Las camisetas de fútbol y los sombreros típicos se han convertido en animadores involuntarios de la intensa campaña electoral venezolana, en la que los candidatos han adoptado un estilo informal en su batalla por llegar a la presidencia del país.

En unas elecciones marcadas por el luto tras la muerte del presidente Hugo Chávez, el candidato oficialista, Nicolás Maduro, recorre el país con una colección de llamativos sombreros, generalmente típicos de la región que visita.

La nota la dio esta semana cuando abrió un acto en el estado central de Vargas con un sombrero de paja que llevaba un pájaro artificial pegado en su parte superior, en un guiño tras haber dicho al inicio de la campaña que Chávez se le había aparecido en forma de un "pajarito".

En un acto el fin de semana en el estado de Amazonas, con amplia población indígena, sorprendió al llevar en su cabeza un colorido sombrero de plumas, regalo de un grupo de aborígenes de la región.

"Yo a estos símbolos los siento en mi alma", dijo llevando sus manos al sombrero. "Yo soy Maduro, el indio brazo duro", afirmó en medio de los aplausos de la multitud.

Maduro, un hombre fornido y de gran altura, dueño, además, de un espeso bigote, abandonó los trajes de su época de canciller y tras ser ungido por Chávez como su heredero político adoptó un estilo informal, donde mandan las guayaberas y el color rojo característico del chavismo.

Con sombreros que lo distinguen de la multitud en las caravanas de campaña que realiza a diario, Maduro canta, baila y hasta se anima a contar anécdotas, emulando el estilo de Chávez.

Este hombre de 50 años y con reputación de hábil negociador es el favorito para las elecciones de este domingo, con una ventaja en los sondeos de al menos 10 puntos frente a su rival más inmediato, el líder opositor Henrique Capriles.

Su bigote y su reciente afición por los sombreros le han valido comparaciones con el depuesto presidente hondureño José Manuel Zelaya.

Por su parte, Capriles mantiene el estilo informal de la campaña para las pasadas elecciones de octubre, usando la característica gorra tricolor junto con camisetas de la selección venezolana de fútbol y de los equipos de las ciudades que visita.

La semana pasada apareció con la camiseta de rayas negras y blancas del Zamora en su visita a Barinas, la tierra natal de Chávez.

Capriles vistió esa camiseta pese a que el patrocinador de ese equipo es la petrolera estatal PDVSA y el presidente del club es Adelis Chávez, uno de los cinco hermanos de Hugo Chávez.

"Barinas derrotó el miedo. Aquí está el futuro. A los que creían que no teníamos pueblo en Barinas, aquí está el pueblo", dijo en esa oportunidad.

A ojos de los analistas, más que una contradicción el uso de una camiseta con el logo de PDVSA o la decisión de llamar Simón Bolívar a su comando de campaña encierran un llamado a la unidad en un país fuertemente dividido.

"Al ponerse una franela (camiseta) de PDVSA intenta enviar una simbología de que no existen parcelas propias del chavismo. Está buscando enviar un mensaje de integración y de convocar a los independientes", declaró a Efe el analista Luis Vicente León, presidente de la consultora Datanálisis.

Con esta estrategia apunta a reducir la brecha que pronostican las encuestas y a aumentar el caudal de votos obtenido en octubre, cuando pese a quedar a 11 puntos de Chávez logró la mejor votación de la oposición en la era chavista.

Entre sombreros y camisetas, Capriles y Maduro seguirán recorriendo el país hasta el 11 de abril, cuando concluye la campaña.