Assane Diop, lingüista y traductor: "La desigualdad entre África y Europa empieza en el lenguaje"
Apasionado del español y la literatura, Diop defiende el estudio de las lenguas africanas para paliar el "complejo de inferioridad" y la tasa de abandono escolar en el continente: "El problema de los idiomas extranjeros es cuando se estudian desde la imposición"

Assane Diop, lingüista y traductor, en la plaza del Obelisco de Las Palmas de Gran Canaria / José Pérez Curbelo

Diop estudió Lenguas Extranjeras Aplicadas y Traducción en Senegal, además de Relaciones Hispanoafricanas en la ULPGC. Actualmente trabaja con menores migrantes.
¿Qué impacto tiene el español en África?
El español tiene bastante influencia y está ganando mucho terreno en África. Lo que nos llama la atención a los hispanófilos es que el español no está en África como lengua de dominación, sino que es una lengua que estudiamos porque queremos. En Senegal hay más de 200.000 estudiantes de español y recientemente se inauguró el Instituto Cervantes en Camerún, que es el quinto país donde se estudia español. El único que lo tiene como idioma oficial es Guinea Ecuatorial, donde la gente es nativa.
¿Por qué tiene tanto éxito el español?
La primera vez que escuchas a alguien hablando español parece que está cantando y eso da curiosidad. Otra cosa es que sabemos que es uno de los idiomas más importantes en todo el mundo. Y también porque en Senegal, en general, nos gusta España. Dentro de las desigualdades que hay en todos los países europeos, España es el que más nos acoge y nos abre sus puertas en comparación con Francia, Alemania o Italia. Eso también hace que nos enamoremos del idioma.
¿Cómo llegó el español a su vida?
Mi amor por el español es algo natural: me gusta la poesía, me gusta la literatura. Yo me enamoré del español primero porque a mi hermana, que me lleva dos años y dos meses, le encantaba el español. Desde niño me regaló un diccionario y yo jugaba con él. A mí en la universidad no me podía faltar el español. A día de hoy, lo considero más idioma mío que el francés, por detrás del wólof, mi lengua materna. Decidí por mi cuenta estudiar otros idiomas, que tengo hasta ocho, pero algunos los hablo con un nivel muy básico. Siempre digo una frase que me hace mucha gracia: yo estudié español en Senegal y mandinga en España.
¿Cómo valora el haber estudiado la realidad africana desde España?
Me parece una muy buena iniciativa, pero se tiene que profundizar más. No se puede hablar de África sin los africanos ni caer en el error de tratar a África como si fuera un país. Hay que hablar de los problemas reales que sufrimos y de lo que obstaculiza el desarrollo. Las trabas nos las pone Europa, pero también nos las ponemos nosotros. Es un tema muy complejo. Cuando hablamos de África y Europa, muchas veces hablamos en realidad de Francia y África o de España y África. La desigualdad empieza por el lenguaje, pero los gobiernos y las élites africanas han luchado muy poco. Es más fácil aceptar las condiciones que se imponen desde fuera, ser un corrupto y no cambiar la situación.
¿Cómo cristalizan esas relaciones desequilibradas?
Cuando se habla de ayuda es porque yo estoy en una posición de vulnerabilidad y tú tienes privilegio, te va muy bien y no me necesitas. Y no es así. Si hablamos de ayuda, lo que se entiende es que Europa ayuda a África, pero Europa se aprovecha de África. Un europeo que viaja de Madrid a Canarias no se pregunta de dónde viene la bauxita con la que se ha hecho el avión. A lo mejor viene de Sierra Leona, Camerún, Ghana o Guinea Conakry, que posee las reservas más grandes del mundo. Ahí estamos hablando de traslado de bienes, de eso nadie se queja. Pero como sea un ser humano, entonces sí molesta. Algunos no quieren ver un africano en su territorio, critican desde su móvil y no saben cuántos congoleños murieron para que lo tuviera. Los europeos también van a África, pero suele ser una migración de élite. Van como jefes, profesores de universidad, científicos para sacar recursos naturales. ¿Qué hace que ellos sean personas legales y nosotros personas ilegales? Hemos llegado a tanta tecnología que facilita los viajes y la movilidad de las personas para tener menos libertad que los pájaros.
¿Y en las políticas lingüísticas?
