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El canal que pudo partir Las Palmas de Gran Canaria en dos y cambiar para siempre Las Canteras

A mediados del siglo XIX se planteó abrir una vía navegable en el istmo de Guanarteme para comunicar el Puerto de La Luz con Las Canteras y convertir La Barra en parte de un nuevo frente portuario

Vista aérea del istmo de Guanarteme en los años 50, con el Puerto de La Luz a la izquierda y Las Canteras a la derecha.

Vista aérea del istmo de Guanarteme en los años 50, con el Puerto de La Luz a la izquierda y Las Canteras a la derecha. / Fedac

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Héctor Rosales

Héctor Rosales

Las Palmas de Gran Canaria

Hace unos meses, la web Mi Playa de Las Canteras rescató un episodio poco conocido que podría haber cambiado para siempre el futuro de la playa y haber partido en dos Las Palmas de Gran Canaria.

En los primeros debates sobre el Puerto de la Luz, cuando la capital buscaba ampliar su actividad comercial y portuaria, surgió una idea extrema: abrir un canal navegable a través del istmo de Guanarteme.

El geógrafo Fernando Martín Galán recoge en su libro Las Palmas, ciudad y puerto: cinco siglos de evolución que aquella propuesta no fue una simple ocurrencia, sino un proyecto planteado en distintas ocasiones durante el siglo XIX. La idea más ambiciosa consistía en cortar el istmo por su parte más estrecha para comunicar el Puerto de la Luz con la bahía del Arrecife, en la actual zona de Las Canteras. Es decir, dejar La Isleta separada del resto de la ciudad por un canal navegable.

La obra que habría separado la ciudad

La propuesta también llegó a la prensa de la época. Una de las referencias más tempranas apareció en El Canario, en noviembre de 1854. Aquel artículo no empezaba hablando del canal, sino de una intervención previa: «la construcción de un segundo puerto, aun más seguro que el de la Luz, en el sitio llamado de las canteras». Para lograrlo, el periódico proponía aprovechar La Barra, levantar sobre ella una muralla, ensanchar la entrada y limpiar el fondo marino para proteger la zona del oleaje.

El corte del istmo aparecía después como el complemento más radical de esa primera operación. El artículo defendía «romper el pequeño istmo de Guanarteme y poner en comunicación los dos puertos de la Luz y el Confital».

El paseo de Las Canteras en una fotografía de 1953.

El paseo de Las Canteras en una fotografía de 1953. / Fedac

Vista desde hoy, la idea parece desmesurada. En aquel momento, sin embargo, no todos la veían así. En el artículo de El Canario, por ejemplo, aquellas obras se presentaban casi como una solución lógica, impuesta por el propio lugar.

El plan quedó durante años arrinconado, según explica Martín Galán, hasta que en la década de 1870 volvió a ser tomado en consideración. Incluso la Dirección General de Obras Públicas llegó a contemplar el corte del istmo como una obra conveniente.

La Real Sociedad Económica de Amigos del País fue una de las instituciones que más insistió en impulsar el proyecto, aunque la iniciativa se encontró con recelos y resistencias. Tampoco ayudaba la complejidad de las obras previstas, especialmente las que debían ejecutarse en el fondo marino para ampliar y acondicionar el paso. Existía el temor de que alteraran las corrientes de la zona y acabaran afectando al propio Puerto de la Luz. Entre quejas, dudas y problemas de viabilidad, el proyecto terminó quedando aparcado.

El otro destino de Las Canteras

De haberse llevado a cabo, aunque solo hubiera sido en su primera fase, Las Canteras difícilmente tendría el aspecto actual. Aquel proyecto sobre La Barra habría acercado su paisaje al de Las Alcaravaneras: un frente más reducido, condicionado por instalaciones náuticas y con presencia habitual de embarcaciones.

La playa habría quedado más marcada por los barcos, las obras y las necesidades del puerto que por su uso cotidiano como espacio de baño y paseo.

Si además se hubiera abierto el canal, las consecuencias habrían ido mucho más allá: una capital partida físicamente en dos, con La Isleta separada del resto de Las Palmas de Gran Canaria y obligada a conectarse mediante puentes o pasos. Por si la ciudad no tuviera ya suficientes problemas de movilidad.

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