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¿Quién fue Mesa y López? Esta es la historia del político que da nombre a una de las avenidas más importantes de Las Palmas de Gran Canaria

Una historia de poder, política y olvido escondida en plena capital

José Mesa y López, abogado y político

La Provincia

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Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Las Palmas de Gran Canaria

Miles de personas la cruzan cada día. Algunas compran, otras viven, otras simplemente atraviesan la avenida con prisa camino a la playa o al trabajo. Pero muy pocas se preguntan quién fue el hombre que le otorga el doble nombre a ese paseo: Mesa y López. Ni una estatua, ni una gran biografía a la vista. Solo una avenida extensa, vital, conectada con la historia moderna de Las Palmas de Gran Canaria.

El divulgador Luis Cabrera, creador del proyecto @historiaparagandules, ha desvelado en sus redes una historia tan desconocida como reveladora. “Estamos en una de las calles más conocidas de Gran Canaria, pero muchos desconocen por qué”, afirma al inicio del vídeo. Lo que sigue es un viaje al siglo XIX, a los salones del poder insular y a los pasillos del colegio San Agustín. Un recorrido por la vida de un político que marcó la historia y acabó relegado a una placa.

Un ascenso a la alcaldía

José Mesa y López nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1877, en el seno de una familia acomodada y profundamente vinculada a la élite política y educativa de la época. Su padre, Diego Mesa de León, dirigía el prestigioso Colegio San Agustín, donde el joven Mesa estudió junto a futuras figuras del panorama canario. Su madre, Luisa López Massieu, era hija de Antonio López Botas, fundador del mismo colegio y también alcalde.

No sorprende, por tanto, que José Mesa se formara primero como abogado y más tarde como profesor en el centro familiar. Acorde a la página oficial de la zona comercial, enseñó Historia, Lengua y Matemáticas antes de partir a Granada, donde terminó sus estudios en Derecho en 1897. En sus memorias, asegura que no tenía interés por la política. Pero el peso del apellido y las conexiones de su entorno le empujaron hacia ella.

Una carrera de poder ascendente

En 1912 acude a Madrid como parte de la Comisión Divisionista que impulsaba la creación de dos provincias canarias. Aunque no se logró entonces, marcó su entrada en la esfera pública. Tres años después, en 1915, se convierte en consejero del Cabildo de Gran Canaria y, en 1916, es elegido su presidente, convirtiéndose en el segundo en ostentar ese cargo.

Mesa y López fue ascendiendo en la política insular con velocidad. Tras la muerte de Fernando León y Castillo, lidera el Partido Liberal Canario y es considerado uno de los hombres más poderosos de la provincia oriental. Llega a ocupar la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria en dos ocasiones: la primera entre 1922 y 1923, y la segunda entre 1929 y 1931.

Modernización, conflictos y retirada

Durante su primer mandato como alcalde, uno de sus principales objetivos fue el saneamiento de la Hacienda Pública y la modernización urbanística de la ciudad. Encargó al arquitecto Miguel Martín-Fernández de la Torre un ambicioso plan de ensanche desde Bravo Murillo hasta la playa de Las Canteras. Sin embargo, el estallido de la dictadura de Primo de Rivera truncó el proyecto.

En su segunda etapa al frente del consistorio (1929-1931), destacó por su impulso a infraestructuras como la carretera al Puerto de La Luz. Pero, con la llegada de la Segunda República, pierde poder y funda el Partido Popular Agrario Autónomo, de tendencia monárquica y conservadora. En 1933 consigue un escaño como diputado en el Congreso, aunque solo permanece allí dos años.

El franquismo y su final político

Luis Cabrera recuerda un giro final inesperado en su trayectoria. Mesa y López se mostró favorable al golpe de Estado de Franco, pero el nuevo régimen desconfiaba de las viejas élites liberales. El franquismo le negó cualquier rol relevante en la nueva política insular. Así, se retira definitivamente y se refugia en su antigua profesión, la abogacía.

Muere en Las Palmas de Gran Canaria en 1951, a los 74 años. Su legado, más allá de las decisiones urbanas o los cargos institucionales, quedó difuso, sin descendencia ni monumentos destacados. Sin embargo, un año antes de su muerte, en 1950, se empieza a construir la avenida que llevaría su nombre.

La Avenida José Mesa y López, como hoy la conocemos, fue proyectada como parte del ensanche de la ciudad y de su modernización urbana. Hoy es un eje comercial, residencial y peatonal clave de la capital. Pero el rastro de su nombre se ha convertido en costumbre, no en memoria.

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