Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Trayectoria empresarial (1)

Mario Rodríguez, presidente Grupo Hospitales San Roque: "Hospitales San Roque tiene una NASA, hay mucha tecnología"

"Mi familia me traía de Venezuela lecturas mal vistas por la Dictadura. Yo era curioso y leía mucho"

Mario Rodríguez Rodríguez en la terraza de su oficina en el barrio de Vegueta.

Mario Rodríguez Rodríguez en la terraza de su oficina en el barrio de Vegueta. / José Carlos Guerra

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Antonio Cacereño

Antonio Cacereño

Mario Rodríguez Rodríguez (Vegueta, Las Palmas de Gran Canaria, 1946) es un radiólogo de prestigio y reputado empresario. Un hombre reconocido en el ámbito de la ciencia, la medicina y la empresa. Ha necesitado muchas horas de estudio y trabajo para contribuir a que la Sanidad, con mayúsculas, avance en Canarias. El esfuerzo inversor del Grupo Hospitales San Roque ha permitido a las Islas contar con tecnología de última generación para la atención sanitaria que requieren las sociedades avanzadas. Financiada además con recursos propios. "Contamos con una tecnología fabulosa. San Roque tiene una NASA. Hay muchísima tecnología. La hemos traído de todos los países del mundo, fundamentalmente de Estados Unidos. Y la hemos ido renovando, claro", sostiene. Todo ese trabajo le ha permitido convertirse a lo largo de su trayectoria vital y profesional en doctor en Medicina; jefe de Servicio de Radiología del Hospital Insular; profesor de Enfermería; presidente del consejo de administración del grupo hospitalario que lidera; presidente de la Confederación Canaria de Empresarios; vicepresidente del Consejo Económico y Social; vocal del Consejo Social de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria; Hijo Predilecto de Las Palmas de Gran Canaria y de la isla de Gran Canaria. "Creo que yo era muy curioso. Leía muchísimo. Algo de literatura, algo de historia, algo de filosofía. Había lecturas que durante la Dictadura estaban prohibidas. No se podían leer. Yo las obtenía porque las traían mis padres y mis tíos de Venezuela. Tuve una gran formación a través de la lectura. Sigo leyendo, pero ya menos", relata.

El doctor y empresario Mario Rodríguez durante la conversación.

El doctor y empresario Mario Rodríguez durante la conversación. / José Carlos Guerra

"Tengo mis años"

"Con el paso del tiempo he descubierto que observo cómo se me caen diariamente los palos del sombrajo. Tengo mis años y también he caminado. Unos pasos atrasados respecto a los de la sociedad; pero lo he hecho. Y me mantengo de pie y en la lucha para sobrevivir a todos los inconvenientes. Tal vez estoy con menos fuerza; pero con mayor convencimiento. Ya nada es como era y cuando uno se para de noche a pensar un momento, termina por considerarse un inmigrante perplejo en un mundo desconocido. Al despertar por la mañana, uno se levanta con la mentalidad del emigrante, dispuesto siempre a dar la batalla para sobrevivir en un mundo nuevo".

Ambiente campesino

"Piense que en mis primeros años de vida me criaron en un ambiente puramente campesino en San Mateo... mis abuelos y sus antepasados eran agricultores... con las reglas del momento.Católico convencido, respetuoso con los mayores, reverente con los padres, amante de la verdad y apolítico gracias al convencimiento de mis padres que sufrieron los efectos de una guerra civil y los malos tiempos que la siguieron".

Hambre y tuberculosis

"Al pertenecer a una familia de agricultores, la hambruna que siguió al término de la Segunda Guerra Mundial no afectó demasiado a mi familia.... por lo menos, en el aspecto alimentario. Pero sí fui testigo de situaciones fuertes y dolorosas, como saber que muchísimos vecinos del pueblo enfermaban de tuberculosis y que, comoquiera que la penicilina solo se encontraba en el cambuyón a precios inaccesibles para los más pobres, una mayoría acababa en el Sabinal, donde únicamente tenían la opción de que les firmaran el certificado de defunción. Una escena corriente era el traslado de la urna de Santa Rita a la casa de los enfermos y al monaguillo tocando la campanilla cuando le llevaban el Viático".

