Funeral por Guanarteme: vecinos denuncian la "muerte" del barrio por la gentrificación
Colectivos vecinales alertan de la subida de los alquileres, la desaparición de casas terreras y la expulsión de vecinos de toda la vida

Gretel Morales Lavandero

El antiguo Guanarteme ha muerto. El barrio ha cambiado su identidad popular por la gentrificación que ha levantado edificios de varios pisos, ha subido los alquileres a precios desorbitados para los bolsillos canarios y ha hecho florecer comercios ‘instagrameables’. Este domingo se celebró un funeral simbólico para despedir un barrio que ya no existe y que, en gran medida, ha expulsado a sus vecinos de toda la vida. Con una banda de jazz, carteles, coronas de flores y ataúdes, un grupo de personas vestidas de luto pasaron por algunos de los enclaves que han marcado la degradación del tejido social del barrio.
La manifestación comenzó en el antiguo Cine Guanarteme, actualmente abandonado. «Ahora somos espectadores, pero no de la gran pantalla, sino del olvido», defendieron los manifestantes. Con música en vivo durante todo el trayecto, la concentración continuó por otros espacios como el Residencial Las Américas, una promoción de viviendas que los colectivos destacaron que se basa en una «arquitectura hostil», que rechaza las conexiones personales que proliferan con las casas terreras. «Son casi 500 viviendas, pero nunca 500 nuevos vínculos», aclamaron sobre el deterioro del tejido social. La protesta siguió por las calles del barrio hasta llegar a Las Canteras y finalizar en la plaza del Pilar, donde se leyó un manifiesto.
Xiomara Cruz, miembro del colectivo Guanarteme se Mueve denunció que no hay «infraestructura para la gente de aquí, sino que es un negocio para la gente de fuera» y señaló al Ayuntamiento como principal beneficiario. «Ahora mismo ya no es una gran inmobiliaria, sino es el Ayuntamiento quien especula», afirmó.
Manifiesto en rechazo a la gentrificación de Guanarteme durante el 'Funeral Jazz' / José Pérez Curbelo
Cruz explicó que la «expulsión de los vecinos» está siendo un proceso silencioso porque se hace de forma paulatina a través de las «grandes construcciones, la masificación, el cierre de pequeños comercios, el tráfico constante, el cierre de las calles y las expropiaciones de las casas terreras». «Estamos perdiendo la identidad de nuestro barrio, se lo están comiendo y especulando con él», resumió la activista.
Por su parte, el miembro de Derecho al Techo, Jonathan Mesa, advirtió que lo sucedido en Guanarteme ya se está trasladando a otros puntos de la ciudad, sobre todo en la franja de Las Canteras. «Aquí no hay ningún proyecto de vivienda pública, lo único que hay son torres de casas que son excesivamente caras», valoró.
Menos espacio para los vecinos
Xiomara Cruz recordó que desde los años 90 el barrio experimentó una gran transformación que ha priorizado el beneficio económico. «Hoy vemos como el PGOU [Plan General de Ordenación Urbana] amenaza con profundizar todavía más esta situación, con más presión sobre la vivienda y menos espacio para la vida vecinal», denunció.
El proceso de transformación responde a una evolución sostenida durante décadas. Guanarteme no solo ha experimentado un aumento significativo de población, sino también un crecimiento vertical que ha alterado su fisonomía tradicional. Los edificios de gran altura se imponen cada vez más frente a las casas terreras, muchas de las cuales han sido derribadas o están destinadas a desaparecer según el Plan General de Ordenación Urbana. Los vecinos se sienten atrapados en un barrio sin zonas verdes ni parques, cuyo único espacio natural es la playa de Las Canteras.
La activista puso fin a la jornada destacando que el encuentro se convirtió en una «afirmación colectiva, que defiende el derecho a vivir en el barrio». Así, a pesar del carácter fúnebre, la cita finalizó con un sentir esperanzador: «Hoy hemos caminado juntas porque un barrio no son solo sus edificios, es su gente, sus cuidados y vínculos y, mientras haya gente dispuesta a luchar por ello, Guanarteme seguirá vivo».
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