Cuando en un país como Senegal pasas una información importante en francés, que no es dominado ni por el 30% de la población, hay un 70% que se pierde el mensaje. Yo siempre pongo el ejemplo de un niño canario. Su madre le da el gofio, la mochila, el jugo, sale en guagua y habla con los compañeros en español. En el cole sigue hablando español en el recreo, sabe que su profesor es español, pero en clase está obligado a escribir y resolver ecuaciones en alemán. Este niño verá la escuela, que es un derecho básico, como algo de los alemanes. Este niño crece, consigue un trabajo importante, y cuando habla de su vida profesional explica todas las cosas en alemán. Eso crea un complejo de inferioridad. No estoy en contra de que estudiemos idiomas extranjeros: el problema está cuando viene como un idioma de imposición y dominación. Se tiene que reforzar la política lingüística, pero primero estudiar el propio idioma y luchar contra el analfabetismo y el abandono escolar, que es mucho más importante en África que en Europa. Ahí está la base. El fula se habla en 20 países africanos por millones de personas y nadie tiene un título oficial.
Ahí hay una vinculación con el racismo y la desinformación.
El racismo no es un problema europeo, al igual que el machismo no es un problema africano. Según las condiciones del lugar se nota un problema más que otro, pero son problemas mundiales. La lucha viene a ser eficaz cuando se le pone palabra al problema porque lo que no se nombra parece que no existe. En Europa, el racismo últimamente está ganando terreno. Una parte es intencional y flagrante, la gente ya no se esconde y no le da vergüenza. Después está el racismo sin racistas: vas al consulado, te ponen muchísimas condiciones para viajar y al final es imposible. La cónsul o el cónsul te dice que esto es así desde los años 90, pero nadie se hace responsable de este sistema establecido, nadie lo asume y ahí se mantiene.
¿Cuáles son las barreras que encuentra como intérprete con menores?
Hay chicos que ya tienen la costumbre de asistir a clase. Hay otros que vienen con otra mentalidad: lo pasaban mal, querían trabajar y sabían que aquí hay más oportunidades, pero no sabían que no es un camino de rosas. Cuando llegan, se dan cuenta de que no es el país con el que soñaban. Hay gente buscando en la basura, hay pobreza, gente sin trabajo. Esto hay que saberlo antes de venir. Ahí es cuando es muy costoso cambiarles el chip.
¿Ha cambiado su percepción después de vivir aquí?
Yo me imaginaba como profesor de español en Senegal, pero no en España como migrante. Conseguí un visado de estudio, volví y me salió trabajo, aunque mi objetivo es seguir estudiando. No ha sido todo fácil, he tenido problemas y tuve que luchar sufriendo mucho racismo, pero he tenido la suerte de conocer gente que son parte de mi otra familia. Los vínculos, cuando se atan por el amor, van más allá del color de la piel, la sangre o la nacionalidad. He conocido a gente muy abierta y he visto una cultura que no ha perdido su parte tradicional, y eso me hace pensar que Canarias se parece más a lo que soy en mi país. El mundo es racista y los problemas van a seguir, pero me quedo con el lado bueno. Uno de mis lugares favoritos es Las Palmas y eso no me lo va a quitar el racismo, la xenofobia o la ignorancia.
Suscríbete para seguir leyendo
- Todos los barrios de Las Palmas de Gran Canaria por donde pasará el punto limpio móvil en febrero
- Desalojo en el campus de Tafira de la ULPGC tras el envío de un correo con amenazas terroristas
- El 70048 llega a Las Palmas de Gran Canaria: cuatro trabajadoras de una firma de moda pellizcan el segundo premio de la Lotería de Navidad en Mesa y López
- Las escuelas públicas de Las Palmas de Gran Canaria deniegan la matrícula a tres niños por ser sordos
- La humedad nos come': Las lluvias agravan la situación de unas viviendas en La Isleta a la espera de su reforma
- Las Palmas de Gran Canaria tramita la expulsión del concesionario de El Atlante tras detectar el derribo del local original
- Carolina Darias, sobre el cierre de la panadería Miguel Díaz: 'No es una decisión agradable, pero la legalidad no tiene atajos
- Las lágrimas de Carolina Darias al saber que Las Palmas de Gran Canaria es finalista a Capital Europea de la Cultura: 'Ha sido difícil, pero ha sido posible