Las voces del callejero
El pequeño barrio de Las Palmas de Gran Canaria donde las calles dan la vuelta al sol
Naciente, Poniente, Atardecer o Anochecer son algunos de los nombres que reciben las calles de Las Perreras, un pequeño barrio de la ciudad donde la tranquilidad y las infraestructuras viejas dan la impresión de que el tiempo no pasa

Cartel de la calle Anochecer, en el barrio de Las Perreras / José Pérez Curbelo

Un pequeño núcleo de viviendas que cruza la carretera de Tamaraceite, en Las Palmas de Gran Canaria, amanece cada día entre hojas de palmera y unas vistas privilegiadas. El barrio de Las Perreras se asoma por la zona alta de la ciudad como lo hace el sol en el horizonte: desde Naciente hasta Poniente, pasando por Atardecer, Anochecer y Ocaso, los nombres de sus calles recuerdan al ciclo natural de los días, que transcurren con tranquilidad en un barrio donde hay costumbres de antaño que aún se conservan.
El porqué de la nomenclatura del callejero –que permite caminar por Horizonte, La Tarde o Madrugada– es una pregunta a la que pueden responder pocos vecinos; esos que cargan a sus espaldas con muchos años de vida en el barrio. El expresidente de la asociación vecinal, Juan Andrés Rodríguez, cuenta que la historia se remonta a principios de los años ochenta del siglo pasado, cuando "solo existía el nombre de Las Perreras y la carretera general", que estaba rodeada de "construcciones diseminadas y edificios contiguos".

Placa de la calle Naciente, en el barrio de Las Perreras / José Pérez Curbelo
El follón de tener calles sin nombre
La necesidad de asignarles nombres específicos llegó por pura practicidad, ya que "todo era un follón" para dar indicaciones. La gente todavía lograba apañarse porque "el cartero era siempre el mismo y ya sabía de dónde era cada uno", pero el paso del tiempo, la evolución del callejero urbano y el crecimiento de la ciudad no tardarían en demostrar que era muy necesario diferenciar las vías. Además, había una complicación añadida por la propia fisonomía del barrio, que se compone de grupos de casas diseminadas por arriba y por debajo de la carretera.
Muchas asociaciones vecinales de la ciudad se movilizaron entre los años setenta y ochenta del siglo pasado para hacer que los avances llegasen a sus barrios. Por aquel entonces, en Las Perreras se colocaron infraestructuras que los residentes reclamaron a las administraciones públicas, incluyendo el alumbrado o la red de alcantarillas.

Imagen antigua del barrio de Las Perreras, tomada entre la década de los cincuenta y sesenta del siglo pasado. / LPR
Como presidente vecinal, Juan Andrés asumió con naturalidad el proyecto de poner nombre a las calles. Su primera idea se basó en los puntos cardinales, pero esa nomenclatura ya existía en la ciudad, por lo que decidió dar un toque más poético a ese mismo concepto. "Como el sol nace aquí en el cementerio de San Lázaro, pues le pusimos Naciente. De ahí para abajo fui nombrando todas las demás calles", relata.
Un lugar donde el tiempo no pasa
Fue así cómo el pequeño barrio de Las Perreras logró encerrar una vuelta completa al sol. Pero, a pesar de ello, a veces da la impresión de que el tiempo no pasa. Al igual que solía hacerse antaño, Fran acude todos los días subido en su bicicleta, cargado con sacos de pan, para hacer sus entregas puerta por puerta. Las vecinas y vecinos le dan un puñado de monedas a cambio de las hogazas, y algunos le ofrecen un vaso de agua para afrontar el calor veraniego. "Esto es un sitio de paz", asegura Fran con la garganta fresca.
La tranquilidad del barrio se escucha con el crujir de la hojarasca a los pies, pero no llega por igual a todas las casas: las que están cerca de la carretera conviven con un constante trajín de coches y camiones de gran tonelaje sin apenas aceras.

Placa de la calle Naciente, en el barrio de Las Perreras / José Pérez Curbelo
Calles intransitables
Juan Andrés insiste en que hay muchos espacios que todavía están pendientes de urbanizar, como si los años nunca hubiesen transcurrido. "Existen calles que están intransitables, como Naciente. La gente, para llegar a su casa, tiene que entrar por el terreno de los vecinos", subraya.
Candelaria Pulido González –a quien todo el mundo conoce como Lali– corrobora que apenas ha habido cambios en los más de 50 años que lleva en Las Perreras. Piensa que no estaría de más renovar sus infraestructuras, pero que la lejanía del núcleo urbano permite que sea "una zona muy muy tranquila" que desprende calma con olor a café.

Placa de la calle Ocaso, en el barrio de Las Perreras / José Pérez Curbelo
Recuerdos de las charlas con café
Con el cacharro y la bolsa de grano molido entre las manos, mientras Lali prepara las tazas para ella y su hijo Heriberto, rememora aquellas costumbres sencillas que es "una pena" que se hayan perdido. "Antes nos sentábamos ahí, donde están las escaleras y la valla. Cuando era el momento del café, veníamos todas las vecinas que estábamos por ahí, todas, y nos íbamos a tomar café sentadas en el suelo, en los escalones", relata.
Más de medio siglo de charlas y conocimiento popular dan para conocer muchas historias. Lali y Heriberto cuentan que el nombre del barrio se debe a que mucha gente venía antiguamente a la zona para abandonar perros, por lo que siempre ha habido animales en las zonas aledañas.
Quien lleva mucho menos tiempo en el barrio es Yolanda, ya que en diciembre hará apenas nueve años desde su mudanza. Ya cuando era pequeña solía frecuentar la zona para jugar con sus amigos y tirarse en los estanques, por lo que la nomenclatura no le resulta del todo ajena. Se ha preguntado "un montón de veces" el motivo de esos nombres, aunque nunca ha sido algo que le haya quitado el sueño. Y es que la tranquilidad es, para ella, lo mejor de Las Perreras: "Al principio tenía que poner el despertador para poder levantarme tempranito del silencio que había".
Suscríbete para seguir leyendo
- Todos los barrios de Las Palmas de Gran Canaria por donde pasará el punto limpio móvil en febrero
- Desalojo en el campus de Tafira de la ULPGC tras el envío de un correo con amenazas terroristas
- El 70048 llega a Las Palmas de Gran Canaria: cuatro trabajadoras de una firma de moda pellizcan el segundo premio de la Lotería de Navidad en Mesa y López
- Las escuelas públicas de Las Palmas de Gran Canaria deniegan la matrícula a tres niños por ser sordos
- La humedad nos come': Las lluvias agravan la situación de unas viviendas en La Isleta a la espera de su reforma
- Las Palmas de Gran Canaria tramita la expulsión del concesionario de El Atlante tras detectar el derribo del local original
- Carolina Darias, sobre el cierre de la panadería Miguel Díaz: 'No es una decisión agradable, pero la legalidad no tiene atajos
- Las lágrimas de Carolina Darias al saber que Las Palmas de Gran Canaria es finalista a Capital Europea de la Cultura: 'Ha sido difícil, pero ha sido posible