Crónicas de un rompesuelas
El espejismo de Poseidón
El lunes se cumplieron cincuenta años del célebre avistamiento de Gáldar, un episodio convertido en mito por la ufología pese a que una explicación convencional lleva décadas sobre la mesa

Imagen del fenómeno captada por un turista desconocido desde Maspalomas, en el sur de Gran Canaria.
Martes 22 de junio de 1976. Tras terminar la jornada en su consulta en Santa María de Guía, el doctor Francisco Julio Padrón León, de 43 años, fue requerido por Dámaso Mendoza, para atender a domicilio a su madre enferma en el barrio de Las Rosas, en la zona alta de Piso Firme, en el municipio de Gáldar. Eran alrededor de las diez de la noche. El taxi que los trasladaba lo conducía Francisco Estévez.
De repente, tras una curva, a escasos metros del destino, contemplaron sobre un campo de cebollas una esfera de unos tres pisos de altura, levitando a poca distancia del suelo. Padrón pidió a Estévez que aminorara la marcha; el coche se detuvo a unos 40 metros. Mendoza, refugiado en la parte trasera, apenas alcanzó a ver luces, pero fue testigo de la conversación entre el médico y el taxista.
La esfera cambió de color: primero era amarilla, luego azul, siempre transparente, hasta el punto de que se distinguían las estrellas a través de ella. En su interior había dos seres humanoides de entre dos ochenta y tres metros de altura, vestidos con trajes rojos muy ajustados y una especie de escafandra negra, sin dedos aparentes en manos ni pies. Dentro de la nave había tres paneles plateados y redondos; una de las criaturas se situaba entre el primero y el segundo, la otra entre el segundo y el tercero. Ambos seres permanecieron indiferentes a los testigos, aunque el médico se mostró profundamente impresionado.
De la nave surgió un humo o gas que fue envolviendo la esfera hasta alcanzar una altura equivalente a un edificio de veinte pisos, momento en que el pánico se apoderó de los ocupantes del taxi. Aceleraron, pasaron junto a la nave y llegaron a la casa de la enferma, desde cuyas ventanas observaron el fenómeno durante varios minutos más. Finalmente, el objeto despegó como un destello de luz, tomó forma de huso y se dirigió hacia Tenerife.
Desde entonces, los ufólogos consideraron a Padrón uno de los testigos más fidedignos de la historia de la ufología española, tanto por el detalle de su relato como por su condición de doctor en Medicina, que otorgaba a su testimonio una credibilidad añadida. El caso alcanzó tal repercusión internacional que Laurance Rockefeller, destacado magnate que financió investigaciones ufológicas, sufragó en Estados Unidos una investigación paralela a la del Gobierno español, que concluyó que se trataba de la mejor evidencia disponible hasta entonces sobre este tipo de fenómenos.
Sin embargo, había un detalle que cambiaba por completo la perspectiva del caso: aquella noche no hubo un único testigo, sino miles.
Hacia las 22:15, miles de personas repartidas por todo el archipiélago observaron un punto luminoso surgir del mar en dirección ascendente. Las descripciones variaron según la isla y el momento de la observación: algunos hablaron de un objeto que parecía estabilizarse; otros, de dos objetos rojos moviéndose de forma anárquica o en espiral. Bajo esa espiral se distinguían tres franjas rojas superpuestas y separadas entre sí, y sobre ellas dos focos de intensa luz azul, que fueron perdiendo intensidad hasta convertirse en una tenue bruma.
A medida que el objeto ascendía, crecía con nitidez hasta difuminarse. Se formó entonces una cúpula semiesférica de gases azulados, apoyada aparentemente en el horizonte, que alcanzó un diámetro enorme antes de desvanecerse por completo, en un proceso que se prolongó cerca de media hora.
También lo divisaron la fragata Atrevida de la Armada Española, navegando al sur de Fuerteventura, y el carguero japonés Osaka Bay, a unos 400 kilómetros al sur de La Gomera.
