Comercio
Reabre la Dulcería Parrilla en Triana: la propietaria consigue una medida cautelar
La histórica empresa cerró sus puertas por una orden municipal tras una denuncia de un vecino

La Dulcería Parrilla abierta este martes por la mañana. / LP/DLP

La histórica Dulcería Parrilla ha reabierto sus puertas en la mañana de este martes. Lo hace tras casi una semana con las persianas bajadas por la orden de cierre que emitió el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. La empresa ha regresado a la actividad gracias a una resolución judicial que le ha concedido una medida cautelar provisional, es decir, que se ha dictado una decisión temporal para evitar un perjuicio económico mientras se estudia el caso. "La gente está muy contenta de que volvamos a abrir", aseguró la propietaria, Elena Parrilla.
En las primeras horas, residentes y clientes se acercaron al establecimiento para felicitar al equipo de la pastelería. "Eres una campeona, me alegro mucho de tenerte", exclamó un vecino desde la puerta. La propietaria adelanta que están trabajando de la mano del Ayuntamiento capitalino para llevar a cabo las obras necesarias para solucionar los problemas.
Origen del conflicto
Cabe recordar que el origen del conflicto está en una denuncia vecinal de 2021 debido a molestias por malos olores y ruidos. Esta queja motivó una revisión por parte de la administración municipal, que verificó que el negocio mantenía un obrador en funcionamiento sin autorización, una actividad industrial que no es compatible con el planeamiento urbanístico del Plan Especial de Protección del entorno del casco histórico.
El periplo judicial duró años. En 2021 la Dirección General de Edificación y Actividades emitió una orden de cierre. Sin embargo, los responsables recurrieron, aunque finalmente fue desestimado. Los propietarios elevaron la orden a la vía de lo contencioso-administrativa, pero el juzgado número 6 también rechazó el recurso en febrero de 2024.
La empresa apeló nuevamente a los tribunales, en este caso ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, que la desestimó en 2025. Tras estos varapalos judiciales, el Consistorio emitió la orden de cierre en junio de este año. Sin opción de recurso.

LP/DLP
El apoyo vecinal
La noticia no solo fue un jarro de agua fría para la empresa sino también para el barrio entero. Tras 120 años de historia, varias generaciones de grancanarios han disfrutado de los famosos pasteles de carne y dulces. El cariño y apoyo del vecindario quedó retratado a través de una concentración en la que una treintena de personas exigió su reapertura a las puertas del establecimiento, en la calle General Bravo. El cierre se ha vivido como una medida excesiva para un comercio de barrio, que se ha convertido en un elemento reseñable de Triana. Un enclave que en los últimos años ha perdido su identidad con el paulatino cierre de los negocios de toda la vida para dar paso a las franquicias y empresas multinacionales.
En el ámbito político, el concejal de Urbanismo, Mauricio Roque, afirmó durante las comisiones de pleno de este martes que no se "debate el comercio", pero aseguró que la industria y la maquinaria pueden dañar el patrimonio. "Todos estamos de acuerdo en que debemos proteger los inmuebles con protección patrimonial", valoró. Asimismo, aclaró que están en un proceso de acompañamiento al negocio para resolver las deficiencias. La alcaldesa, Carolina Darias, se pronunció antes de que se ejecutara el cierre para reconocer la trayectoria del comercio, pero aclarando que todos los negocios deben "atenerse a la legalidad vigente".
Otros negocios
La oposición también se posicionó sobre los problemas con la Dulcería Parrilla. El Partido Popular pidió al Ayuntamiento asesoramiento técnico y jurídico para ayudar a estos establecimientos a adaptarse a la normativa cuando exista margen para ello. Y es que no es el primer caso de negocio histórico que cierra sus puertas en los últimos años. A principios de año lo hizo la panadería Miguel Díaz, en la calle Viera y Clavijo. El problema de este local fue muy parecido al de Parrilla, ya que no tenía licencia de apertura a pesar de llevar más de un siglo abierto. Además, la orden de cierre también tuvo como punto de partida las quejas vecinales que denunciaron la presencia de cenizas y hollín de la chimenea tradicional.
Asimismo, el Café Madrid, en la plaza Cairasco, fue precintado en septiembre de 2025 porque la empresa explotadora pretendía hacer compatible urbanísticamente la actividad del bar con su ubicación en la planta baja del hotel del mismo nombre. Es decir su permiso era solo para atender a los huéspedes, no a la clientela general.
Estos tres comercios se encontraban dentro del Plan Especial de Protección Vegueta-Triana. Un documento que regula el cuidado y preservación del centenar de inmuebles con valores arquitectónicos del casco histórico de la capital. En este sentido, la actividad industrial está limitada, ya que puede alterar a las edificaciones históricas. Sin embargo, abre el debate sobre el equilibrio entre compatibilizar la conservación patrimonial y permitir la actividad de comercios, que también se han convertido en historia de la urbe.
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