Basura, restos de hogueras y destrozos: El vandalismo vuelve a este yacimiento arqueológico de Las Palmas de Gran Canaria
Candados forzados y basura invaden las Cuevas de los Canarios, un enclave histórico de Gran Canaria que permanece en el olvido cinco años después del último desalojo

La Provincia

Candados forzados, vallas tiradas, desperdicios de todo tipo y restos de hogueras. Las Cuevas de los Canarios, un yacimiento arqueológico reconocido Bien de Interés Cultural (BIC), han vuelto a ser vandalizadas y hay personas que están haciendo un uso privativo de las mismas tras el último gran desalojo efectuado por el Cabildo hace cinco años. Situadas en lo alto del Confital, en Las Palmas de Gran Canaria, estas cuevas-vivienda siguen sumidas en el olvido.
Nada más llegar al cantil de la montaña de la cruz de Las Coloradas, una valla impide el paso más allá del mirador. Más allá de este punto, las cuerdas protectoras a lo largo del camino han desaparecido en gran medida y tampoco está ya el cartel de prohibido el paso, advirtiendo del peligro de desprendimientos -motivo por el cual Patrimonio cerró el acceso al conjunto arqueológico-. Además, los paneles informativos situados en este punto de libre acceso también han desaparecido.
Cuevas con colchones improvisados
Más allá de este punto, la basura se encuentra esparcida por toda la ladera, con desperdicios de todo tipo. Una vez en el yacimiento, se hace palpable la presencia reciente y continuada de personas que han estado haciendo uso de este espacio. Hay cuevas con colchones improvisados a base de cartones e, incluso, en uno de los habitáculos han anclado a la toba volcánica una toalla a modo de cortina para dar intimidad al interior.
En otra de las cuevas, la cerradura de la verja colocada por el Cabildo ha sido claramente forzada. En el interior, hay bolsas, papel higiénico usado y restos de hogueras. A su alrededor, hay latas, botellas, paquetes de tabaco usados y otros desperdicios. En la oquedad vecina, la valla permanece en el suelo tras ser desanclada de la pared; el suelo de la misma tiene basura y hay prendas de ropa. El panorama de suciedad en la ladera circundante no es muy distinto.
Desde la Dirección Insular de Patrimonio Histórico han informado a este periódico que han dado aviso a la inspección del servicio para revisar el yacimiendo y conocer qué ha pasado y hacer un informe con el que valorar cómo actuar a continuación. Este conjunto prehispánico fue desalojado en abril de 2021 tras producirse cinco pequeños incendios en su interior, casi consecutivos.
Refugio y vivienda de personas
Las cuevas llevaban varios años sirviendo de refugio y vivienda para personas en situación de sinhogarismo, tiempo en el que se acumuló una gran cantidad de basura y enseres. Esto unido al riesgo de desprendimientos; de hecho, una mujer que pernoctaba allí falleció en 2018 tras caer por la ladera y otras sufrieron accidentes. Tras el desalojo se hizo una limpieza exhaustiva y pequeñas tareas de mantenimiento del lugar.
Arqueólogo y exinspector de Patrimonio del Cabildo, José de León achacó en 2021 la situación pésima del conjunto arqueológico al estado de dejadez en el que ha estado sumido durante mucho tiempo. Cinco años después de la última intervención de consideración, el yacimiento presenta un mal estado de mantenimiento.
Interés histórico de las cuevas
Las cuevas de los Canarios recibieron el reconocimiento de BICen 2009 dado el interés histórico que suscita el enclave. Se trata de un conjunto arqueológico conformado por ocho cavidades de habitación escalonadas y conectadas mediante escalones y pasillos y un pequeño silo o granero. Este yacimiento es único en La Isleta. El mismo no destaca por sus dimensiones -al haber otros mucho más grandes en la Isla- si no por su singularidad y su ubicación al pie de la bahía del Confital.
Los primeros habitantes que vivieron en este lugar en el periodo previo a la conquista castellana estaban prácticamente aislados. La Isleta por aquel entonces apenas estaba conectada con el resto de Gran Canaria por un tómbolo de arena -el istmo de Santa Catalina- que, dependiendo de las mareas, podía estar sumergido.
Una condición de aislamiento a la que se unía la aridez del paisaje volcánico de La Isleta. Precisamente, la inestabilidad de la toba que conforma la montaña de Las Coloradas es el mayor enemigo de este enclave siglos después de ser excavado, dado que la erosión ha motivado diversos desprendimientos en el solapón rocoso.
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