El crucero con hantavirus reabre una vieja memoria en Canarias: el vapor que llegó con 200 enfermos
Última hora del crucero con hantavirus y su posible escala en Canarias, en directo

El vapor 'Infanta Isabel', de la compañía Pinillos, en una imagen promocional
Había zarpado de A Coruña el 28 de septiembre de 1918 y debía realizar una escala en Las Palmas de Gran Canaria antes de continuar su habitual viaje hacia La Habana. El trasatlántico Infanta Isabel, propiedad de la naviera Pinillos, era por aquel tiempo uno de los buques más avanzados de la marina mercante española y solía cruzar el océano Atlántico con frecuencia en una ruta que partía de Barcelona y concluía en la capital cubana tras varias escalas en el litoral español. Aquella vez, sin embargo, la escala en el Puerto de La Luz fue sinónimo de tragedia: la gripe se adueñó del barco -sobre todo de los pasajeros que viajaban en la acomodación más humilde, la de tercera clase- y para cuando llegó a Gran Canaria ya había casi 200 enfermos y varios fallecidos.
Una ruta muy demandada
La ruta del Infanta Isabel, bautizado en homenaje a la primogénita de la reina Isabel II y Francisco de Asís, era muy demandada en la Isla. El Diario de Las Palmas anunciaba su llegada unos días antes. “Admite pasajeros y carga” con destino en La Habana, detallaba el vespertino, que remitía al consignatario del buque, Juan Bordes Claverie, “para toda clase de informes”. De hecho los anuncios del vapor continuaron saliendo casi hasta el mismo día en el que el vespertino publicaba las primeras informaciones sobre la epidemia de gripe a bordo.
Las primeras noticias de la epidemia
Esas noticias aparecieron el 2 de octubre en el Diario de Las Palmas. Una nota titulada “Estemos alerta por la salud pública” describía la llegada del Infanta Isabel pocas horas antes “con 75 atacados, 18 graves y nos aseguran que con 4 muertos”.
Ese mismo día ya se daba por hecho que el barco no recibiría permiso para atracar en el recinto portuario capitalino ante el riesgo que suponía para la población de la ciudad: “Irá a Gando, por acuerdo de la Junta de Sanidad, con objeto de alojar en aquel lazareto a los enfermos más graves” que viajaban en él. “El peligro es grande y cada día nos acecha y nos estrecha”, advertía el vespertino.
Un foco de contagio en plena travesía
Un día después, el mismo periódico abordaba con más detalle la situación y reconstruía el periplo del vapor desde su salida del puerto gallego. “Se convirtió en un foco de la grave epidemia reinante en la península, y en su travesía de Galicia a Las Palmas se contaron más de cien invadidos”, precisaba.
Algunos de ellos fallecieron y sus cadáveres fueron “sepultados en el mar”. La enfermedad afectó a cientos “emigrantes pobres que viajan en las pésimas condiciones de la tercera clase” hacia La Habana con la esperanza de encontrar un futuro mejor.
El rechazo al desembarco en La Luz
El capitán del Infanta Isabel había pedido a las autoridades grancanarias desembarcar en La Luz los restos de los pasajeros fallecidos que aún permanecían a bordo, pero la solicitud fue rechazada de manera tajante.
En el muelle Santa Catalina “agolpabase gran multitud de personas comentando con la natural alarma el peligro que ofreció la presencia de un barco infestado” y la prensa reclamaba la suspensión de las conexiones con la península “hasta que la situación no se normalice”.

La infanta que propagó la gripe
La solución de Gando
La propuesta para desembarcar a los enfermos en el lazareto de Gando partió del alcalde Valle, de acuerdo con el Diario de Las Palmas. El primer edil capitalino, que poco antes ya había tenido que vérselas con otro asunto de salud pública como consecuencia del embarrancamiento del Zuleika con cientos de kilos de carne en su bodega, propuso la solución a la Junta de Sanidad, que enseguida “procedió a transportar lo necesario para establecer hospitales en sus pabellones”.
Los enfermos desembarcaron un día después en Gando “con grandes precauciones” mientras en el cementerio del lazareto recibían sepultura tres fallecidos: “una niña de dos años y dos adultos que fueron colocados en ataúdes de madera y cubiertos de cloruro de cal”.
Los afectados ocupaban una de las alas del lazareto y el resto del pasaje era transportado todos los días durante cinco horas a otra zona del edificio “para desinfectar las cámaras” a bordo, ya que las autoridades habían fijado un plazo de cinco días para su limpieza total.
La tristeza en la ciudad
El suceso afectó profundamente al ánimo de la ciudad. El Diario de Las Palmas recordaba el 5 de octubre de aquel año que el barco era “esperado con ansiedad” en la ciudad, como en otras ocasiones, ya que unos 300 canarios se preparaban para embarcarse en él y emigrar a Cuba.
“Otras veces el Infanta Isabel traía a Las Palmas trabajo, vida, alegría, pero ahora el cuadro es distinto”, lamentaba el vespertino. Si antes “los viajeros invadían las calles, llenaban los cafés y restaurantes de Las Palmas, ocupaban carruajes”, ahora, tras la guerra que había diezmado el negocio portuario, el Infanta Isabel “nos ha traído la tristeza, la inquietud, la muerte”.
Regreso a la península
El Infanta Isabel dejó Gando el siete de noviembre para emprender el viaje de regreso a la península en vez de cruzar el océano. Hacia Vigo embarcaron “850 pasajeros sanos y 142 tripulantes”. En el lazareto teldense quedaron “370 pasajeros entre enfermos y familias”.
Durante las semanas que transcurrieron desde que zarpó de A Coruña hasta que dejó Gran Canaria para regresar a Galicia, fallecieron 34 personas, “seis durante la travesía y 28 en Gando”, detallaba el Diario de Las Palmas.
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