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Las ruinas del Cielo de Las Palmas de Gran Canaria, entre la degradación y el abandono

Los restos de la terraza El Cielo permanecen en mitad de los jardines de Rubió i Tudurí desde hace ocho años, con basura y falta de mantenimiento

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Adzubenam Villullas

Adzubenam Villullas

Las Palmas de Gran Canaria

Basura, deterioro y un aspecto degradado. La ladera de Altavista, en Las Palmas de Gran Canaria, presenta un aspecto muy alejado de lo que pretendía ser cuando fue transformada en los jardines de Rubió i Tudurí en los años 50 del siglo pasado. A mitad de camino entre paseo de Chil y la iglesia Coreana, las ruinas de la terraza El Cielo son el vivo ejemplo de la situación en la que se encuentra este espacio. El flora canaria moribunda que plantaron en 2020, es otro ejemplo.

El arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre ideó en 1925 en este punto de la ciudad un pulmón verde y un eje monumental con la intención de «coser la ciudad». La idea era conectar los barrios capitalinos entre el núcleo original de LasPalmas y el Puerto, dispersos hasta ese momento. No obstante, sería el paisajista menorquín Nicolau Maria Rubió i Tudurí diseñó en los años 50 quien diseñó los actuales jardines. Un espacio verde que hoy presenta un aspecto alejado de lo que se pretendía entonces.

Derribo de la terraza El Cielo

El Ayuntamiento capitalino procedió a derribar la terraza El Cielo en 2018. El local de ocio cerró en octubre de 2010 -estuvo en funcionamiento desde 1989-, pero dada la escasa accesibilidad del lugar -enmarañado en la ladera- el Ayuntamiento decidió tirar las instalaciones. La entonces concejala de Parques y Jardines, Inmaculada Medina, afirmó que esta infraestructura, una vez eliminada, pasaría a convertirse en parte de los jardines de la ladera, aunque reconoció que no había ningún proyecto redactado.

Desde su derribo, las ruinas han permanecido valladas en mitad de un espacio verde que sí tiene un mantenimiento mínimo -aunque hay basura en diversos puntos-. Al menos desde 2020 los restos del local son utilizados por personas sin hogar como refugio. Actualmente, hay casetas de campaña y quienes pernoctan allí tienden sus enseres en la valla de obra. Incluso, han desplegado un improvisado salón junto al que se puede leer en el pavimento «El Cielo» y el anagrama de una copa.

Flora canaria

El lado norte de la ladera no está en mejor estado. El área de Urbanismo, entonces con Javier Doreste como concejal, decidió ajardinar esta zona con flora canaria de baja exigencia. Hoy la mayor parte de tajinastes blancos, tabaibas, cardones o dragos están en un estado deplorable. Desde Parques y Jardines, que ahora dirige Gemma Martínez Soliño, afirman que sí dan mantenimiento a esta zona, pero reconocen una serie de problemas que han surgido.

Según explican, la actuación que realizó Urbanismo hace seis años no mejoró la calidad del suelo, repleto de escombros; esto impide que las plantas prosperen o se desarrollen correctamente. Además, el sistema de riego no estaba alineado con las plantas y se ha tenido que modificar. Por otro lado, las especies elegidas compiten entre sí, por lo que se tuvieron que trasplantar ejemplares.

Suciedad en la ladera de Altavista

Zona de la ladera de Altavista replantada en 2020. / Andrés Cruz

A todo esto hay que añadirle que en la zona se siguen produciendo vertidos de escombros y actos vandálicos que en ocasiones rompen el riego. La concejalía indica que hace dos semanas actuaron en la parte más cercana al polideportivo LópezSocas; además, el pasado verano hicieron una batida bajo el mirador y retiraron vertidos y elementos secos.

Mirador de Altavista

Este mirador junto a la iglesia Coreana, con tres terrazas escalonadas, fue inaugurado en 2019 con una inversión de 780.000 euros. Siete años después nada se ha sabido de la reconversión del entorno restante de Altavista, el cual figura como espacio libre en el Plan General de Ordenación (PGO). En la calle Doctor Eustasio Quevedo todavía quedan una serie de infraviviendas -el Ayuntamiento expropió parte del terreno en 2024, pero las construcciones siguen en pie-. Además, en 2018 el entonces edil de Urbanismo anunció que un funicular -o ascensor inclinado- conectaría el mirador con paseo de Chil y el parque Doramas.

Augusto Hidalgo, siendo alcalde en 2021, volvió a anunciar este proyecto, ligándolo a la Metroguagua y a la parada que tendrá junto al Doramas en la calle Emilio Ley. Cinco años después, la idea, ya redactada y presupuestada, está durmiendo en los cajones del servicio de Urbanismo; al igual que el resto del plan de movilidad y vertical. La prioridad, ahora, está en sacar el concurso de mantenimiento de las escaleras mecánicas y ascensores ya existentes -y en su mayoría averiados-.

El otro punto conflictivo de la ladera ha sido el monumento a León y Castillo, el cual mira al Doramas y el hotel Santa Catalina. El conjunto de paseo de Chil luce hoy sin agua y, además, Vías y Obras ha tenido que rectificar en los trabajos provisionales que estaba haciendo en uno de los muros de cantería. Para evitar el colapso por las filtraciones del jardín procedieron a levantar una pared con bloques. La obra será ahora rehecha respetando el entorno.

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