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Deseos frente al mar en Las Canteras: así se vive la espera de San Juan

Las familias y los negocios de la Playa de las Canteras preparan la noche más emblemática del año entre raciones y rituales para recibir el verano

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Yeremi Almeida González

Yeremi Almeida González

Las Palmas de Gran Canaria

Aún no ha caído el sol en la Playa de las Canteras y el latido perpetuo del mar ya empieza a desdibujar en la arena las huellas de aquello que una vez se pensó que sería eterno. Mientras tanto, la luz del atardecer tiñe de dorado la esperanza de quienes ya guardan su sitio para disfrutar de la noche de San Juan, pues con sus risas se alzan nuevas oportunidades llenas de alegría.

Desde primera hora de la tarde, la playa comienza a transformarse. Entre sombrillas, sillas plegables y neveras cargadas de provisiones, las familias buscan el mejor rincón para esperar una de las noches más emblemáticas del año. Ylenia Savedra y Carmen Fernández llegaron a las seis de la tarde. Han venido con familiares y amigos, como hacen desde hace años. Apenas han traído agua y refrescos, aunque ya saben que más tarde pedirán unas pizzas para compartir. “Venimos todos los años, es tradición”, cuenta Ylenia. No muy lejos de allí, Alba disfruta de la tarde junto a su marido, su hijo y varios amigos. Sobre una manta descansan tortillas, quesos, embutidos y una botella de vino preparada para acompañar la espera. Aunque este año son menos de lo habitual, mantienen intacta una costumbre que reúne a familiares y amistades cada inicio de verano.

También María Fernanda y su familia han escogido este rincón de la ciudad. Llegaron para pasar la víspera de San Juan rodeados de niños, picoteo y golosinas. Aunque proceden de Venezuela y llevan más de una década viviendo en Gran Canaria, han hecho suya esta celebración. Lo que más valoran es compartir tiempo en familia y mantener vivas las tradiciones que convierten una noche cualquiera en un recuerdo imborrable. Mientras tanto, los negocios también se preparan para vivir la jornada trabajando. Desde su food truck, instalado junto al paseo, Esteban y Jenni llevan varias horas organizándolo todo. Hamburguesas, papas, perritos, refrescos y la expectativa de una larga noche por delante. Saben que San Juan atrae a miles de personas y esperan una gran afluencia. Tras dos años participando en la celebración, aseguran que siempre es una noche especial, tanto por el ambiente como por las vistas privilegiadas de los fuegos desde el puesto de trabajo.

Pero más allá de la fiesta, hay algo invisible que une a todos los presentes. La creencia de que esta noche es mágica. María Fernanda sonríe al recordar una costumbre muy conocida: saltar tres olas de espaldas después de medianoche para pedir tres deseos y dejar que el mar se lleve lo malo.

En los tres baños que tiene previstos Ylenia también se mete en el mar “para que salga lo malo y entre lo bueno”. Alba, por su parte, no pide grandes riquezas ni sueños imposibles. Su deseo es más sencillo y profundo: “Salud de la familia, de mis padres, y que nos acompañen muchos años más”. También espera que esta noche ayude a “limar asperezas familiares” y a acercar a quienes alguna vez se distanciaron. En el food truck, los deseos también miran hacia el futuro. Esteban pide que el negocio siga creciendo y que el próximo año sea mejor que el anterior. Y cuando termine la jornada, tiene claro cuál será su ritual: Tiro de aquí al agua”.

Poco a poco el sol se esconde tras el horizonte. En tan solo unas horas los fuegos iluminarán el cielo para borrar las sombras y, como Alba, Ylenia, María Fernanda o Esteban, con esta noche todos cerramos capítulos y renovamos ilusiones.

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