Fiestas
La romería del Carmen de La Isleta recupera los animales y suma a los bailarines de Sabinosa
La celebración reunió a vecinos, agrupaciones folclóricas y carretas solidarias en un recorrido marcado por la devoción a la virgen del Carmen, la música tradicional y el ambiente de unión vecinal

Gretel Morales Lavandero

La romería del Carmen desfiló ayer por las calles de La Isleta con dos novedades: el regreso de los animales y la invitación de los bailarines de Sabinosa. La cita comenzó en la explanada de El Sebadal entre el bar Díaz y la base militar, y finalizó en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen para entregar la ofrenda a la virgen. «Ella es lo más grande que hay», afirmó el vecino Carmelo Sánchez. En opinión del isletero las fiestas del Carmen son para el barrio un sentimiento profundo y no una cita más en el calendario. Y la romería es uno de esos eventos del programa que acumula un especial cariño, ya que las calles se convierten en un jolgorio de trajes típicos, música, bucios y baile.
El carácter solidario también marca la diferencia. Los romeros donan alimentos no perecederos, que transportan en las carretas para las personas más necesitadas. Asimismo, desde la carreta dedicada a las fiestas del Carmen, La Naval, Los Dolores, San Lorenzo y el Pilar organizaron una ofrenda floral a la virgen al finalizar el recorrido. Es la primera vez que cuatro fiestas de la urbe se unen para apoyar la celebración marinera de La Isleta. «No hay rivalidad y todos somos fiestas de la ciudad», expresó el presidente de la comisión de fiestas del Pilar de Guanarteme, Simón Alejandro.
En primera línea se encontraban los bailarines del Sabinal, que se estrenaron en el festejo. «Es un orgullo para nosotros porque es una romería muy importante», afirmó Marta Ramírez, miembro del grupo. Sí habían participado en La Naval, pero tenían la espinita de hacerlo en la romería dedicada al Carmen, una de las figuras con más fervor popular en Canarias.
La virgen en la piel
Para Cristo García la incorporación de los bailarines herreños fue todo «un acierto». Aunque este vecino de San Juan no opina lo mismo del regreso de los animales, una decisión que genera división entre los romeros. «Me dan mucha pena», opinó. Con o sin estos nuevos integrantes, García no falta nunca a la celebración: «Una vez me dijeron que viniera, que me iba a gustar, y ahora año tras año estoy aquí». De hecho, ha perdido la cuenta de los años que lleva acudiendo a los actos del barrio portuario. Y es que no solo asiste por diversión, sino también por la veneración que siente hacia la virgen, que es tan grande que hace dos años se tatuó en el antebrazo el rostro de la talla isletera. «Siempre he sido muy devoto, mi abuela y mi bisabuela se llamaban Carmen», expresó.
La tradición por la figura de la madre de Cristo también la llevan en la sangre en la Agrupación Folklórica Ágora, de Telde. «Venimos de un municipio muy marinero», explicaron. Por ello, en el día de hoy también están en la Gran Embarcación en Taliarte. En este sentido, el grupo tenía preparado un repertorio tradicional y la canción Madre, dedicada especialmente a la virgen del Carmen. Para el presidente de la agrupación, León Hernández, lo que diferencia a la romería de La Isleta frente a otras es «lo engalanadas que están las calles». «Me sorprende lo bonitas que están, tan decoradas», observó.
Una romería de tradiciones
A lo largo del recorrido las banderas de la virgen decoraban los balcones. A su paso, muchos de los vecinos estaban alongados en las ventanas para no perderse la romería aunque fuera desde sus hogares. Por ello, para Carmelo Sánchez lo mejor de las fiestas es precisamente el ambiente de barrio unido. «Son muy tradicionales, que no es algo típico en una ciudad tan grande como esta, aquí están las madres con sus hijos, los vecinos...».
Los más pequeños, junto a sus padres, se acercaban al rebaño de 20 ovejas de Santiago Suárez. «A los niños se les nota en la carilla la ilusión porque no están acostumbrados a ver estos animales por aquí», expresó el ganadero. Sin embargo, Dylan Rivero, de tan solo 10 años está más que habituado a los animales de campo. Con su corta edad ya llevaba a Ligero y Arrogante, dos bueyes a los que él mismo puso nombre. «Es un profesional ya», aseguró con orgullo el padre, que recordó que empezó a controlarlos con tan solo cuatro años. Para Rivero no era un día cualquiera, sino que también celebró su cumpleaños. «Me parece buen plan venir de romería», destacó. Porque de cumpleaños, de aniversario o sin nada que celebrar, la romería del Carmen es para sus asistentes la celebración de un barrio en el que la cercanía vecinal sigue siendo la gran protagonista.
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