Memoria democrática
Un centenar de fusilados en la Guerra Civil esperan la exhumación: un nuevo estudio pone el foco en el Cementerio de Vegueta
La investigación aporta evidencias que no se contemplaron en la excavación de 2018 e insta al Gobierno autonómico a realizar una exhumación para identificar los restos

Nayra Bajo de Vera

La historia de Manuel López Díaz lleva 90 años en un limbo. Sus hijos crecieron sin padre y su esposa se vio obligada a cargar con toda la familia a sus espaldas cuando fue fusilado en la Guerra Civil. Pero su nieta Gloria López y su bisnieta Soledad Pérez López no se han dado por vencidas en la búsqueda de sus restos. Un nuevo estudio, realizado por el investigador Víctor Martínez, les ha abierto una pequeña vereda de esperanza frente al "silencio institucional": sostiene que un centenar de represaliados, identificados con nombres y apellidos, podrían estar enterrados en la fosa común del Cementerio de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria.
Víctor presentó el informe este jueves en un acto organizado junto a la Agrupación de Familiares de la Fosa Común del Cementerio de Vegueta, de la que Soledad es vicepresidenta. La investigación aporta nuevas evidencias, que no fueron contempladas en una excavación parcial que se realizó en el año 2018, e insta al Gobierno autonómico a realizar una exhumación de acuerdo con la Ley de Memoria Democrática.
Entre las personas que menciona el documento se encuentra el que fue alcalde de San Lorenzo cuando estalló la guerra, Juan Santana Vega, además del jefe de la Policía Local, Manuel Hernández Toledo. Ambos se erigen como un símbolo de la resistencia republicana de esta región, que fue anexionada a la capital durante el Franquismo. Fueron fusilados junto a los sindicalistas Francisco González y Matías López Morales, y el secretario municipal Antonio Ramírez Graña.
Registros militares y bancos de ADN
Según explicó el investigador, en su día no se consultaron los registros militares de la época, donde solían anotarse los paraderos de los cuerpos. En su lugar, se utilizaron fuentes orales del personal del cementerio y sus descendientes.
Asimismo, destacó que ya existe un banco de ADN de los familiares de los fusilados, por lo que buena parte del trabajo para la identificación de los restos ya está hecho. "En el informe técnico no aportaron que se haya hecho aquí un vaciado de fosa", añade.
'Los cinco de La Isleta'
Buena parte de su investigación se ha centrado en el fusilamiento de obreros de La Isleta y la represión que se ejerció después sobre sus familias. Entre ellos se encuentran los conocidos como 'los cinco de La Isleta', de los que sospecha que cuatro podrían yacer en el Cementerio de Vegueta.
Los cinco –José Ramírez Alcantara, Luis Cabrera Hernández, Nicolás Cordero Batista, Manuel Ramos González y Antonio Betancor Luzardo– fueron de los primeros obreros y sindicalistas en ser fusilados, justo después de la irrupción del golpe de estado y la llegada de los falangistas.
El periplo de las familias
El propio Víctor es descendiente de Pedro Pérez Perdomo –El Topo de La Isleta– por lo que su investigación enhebra la memoria histórica con la recuperación de su pasado familiar. Asimismo, se trata de un "llamamiento" a los familiares de aquellos represaliados que quizá no sepan dónde están enterrados sus antepasados y que, con estos trabajos, podrían abandonar la incertidumbre. "El Gobierno de Canarias debe coordinarse con el Ayuntamiento y el Cabildo", remató.
Soledad reivindica que se realice una exhumación para identificar los restos, entregárselos a sus familiares y que se les dé "una sepultura digna". Y es que después de tantos años, con heridas aún sin cicatrizar, asegura que "el silencio hiere más que el olvido".
La historia no contada de Manuel
Los recuerdos de Gloria son de segunda mano. Creció con el telón de la ausencia. Como no tuvo la oportunidad de conocer a su abuelo, tan solo le quedan las memorias transmitidas verbalmente por su padre, sus tíos y su abuela. Su abuelo Manuel, antes de ser fusilado por los franquistas, trabajaba como enfermero en el Hospital San Martín.
La familia nunca pudo ver el cuerpo después de haber sido asesinado, por lo que solo quedó un enorme vacío que se llenó con tristeza y carencias. A partir de entonces, el relato de sus vidas es un claro ejemplo de la represión que continuaron sufriendo las familias de los fusilados a lo largo de mucho tiempo.
Sin pensión de viudedad ni certificado de defunción
"Mi abuela no tenía ni siquiera una pensión porque cuando reclamaba algo le pedían un certificado de defunción que, por supuesto, nadie le daba. Después de tantos años siempre estamos luchando, a ver si por lo menos, ya que no se puede reparar todo ese daño, que tenga una tumba digna y descanse con sus familiares", relata Gloria.
De aquellos que sí pudieron conocerlo, ya no queda nadie vivo. Ni su esposa ni sus hijos pudieron presenciar una exhumación que les diese alguna certeza sobre el paradero de sus restos. Pero el legado de Manuel continúa vivo entre sus descendientes, como es el caso de su bisnieta Soledad, que insiste: "Nuestra lucha es darle una digna sepultura. Los testimonios que están documentados en la Audiencia Nacional indican que mi bisabuelo y sus compañeros sanitarios están depositados aquí, en la fosa común".
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