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Jesús González, estibador del Puerto de Las Palmas: «Este es el mejor trabajo del mundo»

La labor de los estibadores, lejos de ser ruda, se asemeja a un intrincado puzle de piezas delicadas, requiriendo máxima precisión y coordinación para mover contenedores de hasta 30 toneladas

Jesús González explica cómo se maneja una grúa de patio en una terminal de contenedores

Esther Medina Álvarez

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Esther Medina Álvarez

Esther Medina Álvarez

Las Palmas de Gran Canaria

Parece la cabina de un avión con mandos a ambos lados del asiento, varias pantallas y tableros con botones y luces que parpadean o se encienden. Y allí, sentado a más de 30 metros de altura y con el suelo de cristal, el estibador del Puerto de Las Palmas Jesús González asegura sin titubeos que el suyo «es el mejor trabajo del mundo» mientras coloca un contenedor vacío que pesa cerca de cuatro toneladas sobre otro con una sorprendente precisión.

En el imaginario popular, la estiba es un trabajo rudo. Sin embargo, al observar la sincronización y la minuciosidad con la que se opera en la terminal de contenedores la actividad se parece más a la elaboración de un puzle de piezas delicadas. Y es que trabajar con cajones que pesan entre cuatro y 30 toneladas, dependiendo de la mercancía que lleven dentro, requiere ese esmero y coordinación extrema para garantizar la seguridad.

Una vida entre grúas y contenedores

Jesús González es estibador desde hace 27 años y además de manejar la grúa transtainer o de patio, que es cómo llaman a las RTG, una maquinaria neumática que se traslada sobre la plataforma de la terminal para apilar, organizar y transportar los contenedores. Además, es uno de los capataces del colectivo de estibadores del Puerto de Las Palmas en los muelles que ocupa Opcsa y coordinador de las labores de trincaje, «el trabajo más duro» de la estiba.

Cada día llega a la terminal donde trabaja junto a sus compañeros, que en una jornada normal, con cinco grúas funcionando, pueden ser entre 80 y 90 solo en los muelles León y Castillo y Cristóbal Colón, y en el centro de control conocen cuál es la máquina que tienen asignadas para ese día.

Jesús González en la cabina de una de las nuevas grúas híbridas del Puerto de Las Palmas

Jesús González en la cabina de una de las nuevas grúas híbridas del Puerto de Las Palmas / Andrés Cruz

Una coreografía portuaria

A las ocho menos diez de la mañana ya ha subido por la escalera metálica los 30 metros que separan del suelo la cabina de la transtainer y se conectan al sistema central desde el que se coordina toda la actividad. Allí, nada ni nadie se mueve sin autorización previa. Es como una coreografía ensayada. Las grúas neumáticas, ocho de ellas recién llegadas, se distribuyen en el patio y los diferentes vehículos que utilizan los estibadores van de un lado a otro de forma coordinada e incesante.

«Todo está coordinado; desde el capataz general hasta el último especialista, toda la terminal está completamente coordinada», sentencia.

Seguridad milimétrica

Esta organización «milimétrica» les otorga tranquilidad y seguridad cuando están operando entre esos contenedores gigantes, tanto cuando están cargando o descargándolos de los barcos, que cada vez son más grandes, como cuando los están organizando en el patio de la terminal. «Todas las máquinas, las órdenes de contenedores que tienen que cargarse o descargar, si hay que trabajar en la zona poniente o con las grúas de la naciente, todo tiene que estar debidamente coordinado para que salga todo bien».

Jesús González observa una de las nuevas grúas híbridas adquiridas por Opcsa para el Puerto de Las Palmas.Contenedores en la terminal de OPCSA en el puerto de Las Palmas

Jesús González observa una de las nuevas grúas híbridas adquiridas por Opcsa para el Puerto de Las Palmas.Contenedores en la terminal de OPCSA en el puerto de Las Palmas / Andrés Cruz

Los cinco sentidos en la maniobra

Durante el turno de seis horas, se realiza «un trabajo intenso que requiere de mucha precaución» porque no solo la maquinaria es pesada, sino también lo son los contenedores que mueven de un lado a otro. "Tenemos que tener los cinco sentidos en lo que estamos haciendo", sentencia Jesús.

Todo está coordinado; desde el capataz general hasta el último especialista, toda la terminal está completamente coordinada

Este estibador asegura que el de gruista es «uno de los trabajos más bonitos que se pueden encontrar» en el Puerto. «Llevas una máquina muy precisa que requiere de una plena atención y estar en tensión porque estamos trabajando con contenedores pesados y tenemos personas que nos los traen o están abajo maniobrando», apostilla.

La primera vez en una RTG

Confiesa que la primera vez que se subió a una RGT y vio la altura y cómo se manejaban los grandes contenedores se impresionó y se asustó un poco. Ahora, con 27 años de experiencia ya está «bastante desenvuelto» y ya es como «el que coge la cuchara y el tenedor; es una herramienta de trabajo que ya se maneja por inercia».

Colocar desde la cabina los grandes cajones, uno encima de otros, requiere mucha precisión, pero es muy entretenido, asegura. «Es complicado y a la vez divertido, porque al final es casi como hacer un puzle, uniendo grandes piezas»

Un oficio con muchos perfiles

No todos los estibadores están preparados para estas labores, precisa, «porque algunos presentan vértigos y a otros les supera la tensión que requiere», pero afortunadamente el trabajo en la estiba es muy variada y se requieren muchos perfiles.

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