Todos teníamos gente emigrada que nos mandaba dinero, hasta en marcos y francos suizos"

Sin ninguna crispación

"En realidad, ocurría que todos estábamos tuberculosos y eso condicionaba a ver las cosas con cierta naturalidad y a aceptarlas sin ninguna crispación. Con resiliencia, en el vocabulario oficial de hoy. Cuando años más tardes me vacunaron, me dio una reacción exagerada y el médico me tranquilizó diciendo que todos los españoles de mi edad, sin apenas excepción, habíamos contraído la enfermedad; pero que estábamos muy sanos".

El Bachillerato

"Los malos tiempos acabaron cuando tenía unos siete años y ya me preparaban para que hiciera el ingreso en el Bachillerato, al que se accedía a los diez. De ese tiempo, recuerdo que quitaron la cartilla de racionamiento porque se acabó el comprar azúcar con cupones Ca’ Pepito Monzón, que era una de las tiendas autorizadas por abastos".

Cabras por la calle

"Había más cosas difíciles de imaginar hoy. Muy pocos coches, calles enteras sin ver uno solo; los camiones consumían gasógeno, que producían ellos mismos; el transporte urbano de mercancías se hacía con carros tirados por mulas; pequeños ganados de cabra circulaban por las calles y los cabreros vendían la leche recién ordeñada; el transporte interurbano se hacía con lentos coches de hora -se llamaban así y eran de color amarillo, los coches de Melián- y con los llamados piratas. Las guaguas cada una tenía su color y un propietario. Eran verdaderas jardineras, a las que se accedía y se bajaba por la parte trasera".

Mario Rodríguez con la catedral de Las Palmas de Gran Canarias al fondo.

Mario Rodríguez con la catedral de Las Palmas de Gran Canarias al fondo. / José Carlos Guerra

Chiquillos con honor

"Me atrevería a decir que la resignación no intervenía para nada sobre la gente. La vida de los chiquillos transcurría al margen de los pensamientos y preocupaciones de los mayores; pero regida por serios códigos de comportamiento. Le digo esto porque en la actualidad me sorprenden noticias como que diez alumnos se reúnen para dar una paliza a otro. En los años cincuenta, eso no ocurría nunca. Los chiquillos éramos muy guerreros; pero se consideraba un auténtico deshonor que dos atacaran a uno. Varios era impensable".

Emigración activa

"Para la gente de a pie, las cuestiones políticas eran en aquellos tiempos asuntos secundarios. La preocupación de las familias era intentar vivir mejor y, por ello, tuvimos una emigración muy activa, sobre todo a Venezuela. Mi padre emigró en aquel tiempo, pensando en nuestros estudios. Los míos y los de mis hermanos".

Calle Canalejas

"Aún los tengo, por fortuna. Mi hermano Antonio, que usted conocerá porque creó la Universidad Fernando Pessoa Canarias y mi hermana María Elvira, profesora, ya jubilada. Yo hice el Bachillerato en el Instituto Pérez Galdós, en la calle Canalejas, siendo en aquellos años director del centro don Manuel Socorro. Don Joaquín Artiles era el profesor de Literatura que nos hizo amar la lectura. Todos los años, por la fiesta de Santo Tomás de Aquino, el Cabildo organizaba un concurso de redacción y daba libros como premio; normalmente de la editorial Espasa".

Cuando hice la mili descubrí que me tenían inscrito como María en vez de Mario. Fue un lío".

Callejón de los Majoreros

"Para que estudiáramos en la universidad, mi padre tuvo que volver a Venezuela, donde murió con 52 años. Yo terminé la carrera ese mismo año. La realidad fue que habíamos desertado del campo y ya formábamos una familia que nos creíamos de clase media capitalina. Mis padres eran de San Mateo y de Santa Brígida. Yo nací en Las Palmas en Vegueta y la mayor parte de mis recuerdos están ligados a la calle Hernán Pérez de Grado, que los más antiguos llamaban el Callejón de los Majoreros. Como era lógico, fui bautizado en la iglesia de Santo Domingo".

