Comercio
Sionita, el bazar de La Naval que recupera el alma de las tiendas de barrio de Las Palmas de Gran Canaria
Dácil Borges ha abierto en La Isleta un comercio que ofrece café recién molido, bocadillos y productos de fincas locales, en un homenaje a las antiguas tiendas de aceite y vinagre

Dácil Borges, propietaria del bazar Sionita. / ANDRES CRUZ

En la calle La Naval, frente a la estación de guaguas de Manuel Becerra y a medio camino entre el Puerto y El Sebadal, el trasiego empieza temprano. Trabajadores portuarios y de la zona industrial entran en busca de café y bocadillos. Conforme avanza la mañana, son los vecinos los que apuran esa compra de última hora.
Dácil Borges atiende del otro lado del mostrador con la sonrisa en la mirada y las ganas de quien acaba de abrir un nuevo proyecto. Bajo el letrero de ‘Sionita Market&Coffee’ el negocio familiar mira al futuro sin desprenderse de la memoria y el recuerdo de las tiendas de antes.
El nombre no es casual. Sionita era su abuela y para esta isletera de 33 años bautizar así su nuevo negocio es una forma de anclarlo al barrio y a su propia historia. «Buscaba un nombre con raza e identidad», resalta.
Tras muchos días de observar letrero tras letrero dio con la clave. La tenía más cerca de lo que creía. «Los bazares antiguos cogían el nombre de sus propietarios. Se llamaban Chanito, Faustinito, etc, entonces pensé en el nombre de mi abuela Encarnación ‘Sionita’, que de por sí era un nombre pintoresco».

Dácil, con su abuela Sionita. / Archivo familiar
Café y bocadillos
La comerciante no llega de nuevas al sector comercial. Tras nueve años lidiando con tasas de autónomos, proveedores y largas jornadas, decidió dar un reimpulso a su actividad. «El local que tenía antes era solo un bazar de chuches; ahora ofrecemos café de grano molido al momento y bocadillos hechos en el día».
De pollo con mayonesa, tortilla de papas, carne mechada, cruasanes de lomo y queso, pan de bombón con pollo y sándwiches de berros van saliendo del mostrador a un precio de 2,50 euros. Los cafés también. Estos, por un euro.
Al otro lado de la tienda, los artículos de siempre. La tabaquería, las bolsas de papas y los aperitivos ocupan buena parte del negocio, pero en las estanterías también hay desde detergente y papel higiénico a latas y conservas.
Junto a ellos, los productos locales: cartones de huevos de una finca de Telde y papas del ojo rosado de Fontanales. «Todavía no me he atrevido con las frutas y verduras, pero es algo que quiero poner, pero todavía me falta la pesa», admite. Ese aparato tan representativo de las antiguas tiendas a las que quiere homenajear.
Tres cuadros enmarcan el rincón del café. «Aunque la estética de aquellas tiendas ya no se pueden mantener, su esencia no debería de perderse», defiende.
Buscaba un nombre con identidad, raza y carisma, y con valor para mí
En un pequeño comercio, cada decisión pesa. «Aquí jugamos al céntimo», subraya Dácil. «Emprender es duro y un negocio así es necesario trabajarlo todos los días del año». El horario también habla del esfuerzo que hay detrás del mostrador: de 7.00 a 23.00 horas, de forma ininterrumpida, aunque haya quien todavía le ha pedido que extienda la apertura de puertas «un poco más».
Sonríe ante la paradoja, pero no oculta el desgaste que supone levantar un negocio de estas características, sobre todo los primeros meses de vida. «Estoy convencida de que la gente agradece tener una tienda cerca de casa que le saque de un apuro, pero no deja de ser duro». Tanto que, de momento, mantiene el negocio abierto todos los días, incluidos los fines de semana.

La tienda está ubicada en la calle La Naval, junto a la estación de guaguas de Manuel Becerra. / ANDRES CRUZ
«La gente de La Isleta sigue viniendo a las tiendas de barrio»
El contacto con el público, ese sí que forma parte de su adn. En La Isleta, sostiene, la cultura de la tienda de barrio continúa viva. «La gente aquí sigue viniendo a las tiendas de barrio». Lo que sí ha cambiado, en muchos casos, han sido los propios propietarios.
La apuesta es clara, abogar porque la proliferación de centros comerciales y el auge de las compras a través de plataformas digitales no desbanque por completo al pequeño comercio. «No hay que perder el trato cercano, ese es el valor añadido que nosotros sí aportamos». Es consciente de que no puede competir con los grandes centros de distribución, pero tampoco lo pretende.
En el corazón de La Naval, entre cafés y bocadillos recién hechos, ‘Sionita’ recupera algo más que un nombre familiar. Rescata una manera de entender y vivir el comercio de barrio, esa cercanía que da el cruzar la calle.
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