Las voces del callejero
Un mapa y una caja de creyones: la historia detrás de los nombres estelares de las calles del Risco de San Juan
Los nombres del callejero son el resultado de una asociación vecinal muy activa que buscaba mejorar su barrio hace cuarenta años. Echando mano de un mapa, una caja de creyones y pintura negra, el exvocal de la asociación vecinal Pepe Sánchez dio a las calles el nombre de los horóscopos y las estrellas.

La calle Real de San Juan, antes del asfaltado, en una fotografía antigua / LP/DLP

Las calles del Risco de San Juan, en Las Palmas de Gran Canaria, tienen un universo de nombres que crean una constelación en el mapa del barrio. Con la Plaza del Sol Naciente como punto de mira y los horóscopos repartidos en los carteles de distintas vías, se suman nomenclaturas como Estrella Polar o Centauro, además de otras denominaciones que aglutinan nombres propios y árboles frutales. La mezcolanza no es fruto del azar: su historia está enraizada en una asociación vecinal muy activa que se movilizó para conseguir mejoras entre los años ochenta y noventa del siglo pasado. En aquel entonces, muchas de las calles estaban aún sin asfaltar y tampoco tenían nombre.
Algunas de las vías fueron nombradas gracias a los usos rutinarios y el habla común, por lo que recibieron el apellido de las familias que empezaron a construir las casas. Muchos números estaban puestos al azar, lo que multiplicaba las complicaciones para los trabajadores de correos, la administración pública o los propios vecinos. Sin embargo, a fuerza de costumbre, terminaron viéndolo como parte de su cotidianidad.
"Un barrio gris" mapeado con colores
El entonces vocal de la asociación vecinal, Pepe Sánchez, se propuso hacer un cambio. Tal y como cuenta, San Juan solía ser "un barrio gris" donde "estaba todo por hacer", empezando por colocar placas para identificar cada una de las vías. El problema es que, al acudir a la administración que tenía competencias en esta materia, le comunicaron que no había suficientes funcionarios para encargarse de esa labor. Por ese motivo, decidió asumirla por su cuenta.
Con un plano que obtuvo a través del Cabildo y una caja de creyones, recorrió los callejones que todavía no habían sido nombrados y les asignó un color a cada uno. La primera idea fue nombrarlos en referencia a los signos del horóscopo, pero la cantidad de vías que quedaron pendientes obligó a buscar otras alternativas. Siguiendo esa misma línea, se decantaron por el campo semántico de las estrellas y las constelaciones. Es por ello que el local de la asociación cultural fue bautizado como Luna Llena y uno de los parques de San Juan recibió el nombre de Las Cometas.

Pepe Sánchez, antiguo miembro de la asociación vecinal, frente a la placa de la Plaza del Sol Naciente / José Pérez Curbelo
Moldes de letras y pintura negra
Una vez concluido el listado, la asociación lo presentó ante el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y se llevó la propuesta a las comisiones y al Pleno, donde fue aprobada.
Los pasos entre medias hicieron que los plazos se dilataran, por lo que la asociación volvió a mover ficha, adelantándose a la colocación de las placas oficiales: compraron moldes de letras en una ferretería y rotularon los nombres con pintura negra, tanto al principio como al final de cada vía, para que "la gente se fuera acostumbrando a que ese era el nombre de su calle", resume Sánchez.
Un asfaltado renovado
Otro de los problemas por el que luchó la asociación vecinal fue el asfaltado de las calles. Tal y como rememora Sánchez, apenas había tres vías con un piche que estuviese, más o menos, en condiciones: Real de San Juan, Batería de San Juan y Camino a Polvorín. Mientras tanto, algunas de las otras calles todavía eran caminos de tierra y otras tenían un asfaltado antiguo que no dejaba de deteriorarse por la humedad que hay en el risco.
Los vecinos del barrio iban haciendo arreglos y colocando parches que también terminaban por estropearse en poco tiempo, lo que evidenció la necesidad de una intervención más profunda. Esas reformas llegaron gracias a la insistencia de la asociación vecinal y las distintas manifestaciones que organizaron, de modo que el resto del barrio al fin tuvo el asfaltado que requería.
El toque de César Manrique que no llegó a tiempo
Los cambios en el risco eran inminentes y las ganas de trabajar de la asociación rebosaban por todas partes. Llegaron incluso a hablar con César Manrique para proponerle la renovación estética del barrio que, asegura Sánchez, "le encantó".
Desgraciadamente, el artista falleció antes de poder hacer el viaje para implicarse en el proyecto. Sin embargo, la inspiración no se quedó en el tintero y sirvió para dar un merecido lavado de cara a San Juan.
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