INMIGRACIÓN
El futuro incierto de las Casas regionales en Canarias
De las ocho centros territoriales que existieron en Las Palmas de Gran Canaria en la década de los 90, hoy solo perduran tres

Cabalgata de Reyes de Las Palmas de Gran Canaria, organizada por la Casa de Galicia en la década de los setenta. / La Provincia
La Casa de Galicia es la decana de las casas y centros regionales en Las Palmas de Gran Canaria. Este año, celebra su 75 aniversario por todo lo alto, pero para llegar hasta aquí ha debido de sortear numerosos obstáculos, incluido un incendio que devoró su sede en 2014. Más allá de disolverse logró resurgir de las cenizas con más fuerza si cabe. De las ocho casas regionales que llegaron a existir en la capital en la década de los 90, hoy apenas sobreviven tres. Pero ¿qué papel cumplen hoy estas entidades sociales y recreativas? Y ¿qué futuro tienen?.
Las casas regionales surgieron a finales del siglo XIX para dar amparo y espacios sociales a los inmigrantes españoles que sorteaban el Atlántico camino de Cuba y Argentina. Durante el siglo XX, proliferaron no solo en el exterior, sino también en nuestro país en zonas industriales. Impulsadas primero por el regionalismo, que defendía la lengua y la identidad cultural de cada región frente al centralismo de Madrid, y posteriormente por el franquismo para contrarrestar a ese nacionalismo incipiente. Salvo excepciones, las de la Península languidecen, mientras que las del Exterior siguen siendo estandarte de lo que fue un día la inmigración española.
Los centros regionales fueron espacios para relacionarse con otros paisanos y estar al tanto de lo que ocurría en la patria chica gracias a las noticias que llegaban con la prensa local y los viajeros. La Ley de Asociaciones de 1965 las declaró de «utilidad pública» y en el Franquismo se promovió su difusión por servir también de escaparate cultural y turístico de nuestro país y sus distintas regiones.
En Las Palmas de Gran Canaria, la mayoría de las casas regionales surgieron en la década de los 80 y 90, salvo la de Galicia y Andalucía, que lo hicieron con anterioridad. De las ocho existentes en ese periodo, solo quedan hoy la Casa de Galicia, la de Cantabria y la de Murcia, aunque con diferente presencia en la sociedad canaria.
Hoy siguen cumpliendo con su papel de espacio social, recreativo y de encuentro con los paisanos, pero los cambios sociales y la mejora de las comunicaciones y del precio de los viajes han contribuido a su declive. Otros factores como las dificultades económicas para su sostenimiento, la falta de nuevos socios, la inexistencia de un relevo generacional y diversos problemas internos han terminado por rematar a estas instituciones, que no podrían existir sin la ayuda que ofrecen sus comunidades de origen y las de recibimiento.
La Campaña de Reyes, un factor de impulso para la Casa gallega
El presidente de la Casa de Galicia Albino Aneiros reconoce que su contribución a la Campaña de Reyes es lo que ha dado visibilidad a la Casa en Canarias y, por ende, muchos de los premios que han recibido como la medalla de oro del Gobierno de Canarias este 2026. «Está atención a los niños es lo que nos ha diferenciado con otras casas regionales y es lo que nos ha dado más reconocimiento y potenciado en Canarias», dice.
La casa gallega recibe una ayuda de la Xunta por formar parte con su quehacer de Galicia Calidade, una marca creada por la comunidad autónoma para distinguir a los productos y servicios que destacan por su excelencia. Con ella solventa entre el 40 y 60% de los gastos que tienen, ya que la cuota de los socios es casi simbólica. «En el incendio se portaron muy bien», apostilla Aneiros, que añade que el centro y las actividades recreativas y culturales que realizan se sostienen gracias a los alquileres. Para la Cabalgata de Reyes reciben ayuda del Cabildo de Gran Canaria y del Ayuntamiento de la capital.
«Mantenemos el legado de los que nos precedieron. La ley de la galiedad, que exige un mínimo de socios, lo cumplimos de momento. Siempre es deseable que haya más miembros, por eso promocionamos el Camino de Santiago y el de Gáldar y realizamos actividades culturales», aclara Albino sobre el papel que siguen teniendo hoy en día como promotores de su región, pero consciente de la dificultad de atraer nuevos socios en un mundo donde «hay más facilidades para viajar y hay menos arraigo entre los jóvenes» por la tierra de sus orígenes.
