Historia
Vegueta desvela sus memorias ocultas: una ruta por la esclavitud, la represión y el legado silenciado de Las Palmas de Gran Canaria
Una ruta histórica por el barrio de Vegueta profundiza en el legado problemático de la ciudad, desde la represión del colectivo LGBTIQ+ hasta el comercio de personas esclavizadas

La ruta histórica ‘Memorias Ocultas de Vegueta’, dirigida por Dieguito Flores, en una de sus paradas / Yolanda Melián Jiménez

La historia perdura en los adoquines, los edificios y las plazas de Las Palmas de Gran Canaria, aunque para descubrirla hay que saber cómo mirar. El barrio de Vegueta, con un casco antiguo que rezuma retales del pasado, protagonizó una ruta reciente para visibilizar ese patrimonio histórico que "levanta tensiones y dolores en una sociedad", por lo que a menudo ha sido silenciado. Dirigida por el guía y narrador oral Dieguito Flores, se adentró en las tripas de un legado que no siempre es halagüeño, pero sí es real: desde el auge económico del puerto ligado a la esclavización hasta los archivos de la represión del colectivo LGBTIQ+, pasando por las huellas borradas del primer burdel de la ciudad.
'Memorias Ocultas de Vegueta' es un recorrido enmarcado en la candidatura a Capital Europea de la Cultura 2031. A través de algunos espacios icónicos como la Plaza del Pilar Nuevo, la de Santa Ana o la de San Agustín, exploró la dicotomía de la ciudad y el archipiélago como territorio colonizado y colonizador.
Artistas esclavizados
La ruta arrancó, justamente, frente a la emblemática Casa de Colón. Al haber sido objeto de múltiples reformas, el edificio no conserva muchos de sus elementos originales, pero sí alberga temporalmente un cuadro de la Virgen del Pino que se atribuye –al menos parcialmente– a Francisco de Paula, un hombre esclavizado que trabajaba para el pintor y escultor Alonso Ortega.
Tal y como explicó Flores, no era raro que hubiese personas esclavizadas con formación en las artes cuya labor consistía en terminar, decorar o elaborar casi al completo los cuadros y las obras firmadas por otros. Eran, en otras palabras, artistas anónimos que trabajaban bajo las órdenes de aquellos que gozaban de una reputación. Pero la esclavitud tiene un trasfondo mucho más complejo y profundo enhebrado en las bases de la ciudad. Tanto es así que buena parte de su crecimiento económico se debió, precisamente, al comercio de personas.
La riqueza del puerto ligada a la esclavización
Una quinta parte del patrimonio de Pedro de Vera, quien fue gobernador de la Isla, procedía de las cabalgadas que se realizaban en el norte de África, una práctica que consistía en secuestrar personas para venderlas como esclavas. También la Iglesia recibía una parte de las ganancias. Si bien es cierto que se prohibieron con el paso del tiempo, los legisladores de la época volvieron a instaurarlas temporalmente como respuesta a la crisis económica que se desencadenó en la ciudad. El motivo no es ningún misterio: uno de los pilares del puerto, a lo largo de mucho tiempo, fue el comercio de personas de diversos orígenes.
Siguiendo esa línea, la ruta histórica continuó frente a la Catedral, donde se encuentran los restos de León y Castillo. Su legado ha sido tratado con admiración y benevolencia debido a sus contribuciones al desarrollo de la ciudad, por lo que goza de múltiples homenajes por toda Canarias. Pero no suele aludirse al papel que jugó en el negociado con Francia por el reparto de África, entre otros pasajes coloniales que han sido condenados al olvido.
Los archivos del colectivo LGBTIQ+
Subiendo por la misma Plaza de Santa Ana se encuentra otra cara oculta de la historia: el archivo que recoge los casos relacionados con el colectivo LGBTIQ+ en el contexto de la ley franquista de Vagos y Maleantes en Canarias. Entre otros aspectos, que hasta ahora se han investigado poco, se encuentran los escritos que aún se conservan de las cárceles o campos de concentración de la época.
También allí están los documentos más antiguos –que se remontan hasta el siglo XVI– vinculados a la sodomía o la pederastia, que solían relacionarse erróneamente con la homosexualidad. Asimismo, los documentos revelan una desproporción en las penas que se aplicaban a cada persona por mantener relaciones homosexuales. Mientras que un esclavista no podría volver a tener esclavos, una persona esclavizada era condenada a muerte.
A poco que se indaga en estos archivos resulta fácil encontrar conflictos. Ocurre nada menos que con los nombres propios, ya que las personas esclavizadas aparecen con aquellos que les fueron impuestos por la tradición católica. En cuanto a las personas trans, los registros recogen solo los nombres que les fueron asignados al nacer, con los que no se identificaban.
La memoria borrada del primer burdel de la ciudad
Aquello de lo que apenas se habla todavía perdura en las placas, los monumentos y los edificios de tantas maneras que podrían llenarse cientos de libros. Pero apenas se ha escrito sobre los burdeles y las mujeres que los habitaban, relegando a los márgenes a todo lo que resultaba controversial. Es el caso de Pino Reyes García, quien también fue una de las apoderadas que defendió la democracia durante el golpe de estado franquista.
El primer burdel de la ciudad, también conocido como casa de arrepentidas, estaba ubicado en la Plaza San Agustín. En su momento, estos locales pertenecían a la Corona, por lo que buena parte de las grandes sumas de dinero que movían estaban destinadas a la monarquía y al Cabildo.
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