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"Hemos vivido una nueva etapa Covid": Las escuelas de surf de La Cícer piden una intervención en el litoral para reimpulsar sus negocios

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Dunas de callaos en la zona de La Cícer, en la playa de Las Canteras (Las Palmas de Gran Canaria)

José Pérez Curbelo

Las Palmas de Gran Canaria

Una gran duna de callaos en la zona de La Cícer es visible desde el paseo de Las Canteras, fruto de la acumulación de piedras que la cadena de borrascas ha dejado en el litoral durante el invierno. Una situación climática excepcional que ha tenido también sus propios efectos en los usuarios de esta zona del arenal capitalino.

Los primeros en alzar la voz de alarma han sido los dueños de las escuelas de surf, quienes han pedido al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria que intervenga «de manera puntual» para «aplanar» la duna de piedras formada en medio de la playa y que impide la práctica deportiva para los niveles más bajos, los de iniciación, que suponen el 90% de la facturación de estas empresas.

«El impacto de las borrascas ha sido una catástrofe natural, hemos vivido una nueva etapa Covid», advierte Sergio Álvarez, dueño de la escuela Oceanside Surf. «La alerta a las instituciones no es solo para que estudien lo que está pasando en el fondo del mar, sino para que traigan de la mano una serie de ayudas públicas».

La alerta a las instituciones no es solo para que estudien lo que está pasando en el fondo del mar, sino para que traigan de la mano una serie de ayudas públicas

Sergio Álvarez

— Propietario de Oceanside Surf

Menor afluencia de alumnos, reducción de plantilla y aumento de gastos es lo que expresan tanto él como Eduardo Acosta, propietario de Mojo Surf, otro de los centros que imparten clases en La Cícer. «Mi facturación ha bajado un 75% y he tenido que prescindir de siete trabajadores», añade Acosta. «Lo que ha ocasionado el tren de borrascas que hemos vivido es menor afluencia de gente. Nuestra cancha deportiva, nuestro lugar de trabajo está impracticable», subraya Álvarez.

De La Cícer a La Laja

Esa situación les ha llevado a cambiar la operativa. La mayoría de las clases las imparten en la playa de La Laja desde el mes de noviembre. «Nos ha obligado a llevar a los clientes a otras playas, añadiendo 40 minutos de más a las clases por motivos de desplazamientos, sin subirles el precio, pero gastando más de manera imprevista en gasolina o en vehículos de transporte», explica Sergio Álvarez.

A pesar de que esta zona de la playa de Las Canteras se ha caracterizado por ser, principalmente de piedras, los dos aseguran no haber vivido nunca una situación igual. «Hemos tenido el tren de borrascas más grande que recuerde en mis 56 años» destaca Eduardo. «Ha habido temporales, pero a la tercera aflojaba y la arena llegaba a tiempo para recuperarse». Ahora han sido cuatro meses continuados de condiciones adversas.

«Lo que pedimos al Ayuntamiento es que aplane la altura de la duna de callaos formada para que la arena empiece a llegar de forma natural, a los surfistas nos gusta que las cosas se den de forma natural, pero ahora mismo hay que ayudarla».

Eduardo Acosta, dueño de Mojo Surf.

Eduardo Acosta, dueño de Mojo Surf. / La Provincia

Eduardo Acosta añade que la petición que el propio Consistorio ha extendido hace pocos días a Costas del Estado y del Gobierno de Canarias se debe a que son estos quienes tienen la potestad para autorizar el uso de maquinaria. Hacen hincapié en que la práctica de surf para niveles intermedio y avanzado no se ha visto afectada, de hecho, "las condiciones están mejor que antes».

El problema, apuntan, está para quienes quieren iniciarse, los principiantes. «Nadie puede ponerse en la orilla a coger espuma, no hay recorrido, hay roca, hay profundidad y la ola rompe en seco», señala. Y además el material no se puede alquilar «porque pueden resultar dañados tanto la persona como el equipo», añade Sergio.

Nadie puede ponerse en la orilla a coger espuma, no hay recorrido, hay roca, hay profundidad y la ola rompe en seco

Eduardo Acosta

— Propietario de Mojo Surf

Pero algunos bañistas no opinan igual. Es el caso de Juan Manuel, que acaba de salir del agua. «Que no toquen la playa», dice tajante. «No somos los surfistas los que pedimos que intervengan en las piedras, son las escuelas de surf», matiza. Habitual de esta práctica deportiva, lo que sí pide es que mejoren las duchas y la limpieza, no el entorno en sí.

A escasos metros la familia formada por Irene y Armando aseguran que La Cícer «se ha caracterizado siempre por la presencia de piedras»; en cambio les preocupa más que no se intervenga en el mantenimiento y limpieza del barranco que desemboca en la zona.

La semana pasada, la Concejalía de Ciudad de Mar encendía las alarmas y solicitaba ayuda a Costas del Estado y del Gobierno de Canarias para intervenir en el litoral y ha encargado a la ULPGC una batimetría del fondo marino para determinar su estado tras los temporales.

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