La coincidencia temporal entre todos esos testimonios llevó a diversos investigadores a plantear que el avistamiento de Gáldar no constituía un hecho aislado, sino una interpretación particular de un fenómeno observado simultáneamente desde todas las islas: una enorme esfera luminosa con destellos rojizos, sin referencias a ocupantes ni estructuras. Pero el relato del doctor guiense, mucho más detallado y espectacular, fue el que terminó ocupando el centro de la cobertura mediática.
Durante años, el origen de aquella inmensa esfera luminosa fue objeto de debate. Mientras los ufólogos la interpretaron como una nave extraterrestre, otros investigadores buscaron una explicación compatible con el conjunto de los testimonios registrados aquella noche. La hipótesis más aceptada identifica el fenómeno con el lanzamiento de dos misiles Poseidón desde el submarino estadounidense USS Von Steuben, situado al oeste de Canarias.
Los misiles ascendieron hasta gran altitud dejando tras de sí enormes nubes de gases de escape. Aunque sobre Canarias ya era de noche, esas estelas seguían iluminadas por el Sol, oculto tras el horizonte, pero aún visible a decenas de kilómetros de altura. Ese contraste produjo una gigantesca cúpula luminosa cuyos colores evolucionaban del rojo al azul conforme variaban la composición de los gases y el ángulo de iluminación.
Pero aún quedaba una cuestión por resolver: si el fenómeno era el mismo que observaron miles de personas desde distintos puntos del archipiélago, ¿por qué solo el doctor Padrón describió una nave con ocupantes?
Resulta muy poco probable, señalan los escépticos, que un ovni de esas características fuera visto únicamente por dos personas, cuando exactamente a la misma hora lo que se observaba desde todo el archipiélago era un fenómeno esférico de tonalidades rojizas que en realidad tenía lugar a más de 700 kilómetros al oeste de las islas.
La hipótesis escéptica sostiene que Padrón pudo haber experimentado un caso de pareidolia, un proceso psicológico por el que el cerebro percibe formas reconocibles en estímulos ambiguos. Desde esa perspectiva, las manchas rojizas visibles en el interior de la esfera podrían haber adquirido apariencia antropomorfa, un efecto que el movimiento continuo de los gases habría reforzado hasta dar la impresión de una nave con ocupantes.
Por lo tanto, el caso no fue exclusivo de Gáldar, sino que fue observado simultáneamente en todo el archipiélago y cada observador lo interpretó de manera distinta.
Entre los numerosos testimonios recogidos aquella noche, el único que incluía seres humanoides era también el narrado por el galeno. No resulta extraño que esa combinación de autoridad y espectacularidad terminara eclipsando el resto de los testimonios.
Sin embargo, a pesar de haber habido tantos testigos, no apareció ni una sola fotografía, hasta que, al año siguiente, la prensa canaria publicó una instantánea tomada, supuestamente, desde Maspalomas por un turista desconocido, y recuperada por la Guardia Civil al ser avisada por el recepcionista del hotel donde la había depositado.
Basta observar la imagen para ver que los dos brazos luminosos que atraviesan la bola refulgente son en realidad reflejos producidos por la luz sobre la lente de la cámara.
Conviene recordar que en aquella época no existían los teléfonos inteligentes ni las cámaras estaban al alcance de todos: fotografiar aún era un acto deliberado, no un reflejo. Por eso la única imagen que ha quedado del suceso no la tomó un vecino de Gáldar ni un testigo de los miles que observaron el fenómeno desde todas las islas, sino un turista que, cámara en mano, buscaba un recuerdo de sus vacaciones.
En la actualidad, cualquier adolescente con un móvil habría generado decenas de vídeos del lanzamiento de los Poseidón, y el misterio se habría disuelto en cuestión de horas. Pero en 1976 la escasez de imágenes no era la excepción: era la norma. Y en ese vacío, mil palabras valieron más que una imagen.
Quizá el verdadero misterio no fuera lo que apareció aquella noche sobre el Atlántico, sino la facilidad con la que un solo relato terminó convirtiéndose en uno de los grandes mitos de la ufología española.
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