Beca del Cabildo

"Estudié Medicina en la Universidad de Granada. Ayudado por una beca del Cabildo estuve todos los cursos en el Real Colegio Mayor San Bartolomé y Santiago, una famosa institución que funcionaba ininterrumpidamente desde el siglo XVII. Supongo que nada parecido a los estudios actuales. El ambiente, nada parecido. Solo había dos sexos, masculino y femenino; a las féminas costaba aproximarse y para aprobar una asignatura se necesitaban tiempo y codos".

Nada de confianzas

"Un simple aprobado costaba la beca. Los catedráticos eran médicos famosos, que escribían los libros de sus asignaturas y exigían. Nada de confianzas y quien no estaba a su altura... pues ya se puede imaginar. Acabé la carrera en el curso 69/70 y la especialidad en Radiología en el año 73, en la Universidad de Sevilla, en la Cátedra del profesor Zaragoza Rubira y el famoso profesor Francisco Campoy Vidal".

Mario Rodíguez en su oficina de Venegas.

Mario Rodíguez en su oficina de Venegas. / José Carlos Guerra

Revolucionarios

"En la Universidad la mayoría éramos revolucionarios o simpatizantes, entendiendo por ello que éramos una juventud rebelde. Funcionábamos ya con ideas nuevas. Con ganas de jarana; pero dentro de un orden. No temíamos nada. En las tertulias del Colegio Mayor se discutía lo que elegiría un obrero inteligente entre la Mater et Magistra y el Manifiesto del Partido Comunista; los curas que venían de Roma pretendían convencernos de las bondades de la Democracia Cristiana. Pero para la inmensa mayoría de nosotros lo importante era acabar la carrera y comenzar a trabajar en una sociedad que ya manejaba el dinero con soltura".

Marcos y francos suizos

"No había quien no conociera una familia que no tuviera un emigrado a Europa, que mandaba buenos marcos o francos suizos. Los talleres y las tiendas de moda crecían como hongos, así que, durante la carrera, el ambiente general era bastante plácido. Hice la mili en la IPS; acabé de alférez y fui destinado, primero, al Hospital Gómez Ulla, de Madrid y, después, a un Regimiento de Carros, en Torrelodones... Lo pasé bien en Madrid, donde tenía muchos amigos".

Amigos

"A propósito de la mili y de lo fácil que se cambia actualmente de sexo, le puedo contar una anécdota que entonces no tenía ni pizca de gracia. Cuando fui al Ayuntamiento para averiguar por qué no me habían llamado a filas, me enteré que no figuraba como Mario, sino como María. Un lío que se arregló con algún barullo y pude estar en el campamento de Los Rodeos, donde coincidí con amigos que también han sido nombrados hijos predilectos de Gran Canaria, como Pedro Betancor, Arturo Gómez, Germán Suárez, Juan Miguel Sanjuán... Son buenos amigos y los admiro mucho".

En los años 90 se dispararon en todo el mundo las tecnologías de Diagnósticos. No quise perder la oportunidad y me fui a Estados Unidos"

Hospital Insular

"Después del servicio militar vino el matrimonio y el trabajo. Gané la plaza de Jefe de Servicio de Radiología en la Seguridad Social, que antes tenía otro nombre, y trabajé en el Hospital Insular hasta el año 94 o 95, no recuerdo muy bien. También llevé el departamento de Radiología de la Clínica San Roque. El inicio de los años 90 fue el momento en que se dispararon en todo el mundo las tecnologías de Diagnósticos. No quise perderme la oportunidad y me fui a los Estados Unidos, a Los Ángeles, para seguir en la Universidad de California un curso de formación en el manejo de tecnologías avanzadas. Luego me fui a Houston, donde pude trabajar en el Hermann Hospital. Al volver a Las Palmas, seguí trabajando en el Hospital Insular y participé como socio y profesional en la sociedad Diagnósticos Médicos Especiales, que instaló la primera Resonancia Magnética que funcionó en Las Palmas".

Mañana, lunes, segunda y última entrega: «Estudié Medicina, hice  el juramento hipocrático, soy más médico que empresario»

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents