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Pedro Espiau, el trompetista canario cuyo arreglo musical llegó a los Grammy Latinos

El músico, que entró en la Banda Sinfónica Municipal de adolescente, se jubila tras 51 años de trayectoria

Pedro Espiau tocando  la trompeta.

Pedro Espiau tocando la trompeta. / José Pérez Curbelo

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Gretel Morales Lavandero

Gretel Morales Lavandero

Las Palmas de Gran Canaria

Pedro Espiau nació con la música en las venas y pronto la convirtió en el eje de su vida. Con solo cuatro años comenzó a recibir clases de timple de la mano del célebre Casimiro Camacho. Su talento no pasó desapercibido para el maestro, que, tras hablar con su madre, recomendó su ingreso en el Conservatorio Profesional de Música de Las Palmas de Gran Canaria. Allí eligió la trompeta como instrumento principal, una compañera inseparable durante toda su carrera. Ahora, después de 51 años en la Banda Sinfónica Municipal, Espiau se jubila con una larga trayectoria a sus espaldas, en la que figuran hitos como la nominación de uno de sus arreglos musicales como finalista en los Grammy Latinos.

Su formación musical comenzó cuando aún no le llegaban los pies al suelo. En 1975, con apenas 14 años recién cumplidos, ingresó en la Banda Sinfónica Municipal tras la muerte del anterior solista, Juanito Batista, y un año después firmó su primer contrato. Era el miembro más joven de la agrupación, hasta el punto de que su incorporación resultó una rarez. Al principio, sus compañeros lo recibieron con cierto recelo por su corta edad, pero bastó escucharlo tocar para que descubrieran que tenía «un sonido bonito». Desde entonces, pasó a ser uno más y se consolidó como uno de los tres trompetistas de la formación, en concreto como trompeta tutti, aunque en la actualidad se retira como fliscorno solista.

Un salario ínfimo

Los inicios no fueron sencillos. Espiau asegura que a lo largo de su historia, a la Banda Sinfónica la han «tratado mal». En aquella época el salario era de unas 1.500 pesetas -nueve euros actuales-, que según recuerda Espiau no eran suficientes para subsistir en la economía de la época. Ofrecían conciertos dos días a la semana; uno en San Telmo y otro en Sata Catalina. Pero durante una época dejaron de tocar porque se quedaron sin local. «Estuvimos del tingo al tango», resume Espiau.

Pedro Espiau, trompetista de la Banda Sinfónica Municipal.

Pedro Espiau, trompetista de la Banda Sinfónica Municipal. / José Pérez Curbelo

El director Felipe Amor tuvo la compleja tarea de profesionalizar la Banda. «En la filarmónica había militares, tanto de aviación como de infantería de tierra, profesores del conservatorio e incluso funcionarios del Ayuntamiento», cuenta. Pero se estableció una norma que limitaba el número de trabajos que podían tener los integrantes, por lo que hubo un gran número de bajas. Como consecuencia, subieron los sueldos y profesionalizaron el grupo.

Digitalización

En 2014 pasó a gestionar el archivo que alberga unas 4.000 partituras y documentación. En ese momento comenzó un trabajo titánico que consistió en digitalizar parte de la documentación y categorizarlo en carpetas para facilitar su localización. La organización, cuenta el músico, es fundamental para encontrar las partituras con tiempo y revisar si es necesario incluir flautas, oboes, requintos o cualquier otro instrumento. «Hay que tenerlo todo listo para que los profesores se puedan estudiar las partituras, y así, el día que el director se suba a la tarima y dé la entrada, todos toquen lo que tienen en sus papeles», detalla.

Durante más de una década digitalizó las partituras, y aun así, queda mucho trabajo para conseguir que la totalidad del archivo se pueda visualizar en el ordenador. «Yo habré digitalizado un 25%, no llega al 30%, pero tampoco me han dado medios», afirma. Espiau lamenta que desde la pandemia solicitó al Ayuntamiento capitalino una impresora para escanear los documentos, que a día de hoy todavía no ha llegado. «Las cosas de palacio van despacio», bromea.

Pedro Espiau Hernández, en el archivo musical de la Banda.

Pedro Espiau Hernández, en el archivo musical de la Banda. / Andrés Cruz / LPR

Gracias a su trabajo en el archivo, el profesional descubrió una serie de obras inéditas creadas por el compositor francés Camille Saint-Saëns, así como otros documentos del círculo de amistades que estableció en la ciudad. Una partitura de un valor histórico incalculable para la producción musical realizada en la isla, permanecían guardadas en una carpeta sin que nadie las hubiera llegado a interpretar.

Un centenar de obras

Además de su faceta como músico, Espiau cuenta con cerca de un centenar de obras, entre transcripciones, restauraciones y arreglos. «Le hice a Olga Cerpa y Mestisay arreglos para un disco, que terminó siendo finalista de los premios Grammy Latino», destaca. Esto fue en 2019 con el álbum Vereda Tropical, que quedó finalista en la categoría Mejor Álbum Tropical. En términos de composición ha creado más de una treintena de temas entre las que destacan obras para la Banda Sinfónica de diferentes estilos musicales. Pero el que más le ha marcado es el pasodoble Roque Bentayga, que fue interpretado junto a Los Gofiones en 2014 en el Teatro Pérez Galdós. Para Espiau este canto al amor a su tierra cobra especial relevancia por su coautoría con Carolina Bhawnani, su esposa.

Pedro Espiau en sus primeros años en la Banda Sinfónica Municipal.

Pedro Espiau en sus primeros años en la Banda Sinfónica Municipal. / Cedida

En cuanto a sus trabajos como arreglista y transcriptor abarcan cerca de 200 obras entre las que el músico destaca la transcripción, revisión y edición de la ópera completa de Orfeo y Eurícide, de Christoph Gluck. Así como la Salve Marinera para la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria para la Coronación de la Virgen del Carmen en la Base Naval.

A lo largo de su trayectoria, Espiau ha visto pasar a 16 alcaldes de Las Palmas de Gran Canaria. Directores de la banda que han ido y venido del cargo, así como compañeros. Gracias a la banda pudo actuar en ciudades que son hervidores de la cultura como Chicago o Nueva York para llevar el sonido de su música.

En julio, cuando llegue el momento de su jubilación Espiau confiesa que no seguirá tocando la trompeta con la misma intensidad que ahora. Aun así, este instrumento seguirá siendo parte de su identidad. Porque aunque han pasado 51 años de sus inicios en la banda, Espiau sigue siendo el chico de 14 años que vivía su sueño de vivir de la música.

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