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La plataforma petrolífera que esquivó las sanciones a Rusia vuelve al Puerto de Las Palmas

El 'Scarabeo 9' protagonizó en Gran Canaria una operación histórica para desmontar su torre de perforación para atravesar el Bósforo

El 'Scarabea 9' regresa al Puerto de Las Palmas

Esther Medina Álvarez

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Esther Medina Álvarez

Esther Medina Álvarez

Las Palmas de Gran Canaria

El Scarabeo 9, la plataforma petrolífera que aprovechó un vacío legal para esquivar las sanciones impuestas a Rusia por Estados Unidos y la Unión Europea en 2014 tras la anexión de Crimea, para su acceso a la tecnología, financiación y proyectos energéticos estratégicos, regresó este lunes al Puerto de Las Palmas procedente de Palermo, en Italia. Tras un día en la Rada Norte, a mediodía de este martes atracó en el Muelle Reina Sofía.

Una plataforma de ultra aguas profundas

Este buque es una plataforma de perforación semisumergible de sexta generación y ultra aguas profundas propiedad de Saipem, que fue construida en 2011 en un astillero de China para trabajar en láminas de agua de hasta 3.650 metros de profundidad y con capacidad para perforar hasta 15.000.

Con una eslora 115 metros y una manga de 78, cuenta con un sistema de posicionamiento dinámico y propulsores que garantizan su estabilidad y su posición exacta sobre el pozo en el que trabaje, independientemente de las condiciones climatológicas o del mar.

Una operación histórica en Gran Canaria

El Scarabeo protagonizó uno de los hitos del Puerto de Las Palmas, una de las operaciones de ingeniería naval más singulares realizadas en Gran Canaria. En octubre de 2016 llegó a la isla para someterse a la inspección obligatoria que estas instalaciones deben superar cada cinco años. Sin embargo, mientras permanecía atracada en La Luz a la espera de un nuevo contrato, surgió una oportunidad de trabajo en el mar Negro que transformó por completo el alcance de la intervención prevista.

La plataforma 'Scarabeo 9' cuando entraba en el recinto portuario.

La plataforma 'Scarabeo 9' cuando entraba en el recinto portuario. / La Provincia

El nuevo contrato vinculaba a la plataforma con un proyecto desarrollado por la petrolera italiana Eni y la empresa estatal rusa Rosneft en el campo de Chernomorsky occidental, una zona situada cerca de la ciudad rusa de Sochi y considerada estratégica por sus importantes reservas de hidrocarburos. La adjudicación planteaba un gran desafío logístico, puesto que para llegar a esa zona debía atravesar el estrecho del Bósforo, la vía marítima que conecta el Mediterráneo con el mar Negro y que divide geográficamente Europa y Asia a su paso por Estambul. Allí se encontraba un obstáculo aparentemente insalvable: los puentes que cruzan el estrecho limitan la altura de las embarcaciones a unos 64 metros, una cota inferior a la de la torre principal de perforación de la plataforma.

El reto del Bósforo

La solución diseñada por Saipem y ejecutada por Astican supuso una operación pionera a escala internacional: el desarrollo de un sistema desmontable que permitiera retirar la torre y volver a instalarla posteriormente sin necesidad de realizar nuevas soldaduras. La intervención afectó a una estructura de aproximadamente 200 toneladas de acero y exigió un trabajo extremadamente preciso. Un equipo multidisciplinar de ingenieros industriales, especialistas en estructuras, técnicos eléctricos y responsables de seguridad ejecutó un proceso de desmontaje por fases, realizando cortes secuenciales y preparando cuidadosamente cada sección para garantizar su posterior ensamblaje.

Las piezas desmontadas fueron almacenadas en las bodegas de la propia plataforma siguiendo una planificación milimétrica. Los técnicos describieron el procedimiento como un gigantesco rompecabezas tridimensional en el que cada componente debía conservar su integridad estructural para encajar posteriormente en su posición original. El éxito de la operación permitió reducir la altura total de la plataforma lo suficiente para que pudiera franquear el Bósforo sin dificultades.

Adaptación para operar en aguas rusas

Además, el Scarabeo fue adaptado para climas fríos con la instalación de paneles y protecciones destinadas a resguardar equipos, maquinaria y espacios de trabajo frente a las bajas temperaturas, el viento y la humedad características de la región. De esta manera, el buque quedó preparado para operar durante los duros meses invernales en aguas próximas a la costa rusa.

Tras atravesar el Bósforo, cerca de 60 trabajadores de Astican se trasladaron a Rumanía para acoplar nuevamente la torre a la plataforma.

El vacío legal de las sanciones

Sin embargo, la importancia de la Scarabeo 9 trascendió pronto el ámbito puramente técnico al operar en Rusia pese al régimen de sanciones impuesto por Estados Unidos y la Unión Europea tras la anexión de Crimea en 2014. Diversos medios económicos internacionales llegaron a presentar el caso como una victoria indirecta del presidente ruso, Vladímir Putin, frente a las restricciones occidentales.

En ese caso, la empresa aprovechó una combinación de factores jurídicos y tecnológicos. Las sanciones limitaban especialmente el uso de tecnología y equipamiento de origen norteamericano en proyectos energéticos rusos, pero no a las empresas europeas. Sin embargo, la Scarabeo 9 había sido construida en China utilizando tecnología noruega, lo que la situaba fuera de parte de esas restricciones. Además, el contrato entre Eni y Rosneft había sido firmado en 2013, antes de la entrada en vigor de las sanciones, circunstancia que permitía acogerse a determinadas excepciones contempladas por la normativa europea.

Eso sí, poco después, se endurecieron aún más las restricciones mediante nuevas medidas destinadas a dificultar futuras inversiones extranjeras en proyectos petroleros rusos.

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