Autodefensa feminista en Gran Canaria: más allá de la fuerza física, la seguridad interior
La iniciativa 'Acuerpar(nos)' enseña a jóvenes entre 12 y 30 años técnicas de defensa personal y a ocupar su espacio vital frente a la violencia machista

Las participantes del taller Acuerpar(nos) ayer en Las Palmas de Gran Canaria / ANDRES CRUZ

Las olas rompen contra el paseo marítimo de Las Canteras. El sonido del mar invade la plaza de la Música, en Las Palmas de Gran Canaria. Sin embargo, su rumor queda eclipsado por los gritos que salen de un local cercano. "¡Lárgate!", "¡Basta ya!". En su interior, este sábado cinco mujeres se miran desafiantes, con el rostro tenso y apretando las manos. Gesticulan y mantienen la distancia como si estuvieran peleando. En realidad, están aprendiendo a defenderse de su posible agresor.
Son las participantes del taller Acuerpar(nos), una iniciativa del proyecto (De)construyendo Educación, que busca enseñar a mujeres de 12 a 30 años técnicas de autodefensa para combatir la violencia machista. Financiado por la Dirección General de Juventud del Gobierno de Canarias, este seminario prepara a las asistentes no solo para defenderse físicamente, sino también a ser capaces de evitar esta situación. "La mejor manera de defenderse de una violencia física es no tener que llegar nunca a ella", asegura Idaira Martín, responsable del curso.
Unida al deporte desde que era una niña, Idaira quiso dar un enfoque feminista a las artes marciales. Explica que los talleres trabajan tanto la parte física como la actitudinal, ya que muchas mujeres han aprendido desde pequeñas a ocupar menos espacio y a moverse con miedo en determinados entornos. "Lo más importante es aprender decir que no. Pero también a que defenderse de una agresión no es violencia. Cuando empiezas a sentir que tienes más derecho a existir, algo que constantemente nos intentan quitar, también entiendes que si alguien te está estrangulando tienes derecho a salir de ahí", cuenta.
La formación se divide en cuatro partes: el trabajo del cuerpo y la ocupación del espacio, los límites y el "no", la respuesta colectiva ante situaciones de violencia a partir de casos reales, y una parte final con técnicas físicas básicas para saber reaccionar ante agresiones. Tras las diferentes dinámicas, las participantes compartieron sus propias experiencias y reflexiones sobre la violencia cotidiana y la forma en la que han aprendido a relacionarse con el miedo. Sus testimonios muestran cómo la autodefensa va mucho más allá de lo físico y se convierte también en una herramienta para ganar seguridad.

Dibujo que utilizaron las asistentes al taller de autodefensa feminista Acuerpar(nos) / ANDRES CRUZ
"Yo no me levanto cada día pensando que soy víctima del machismo, el entorno ya se encarga de hacérmelo ver. Hasta que no te encuentras en un espacio como este no te das cuenta de la mochila que llevas y de las cosas que eres capaz. Me siento más segura, con más conciencia de que existo igual que el resto del mundo", cuenta una de ellas.
Otra de las mujeres relató que el taller le había servido para observar con más conciencia situaciones cotidianas que antes normalizaba. Contó que había prestado atención a cómo otras personas invaden su espacio físico y reconoció que, hasta ahora, incluso apartar a alguien con el brazo le parecía un gesto excesivamente violento. Además, explico que una de las enseñanzas del curso es entender que también tienen derecho a poner límites con el cuerpo y a reaccionar cuando alguien las empuja, las toca o invade su espacio personal. "Consigues darte cuenta de que puedes respirar, puedes hinchar los pulmones porque hay espacio para hacerlo, existes", expresa.
En la misma línea, una de las participantes más jóvenes ponía el foco en cómo, desde las instituciones educativas, se pasan por alto determinados comportamientos machistas y en la impunidad de la que gozan quienes los llevan a cabo. "Me parece increíble que los profesores no tomen medidas cuando se sexualiza a alguien o se dicen determinadas cosas. Pueden parecer bromas, pero no lo son", asevera.
"Recuperar nuestro espacio no es un hobby"
El sentido del taller fue resumido por otra mujer como una herramienta para ganar seguridad y recuperar espacio propio, insistiendo en que la autodefensa no es un pasatiempo, sino una necesidad. “Venimos para tener más herramientas y sentirnos más seguras. Recuperar nuestro espacio y defendernos no es un hobby", deja claro.
Bajo esa premisa, explicó que muchas mujeres han crecido interiorizando la idea de pasar desapercibidas y no molestar, una educación que, según señaló, influye en la forma en la que se reaccionan ante situaciones incómodas o de violencia. A partir de ahí, subrayó que el curso permite precisamente cuestionar esos aprendizajes y trabajar la capacidad de poner límites y ocupar el propio espacio con seguridad."Nos han enseñado que cuanto más calladas estemos mejor", afirma.
Por último, Idaira Martín señaló el papel que, a su juicio, desempeñan los discursos de odio en el contexto actual, así como la falta de respuesta social e institucional ante su creciente normalización. "Estamos en un momento en el que, efectivamente, la narrativa fascista y de ultraderecha está súper legitimada y no estamos reaccionando frente a ello. También desde los medios de comunicación y desde ciertos espacios públicos se les da voz a quienes no deberían tenerla. La libertad de expresión tiene un límite, que son los derechos humanos", explica.
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