para Herráez Martín este conjunto pictórico es «uno de los mejores trabajos del autor».

Néstor representó en esta sala central unos niños o jóvenes de aspecto andrógino portando una guirnalda vegetal, todo ello con «una gran fantasía y una explosión de color», según la descripción de la restauradora. Todo ello con un «estilo propio e inconfundible» en el que integró las pinturas, las tallas, vidrieras y otros elementos de diseño.

Adaptación a la arquitectura de Miguel

Y es que las piezas se adaptan al espacio arquitectónico diseñado por su hermano. En la parte superior, «reproduce una cornisa de yeso, desborda los lienzos y se pierde en los frisos reales, en un claro efecto de trampantojo». Todo ello aderezado con ramilletes de frutas como los plátanos, uvas o membrillos y los papagayos multicolores, los cuales «proporcionan al conjunto un aspecto claramente tropical».

Miguel consideró el salón Saint Saëns la pieza arquitectónica más importante del Teatro, por su majestuosidad. De ahí el mimo que le dio su hermano para decorarlo. Mención especial tienen las vidrieras de la Casa Maumejean, las cuales complementan la obra pictórica de Néstor. Esta compañía francesa fundada en 1860 tiene destacados trabajos en España, Francia y América.

Admiradores del arte de Néstor

«Lo que interesa de todo este programa decorativo es que toma la mitología y la refunda en clave canaria», indica Daniel Montesdeoca. Destaca en especial las figuras que coronan el telón de boca, donde un Apollo Musageta, figura simbólica en el ballet clásico, hace las veces de «protector de las musas». Como viene siendo habitual en la pintura de Néstor, ambas se muestran con cuerpos masculinizados, ambiguos, y, en este caso, «con rasgos africanoides».

Frescos de Néstor de la Torre en el Teatro Pérez Galdós

Apolo en la boca escénica del Teatro Pérez Galdós. / Andrés Cruz / LPR

José Bethencourt escribió en las páginas de este periódico hace un siglo que los que eran «admiradoradores del arte de Néstor» tenían en aquellos meses: «Una gran ilusión por ver colocados sus cuadros en nuestro teatro; porque representarán o constituirán las sixtinas canarias». Elevaba así el arte del pintor a la cúspide.

Con respecto al hall y el salón Saint Saëns, el director del Museo Néstor destaca la composición como de una obra cargada de simbolismo, «que no de modernismo», más bien cercano al art decó de finales de los años 20. «Néstor y Miguel eran dos personas cultísimas, contemporáneas de su momento, y que sabían perfectamente lo que se estaba haciendo a nivel internacional», reflexiona.

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