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Historia

La cara más tenebrosa de la capital

Las Palmas de Gran Canaria guarda entre sus calles historias que el paso del tiempo ha dejado casi en el olvido. Eduardo Reguera rescata en ‘Guía de una ciudad olvidada’, un viaje por los episodios más oscuros de la capital entre los siglos XIX y XX, donde la crónica histórica se mezcla con la atmósfera de la literatura.

La plaza de Santa Ana entre 1890 y 1900. | FEDAC

La plaza de Santa Ana entre 1890 y 1900. | FEDAC

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Gretel Morales Lavandero

Gretel Morales Lavandero

Las Palmas de Gran Canaria

Sofía Inglott agonizó durante una semana antes de fallecer el 4 de octubre. Su asesinato fue un revuelo en la Triana de 1880. La joven era profesora de piano y al entrar en el zaguán su alumna le disparó a bocajarro para después quitarse la vida. El motivo del dramático suceso fueron los celos. Inglott acababa de comprometerse con el tío de la autora del disparo, que estaba profundamente enamorada de él. Las Palmas de Gran Canaria esconde muchas historias tenebrosas, que han quedado en el olvido tras años de historia. Guía de una ciudad olvidada, el nuevo libro de Eduardo Reguera, rescata la trágica historia de la pianista junto a otras 17 más, a través de un recorrido por la ciudad del siglo XIX y XX.

El libro es una continuación de Guía de una ciudad invisible, publicado en 2025 y que a través de sus capítulos contaba los sucesos más destacados que ocurrieron en la capital. En este último volumen ha recopilado algunos de los episodios más oscuros como los incendios del Teatro y el cinematógrafo. «He sido un poco más siniestro». El autor opta por adentrarse en episodios históricos marcados por la tragedia. Reguera reconoce que ha querido construir un recorrido apostando por una narrativa que tensiona la frontera entre la crónica histórica y la recreación literaria.

El autor parte siempre de hechos reales y contrastados, pero introduce un elemento diferencial: la narración en primera persona. Se sitúa a sí mismo como un observador que viaja en el tiempo y presencia las consecuencias de los acontecimientos. No se trata solo de recrear el momento exacto del suceso, sino de captar su atmósfera posterior, el rastro que deja en la ciudad.

La calle Triana con el Hotel Central a la izquierda. | FEDAC

La calle Triana con el Hotel Central a la izquierda. | FEDAC

De esta manera se sitúa el día en el que Dolores Martín Rodríguez murió una mañana de 1923 en el Hotel Central. La causa de la muerte: envenenamiento. El fallecimiento de la empleada fue un accidente doméstico al confundir el ácido con agua, pero por unas horas se vivió una profunda conmoción en el reconocido alojamiento de Triana. Otro ejemplo es la reconstrucción de incendios históricos, como el del teatro en 1918, donde el autor se ubica en un velero frente al edificio, esperando el momento en que las llamas lo consumen. Reguera define su método como una combinación de investigación previa y una «pequeña dosis de ficción» que ayuda a completar los vacíos inevitables del registro histórico.

El escritor Eduardo Reguera publica el libro ‘Guía de una ciudad olvidada’ con 18 historias cortas

Uno de los capítulos más importantes es el origen de los perros de la plaza de Santa Ana. Son muchas las leyendas que circulan sobre las icónicas estatuas del casco histórico. Algunos de los rumores más conocidos tienen que ver con la donación por parte de un capitán de barco en agradecimiento a la ciudad por los servicios prestados, o también, que fue un regalo de la familia Miller. Sin embargo, los archivos históricos no recogen ninguna de estas historias, al igual que no existen expedientes ni facturas. Tras pesquisas del escritor, Reguera dio con un anuncio, publicado en 1895, que informaba que Felipe Massiu Falcón, el alcalde de aquel momento, había mandado a traer «unas esculturas para decorar la plaza».

Además de incluir episodios más conocidos por la población, el libro incorpora hallazgos inesperados. Durante su investigación, el autor se topó con historias que desconocía, como la de una carta oculta en un neceser del siglo XIX perteneciente a una figura relevante de la ciudad. Ese equilibrio entre lo conocido y lo oculto constituye uno de los pilares del libro. Con esta filosofía, el último capítulo del libro enumera 66 tumbas del Cementerio de Vegueta, donde descansan gran parte de los personajes ilustres de la historia de la ciudad. De esta forma, Reguera no se limita a reproducir hechos históricos, sino que los recontextualiza, ofreciendo nuevas lecturas y perspectivas. Su objetivo no es solo informar, sino también provocar una experiencia en el lector, invitarle a recorrer la ciudad desde una mirada distinta, más atenta a sus sombras.

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