El centro regional cuenta con una rondalla, un coro, un grupo de gaitas y otro de teatro con el que divulgar la cultura gallega.
Sobre el relevo generacional afirma que «estamos en ello», consciente de la dificultad de presidir un centro de estas características donde «hay que dedicarle mucho tiempo e ilusión» sin recibir nada a cambio.
La Banda Sinfónica Municipal y Antxo Pintos para festejar al patrón Santiago
La Casa de Galicia ha organizado para el sábado, día de Santiago de Compostela y de la comunidad gallega, un concierto en la trasera del parque de Santa Catalina, en el que actuarán la Banda Sinfónica Municipal con el músico gallego Anxo Pintos y el grupo SonDeseu. Una oportunidad para descubrir los sonidos gallegos de la mano de este compositor e instrumentista de la gaita, la zanfona y otros aparatos de viento. El concierto será a las 20.00 horas. Como cada año, los socios y amigos de la Casa de Galicia harán una ofrenda al santo en el cruceiro del parque San Telmo (10.30h) y un almuerzo en el bar social de la entidad. /L. S.V.
El presidente de la Casa de Cantabria Miguel Dubreui desde hace trece años relata, por su parte, que el centro fue fundado en los 80 por un director del Banco Santander y contribuyó a dar amparo a todo cántabro que venía a Canarias a buscarse la vida, incluso a los que lo hacían de paso hacía Cuba. «Hace años no era tan fácil viajar como hoy. Había que echarle tiempo y dinero. La gente se trasladaba para buscarse la vida y se amoldaba a la situación que encontraba. Buscaban un puerto momentáneo donde acogerse. Y así nació la Casa», relata.
Dubreui declara que la subvención anual que reciben de su autonomía les «permite subsistir». «El 80% de la cuantía va para el alquiler del local y para pagar la luz, el agua y el teléfono. En estos momentos no es imposible comprar el local», dice, mientras apunta que el dinero de las cuotas -unas 70 familias- contribuye a promover actividades culturales y sociales como el Coro de 20 componentes y a enseñar a las nuevas generaciones costumbres tradicionales como el juego de los bolos o de Las Marzas, una antigua forma de ligar entre los jóvenes.
Dubreui no cree que vayan a desaparecer. Ni siquiera por falta de relevo generacional. «Cuando los hijos están bajo la tutela de los padres van a la Casa regional y se relacionan con otros chicos de su edad. Luego cuando son adolescentes y jóvenes desaparecen, pero regresan cuando ya son padres con sus hijos», explica.
La creación de un Centro de Comunidades, la solución
El anterior presidente de la Casa de Galicia, Ricardo Villares Paz, llegó a hablar en enero de 2003 ante el Senado de las dificultades que tenían las casas y centros regionales para subsistir pese a ser «las mejores embajadas sociales, culturales y turísticas de sus respectivas comunidades autónomas». En su opinión, debían ser financiadas porque las pequeñas cuotas no solventaban los problemas económicos de estos centros territoriales, que funcionaban con el «trabajo sacrificado y altruista de sus miembros». En especial en Canarias, donde «las malas comunicaciones y los altos costes para desplazarse» impedían organizar incluso eventos entre islas. Villares requería «ayudas oficiales estables y por ley» para pagar al menos los alquileres y sostener el «patrimonio socio-cultural inmobiliario y de equipamientos»que estaba al servicio de las comunidades que acogían. Para solventar estos problemas, planteó la creación de un Centro de las Comunidades, donde la manutención y administración estuvieran al cargo de las respectivas casas regionales y de sus comunidades autónomas, pero cuyas instalaciones como bar, restaurante, gimnasio, biblioteca, piscina, entre otras infraestructuras, pudiera ser utilizado por todos los socios de los centros para aminorar gastos. El centro serviría de escaparate de la variada artesanía, gastronomía y folclore que existía en España.
Su propuesta no salió adelante. Las comunidades autónomas ya promovían su patrimonio cultural a través de las consejerías de Turismo y la aprobación de leyes para fomentar el asociacionismo como la de 2003 sobre Asociaciones de Canarias amparaba la gestión de estas entidades, que podían acogerse a diversas ayudas. La formalización de las asociaciones ya existentes y la aparición de otras nuevas provoque la tarta de las subvenciones se quedara pequeña para tanto comensal por lo que las Casas regionales deben de luchar cada año para obtener una ayuda que les permita ofrecer actividades a sus socios y a los no socios, dado su carácter abierto, lo que no es garantía de que se les otorgue siempre.
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