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Movilidad

"Tuve que venir caminando por el barranco": San Lorenzo reclama más guaguas para dejar de depender del coche

Los vecinos de San Lorenzo denuncian la falta de coordinación y horarios que dificultan el regreso a casa, obligando a caminatas nocturnas

Línea 46 de Guaguas Municipales a su paso por la Carretera de San Lorenzo, en Las Palmas de Gran Canaria

José Pérez Curbelo

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Alejandra H. Castillo

Alejandra H. Castillo

Las Palmas de Gran Canaria

"Ese día vine caminando por el barranco", narra David Santana, un residente de San Lorenzo que una tarde, al salir a deshora del trabajo, descubrió que había perdido la guagua de vuelta al pueblo. Este imprevisto le supondría una espera de una hora hasta la siguiente, por lo que decidió coger otra línea que le dejó cerca del centro comercial Alisios, desde donde realizó una caminata digna de una romería hasta su casa. Esta vivencia no es única: la mayoría del pueblo, que se ve con la necesidad de tener un coche, la experimenta cada día.

Las fiestas del pueblo permiten que durante su celebración, en el mes de agosto, haya una ampliación de horarios para facilitar la movilidad de los asistentes. Los residentes se preguntan por qué algunos de estos servicios no pueden permanecer durante el resto del año.

En un día habitual, San Lorenzo cuenta con dos líneas de transporte público que realizan recorridos similares. La línea 335 de Global conecta la Estación de San Telmo con el Intercambiador de Tamaraceite y pasa por puntos del pueblo como la parada situada frente al parque, así como por zonas de La Milagrosa y Almatriche. A su vez, la línea 46 de Guaguas Municipales enlaza Tamaraceite con Siete Palmas uniendo el intercambiador del distrito con la zona comercial de Felo Monzón.

Horarios que se solapan

Los horarios oficiales de las líneas muestran que ambas tienen una frecuencia de un servicio a la hora con una diferencia de unos 20 minutos entre la salida de una y la de la otra. A simple vista puede parecer que están coordinadas, pero según dicen los vecinos del pueblo, como Bárbara Suárez, "al llegar a San Lorenzo estas líneas coinciden de manera notable en su horario de paso". Esto, muchas veces, lugar a lo que describe como "un margen de menos de diez minutos e incluso cinco cuando pasa la siguiente".

Guaguas Municipales línea 46 pasando por San Lorenzo el viernes 14 de agosto

Un vehículo de Global circula por San Lorenzo. / José Pérez Curbelo

La Asociación Lugar de Lugarejo propone una mayor coordinación y una ampliación del margen a unos 20 o 30 minutos entre la llegada de ambas guaguas al pueblo. El secretario del colectivo vecinal, José García, alerta sobre la incertidumbre que genera el fin de la concesión de servicio público a Global, que caduca en 2027 e insiste en que "no se sabe qué va a pasar después", si continuarán las líneas como hasta ahora, las cubrirá una nueva empresa o finalmente "Guaguas Municipales tendrá que asumir servicios".

García recuerda que las reivindicaciones vecinales vienen de lejos: "Llevamos años con la lucha", lamenta. Entre las propuestas, llevar el recorrido de la 46 "por lo menos hasta el Negrín", además de ampliar la línea L3 hasta San Lorenzo en lugar de finalizar en Siete Palmas, dada la necesidad de una línea nocturna presente "al menos en las madrugadas del viernes hasta el domingo".

"Llevamos años con la lucha"

José García

— Secretario de la Asociación de Vecinos de San Lorenzo

La falta de conexiones afecta especialmente a quienes trabajan o realizan actividades de ocio fuera del pueblo y se encuentran sin una conexión directa cuando las líneas dejan de circular. Jóvenes como Claudia Hernández lamentan las limitaciones que esto causa: "No puedo llegar a la hora que quiero a mi casa".

Para los vecinos, el problema no es solo cuánto tarda en llegar una guagua, sino si esa guagua llegará a tiempo para que puedan volver a casa. La falta de coordinación, las conexiones nocturnas y unos horarios que dejan poco margen hacen que desplazarse desde o hacia San Lorenzo termine siendo una cuestión de improvisación en la que, como le pasó a David Santana, un sendero habitualmente usado para correr o para las romerías acaba conviriéndose en una ruta de regreso a casa.

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