Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La casa de azulejos del 'runner' de La Isleta: la conmovedora historia de Juan Luis Cedrés Pérez

El conocido isletero dedicó años de su vida a crear un trencadís de azulejos en la fachada del hogar familiar donde creció. Desapareció en el mar hace tres años, pero la obra perdura gracias a una pareja que encontró su casa de ensueño reflejada en el mosaico.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Nayra Bajo de Vera

Nayra Bajo de Vera

Las Palmas de Gran Canaria

Entre las casas terreras de La Isleta destaca un brillante arcoíris fragmentado en miles de pequeños azulejos. Cuidadosamente esparcidos en la fachada como un puzle de colores, evocan al trencadís gaudisiano que convierte una vivienda familiar en una obra de arte cargada de matices. Esta joya creativa nació de la mente inquieta y las manos laboriosas de Juan Luis Cedrés Pérez, conocido y querido por muchos como uno de los runner más famosos de Las Palmas de Gran Canaria.

Juan Luis desapareció en el mar cerca de Las Coloradas el 10 de noviembre de 2023, a sus 64 años, cuando fue a pescar un día de fuerte oleaje. La búsqueda se prolongó durante meses sin éxito, pero eso no hizo mella en el cariño de su hermano Daniel, que lo recuerda a diario por ese espíritu imaginativo tan suyo. El barrio de La Isleta también conserva su recuerdo en la fachada de la casa que lo vio crecer, un proyecto al que dedicó años de su vida y al que le faltó poco para caer bajo las palas de una grúa.

La casa de azulejos del 'runner' de La Isleta

Detalle de la casa de La Isleta decorada con estilo trencadís / Andrés Cruz

Artista autodidacta, runner y manitas

Se trata de la casa de su madre, el hogar donde transcurrió toda su vida y que él convirtió en un lienzo cambiante para probar distintos estilos artísticos. Daniel rememora que Juan Luis se volcó especialmente en su última idea: un gran mosaico de azulejos partidos. Algunos pedazos llegaron a sus manos como un regalo de sus vecinas y vecinos, ya que Juan Luis era conocido no solo como runner, sino por ser todo un manitas.

"Él se dedicaba a hacer trabajos para la gente del barrio, pintaba las fachadas de los vecinos, ayudaba mucho en la panadería... Siempre se llevaba bien con la gente, incluso le hicieron un homenaje y pusieron una pancarta con su rostro en las Fiestas del Carmen, que yo la tengo guardada", relata Daniel, a lo que añade: "Ayudaba mucho a Pepe Dámaso con cosas de la casa y él lo recuerda a cada momento. Eran muy amigos ellos dos".

Juan Luis, durante una carrera en la ciudad

Juan Luis, durante una carrera en la ciudad / LP/DLP

La pérdida de la casa

Todos los días, Juan Luis se subía a una escalera y colocaba varias piezas de azulejos en la fachada, armando poco a poco un mosaico de colores en el hogar que lo vio nacer y crecer. Pero su proyecto se vio truncado después de años de trabajo cuando, al fallecer su madre, hubo que dividir la herencia entre los cinco hermanos. Daniel intentó por todos los medios conservar la casa, donde también vivían su mujer y sus nietos, pero al final se vieron obligados a venderla. "Él se derrumbó. Con todo lo que hizo por fuera le dolió un montón", lamenta.

A partir de entonces, la obra de Juan Luis corrió el peligro de perderse junto a los recuerdos que almacenaba la casa. El proceso fue largo, tedioso y complejo, y en él intervinieron Desokupa, una subasta y una reventa con dos potenciales compradores: un inversor que quería derribarla para construir un edificio de apartamentos y una pareja que la veía como la casa de sus sueños.

La pareja que rescató la casa

"Para nosotros, La Isleta es el barrio más bonito de toda la ciudad. Antes vivíamos un poco más arriba y salíamos a pasear por delante de esta casa. Yo siempre decía que era la casa de mis sueños. Cuando salió a la venta, hicimos todo lo posible por comprarla. Queríamos conservar tanto la casa como su fachada porque para nosotros era muy importante preservar su carácter y su historia", detalla Viviane, la actual dueña.

Detalle de la casa

Detalle de la fachada de la casa / Andrés Cruz

Poco después de haber comprado el inmueble, emprendieron unos trabajos de restauración que respetasen "el estilo y el espíritu del antiguo propietario". De este modo añadieron su pequeño toque personal con unos azulejos donde pone 'la casa con alma' o 'La Isleta', entre otros elementos, como parte de una pequeña tradición familiar: en cada viaje que hacen, su hijo escoge una pieza que luego colocan en la fachada a modo de recuerdo.

Cada día, cuando Daniel pasa por delante, se acuerda con cariño de su hermano. Ha podido visitar la casa desde que sus actuales propietarios la restauraron y asegura que "la dejaron muy bonita por dentro", dando continuidad a los arreglos que el propio Juan Luis no pudo terminar. Así permanece su recuerdo: a la vista del barrio donde pasó toda su vida, rodeado del cariño de los vecinos que tanto lo quisieron.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents