Una de las peores ideas de un concejal de Las Palmas de Gran Canaria cumple 30 años: una ciudad para pobres
El concejal Rafael Viñes, durante el mandato de José Manuel Soria, proyectó construir una ciudad para pobres en el entorno de Mercalaspalmas. No llegó a ejecutarse pero, en su lugar, se trasladó a la Península a personas sin hogar

Un vendedor ambulante de pañuelos acostado en la vía pública, en una imagen de archivo / Juan de Juan

Hay ideas que es mejor no sacar del tintero. Otras, más que ideas, vienen a ser la sinopsis de una novela distópica. Las Palmas de Gran Canaria se salvó hace 30 años de un proyecto que hubiese acentuado drásticamente la marginalización que se vivía entonces en la ciudad, cuando había una preocupante pobreza aparejada al chabolismo. En el año 1996 se descartó la polémica propuesta de Rafael Viñes (PP), por entonces concejal del alcalde José Manuel Soria: planteaba crear una ciudad para pobres en el entorno de Mercalaspalmas. Una especie de "ambulatorio" temporal donde irían las personas para ser "recicladas".
Lo que Viñes planteó como un remedio frente a la pobreza en el municipio –un 30% de sus habitantes vivía por debajo del umbral– tan solo hubiese contribuido a cronificar esta lacra. El planteamiento de una ciudad para pobres tardó poco tiempo en convertirse en un escándalo nacional que llegó a salpicar a algunos periódicos internacionales, pero no amedrentó al concejal de sus intenciones.
Por suerte nunca llegó a hacerse realidad, pero la alternativa no fue mejor. En su lugar, el gobierno de Soria pagó billetes de ida a la Península para personas sin hogar en lo que se denominó Operación puente de plata; una iniciativa sobre la que apenas facilitaron información.
Dinero público para expulsar pobres a la Península
El proyecto frustrado de la ciudad para pobres recibió el nombre de Virgen de la Luz. Se dio a conocer por primera vez en la inauguración de unas jornadas sobre iniciativas comunitarias transnacionales que se celebraron el 13 de mayo de 1996.
En un principio, el alcalde José Manuel Soria aseguró que era "un gran proyecto para la ciudad" y que intentarían buscar los medios para ponerlo en marcha, pero pocos días después se desmarcó de dicha postura. Durante ese mandato, el gobierno municipal sí ejecutó múltiples recortes en el presupuesto para las ayudas sociales y gastó dinero público en expulsar personas sin hogar a las grandes urbes del país.
Sobre el proyecto de la Virgen de la Luz, Soria indicó –después de haber reculado– que ni siquiera había disponibilidad de terrenos en la zona señalada por Viñes. Una vez hubo expresado su discrepancia, alabó la "sensibilidad social" del edil con respecto a la pobreza y matizó: "No quita para que el concejal crea fervientemente en esa iniciativa".
Viñes manifestó: "No nos gusta la miseria en Las Palmas de Gran Canaria, y creo que tenemos derecho a cambiar su imagen"
El cambio abrupto de opinión pilló por sorpresa al propio Viñes, quien no descartó buscar la financiación en otras administraciones, como el Gobierno de Canarias, que ya se había manifestado en contra. De hecho, el entonces director general de Servicios Sociales, Marcial Morales (CC), indicó que este proyecto pretendía "esconder una miseria que es fea" y que solo conseguiría "separar en guetos a las víctimas de una sociedad injusta".
Esas palabras no difieren mucho de las que pronunció el propio Viñes tratando de defender su idea: "A los que vamos a empezar a mandar no nos gusta la miseria en Las Palmas de Gran Canaria, y creo que tenemos derecho a cambiar su imagen".
Masificación de la pobreza
Los argumentos del concejal se basaban en la marginación social de Estados Unidos, con hincapié en Nueva York y Washington. A su parecer, la forma de evitar que Las Palmas de Gran Canaria llegase al mismo punto era trasladar y aglutinar a las personas pobres en un mismo espacio. Lo proyectaba como una especie de "ambulatorio" o "ciudad de acogida" temporal donde las personas serían "recicladas" lejos del chabolismo, que estaba muy presente en algunos barrios de la ciudad.
Desde el primer momento, un gran coro de voces condenó el proyecto de la Virgen de la Luz. En las filas del Gobierno canario, el viceconsejero de Asuntos Sociales, Rafael de Saja, apuntó que no solo sería contraproducente, sino que plantear esa idea estaba "fuera del siglo XIX". Por contra, abogó por la puesta en marcha de alternativas de asistencia social y acciones integradoras, entendiendo que "la masificación no funciona".
La respuesta de los colectivos sociales
Los proyectos urbanístico-sociales moldean los espacios públicos, configuran de qué manera se habitan y determinan qué tipo de personas son bienvenidas en ellos. Este proyecto iba en la dirección opuesta de las acciones emprendidas por las entidades sociales que, en aquel momento, atendían a los colectivos en situación vulnerable a través de diversas iniciativas.
El que fue delegado episcopal de Cáritas Diocesana de Canarias, Josetxu García, apostaba por una asistencia enfocada en la reinserción: "Con los pobres de los más pobres no se trata de aislarlos, ni de sacarlos de la sociedad. No se trata de hacer que sigan dependiendo, ni de sacarlos fuera, sino de que la persona sea dueña y protagonista de su existencia".
Otros colectivos sociales, tanto de Canarias como de la Península, también se postularon abiertamente en contra de esta iniciativa. Desde el movimiento Madres contra la Droga sentenciaron que la puesta en marcha de la ciudad de los pobres "consolidaría un gueto de analfabetismo y miseria que solo serviría para descomponer a la sociedad". Asimismo, añadieron que el objetivo de esta propuesta no era otro que "maquillar a conveniencia la imagen de la ciudad".
"Una formidable y espantosa máquina"
Las críticas alcanzaron también al plano cultural, en el que destacadas personalidades se postularon de forma severa. Entre ellas destaca el escritor y periodista Francisco Umbral, ganador de prestigiosos reconocimientos como el Premio Miguel de Cervantes, el Premio Nadal o el Premio Princesa de Asturias de las Letras.
Sobre la ciudad de los pobres aseguró que "han inventado una formidable y espantosa máquina y le han puesto un cartel: 'Se reciclan pobres'". Además, tirando de la cercanía que tenía con el matadero, remató: "Allí mete usted un pobre por un tubo, le da a la hormigonera y, pasado el tiempo de un credo, sale el pobre por la otra boca del tubo convertido en vaca loca, bocadillo de mortadela, cobrador del frac, clinero de primera o licenciado ultrasur".
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