Varios españoles se encontraban este lunes en Boston participando en el maratón cuando sucedió la tragedia. El atleta paralímpico Santiago Sanz, el redactor de Levante-EMV, Javier Pinés, el gallego Fernando Abreu, el asturiano Mario Marín y el alicantino Santiago Sanz nos narran su experiencia.

Santiago Sanz

Santiago Sanz nació ayer de nuevo. Lo hizo en Boston, a miles de kilómetros de su Albatera natal y tras recorrer los 42.195 metros de la maratón más antigua del mundo. El atleta paralímpico alicantino cruzó la línea de meta apenas tres horas antes de que dos bombas explosionaran causando 3 muertos y 140 heridos. Lo hizo el primero dentro de su categoría con un crono de 1h56'36''. En aquel momento todo era felicidad por la gesta alcanzada y nada hacía presagiar la tragedia que acontecería poco después.

El momento de la explosión le pilló en la habitación del hotel. "Me impresionó el fuerte estruendo aunque no le di importancia, no pensaba que podía ser una bomba. Sólo cuando bajé a la recepción del hotel y vi a la policía acordonando la zona me enteré de lo que había sucedido", señala en tono triste aunque aliviado.

"Los atletas en silla de ruedas entrábamos a meta por el lado de las explosiones. Yo cruzaba la línea de meta sobre las 11 de la mañana y eso ocurrió sólo tres horas depués. Se me pone la piel de gallina sólo de pensar lo que podía haber ocurrido", recuerda afligido. Señala que sólo sintió miedo cuando "comenzaron los rumores de que estaban desalojando un hotel. Fue después, al ver las imágenes por televisión, cuando fue consciente de que "podía haber sido una carnicería".

En cuanto al ambiente que se respira en la calle y a su propio estado de ánimo señala que "es un día muy triste. No hay nada que celebrar ni destacar sobre esta prueba ya que la tragedia ha marcado el día festivo del estado de Massachusets. Quiero enviar mis condolencias a los familiares de las personas que han fallecido y de aquellas que han resultado heridas".

El alicantino vuela hoy a Atlanta y en Snellville (Georgia) donde proseguirá con sus entrenamientos antes de regresar en unas semanas a la competición y aunque no se considera supersticioso, no puede dejar de recordar que la de ayer era la maratón número 13 de su carrera deportiva.

La experiencia de Javier Pinés

El día perfecto en Boston se truncaba ayer en solo unos segundos. La 117 maratón de Boston pasaba de ser una auténtica fiesta del deporte a un nefasto día que muchos tardemos en olvidar. Poco más de cuatro horas después del inicio de la prueba, dos explosiones sacudían uno de los acontecimientos deportivos más importantes del panorama del atletismo. Apenas veinte minutos antes habíamos cruzado la meta para culminar una carrera en la que todo había salido bien. La carrera idónea con una meteorología también idónea para acabar los 42,195 kilómetros más carismáticos con el apoyo incondicional de un público totalmente entregado. De hecho, este maratón es el segundo evento más seguido en EE UU tras la Super Bowl.

Dos deflagraciones casi simultáneas lo cambiaban todo. Cuando aún estábamos vestidos de corto, a apenas 600 metros de la línea de llegada nos sorprendía el atentado. Momentos iniciales de confusión que en breves minutos se transformaban en una evidente preocupación y en una situación de pánico. Sin apenas información de lo que sucedía, nos limitábamos a abandonar la zona sin una sensación real de peligro.

Pero la llegada de las primeras ambulancias, junto con las primeras carreras de un público aterrorizado, lo cambiaron todo. No obstante, la confusión era total y la gente no dejaba de preguntarse qué había sucedido. Algo que se hizo obvio con el amplio despliegue, tanto policial como militar y médico. Las primeras escenas de pánico se reflejaban en continuas llamadas de teléfono para localizar a amigos o familiares. Pero realmente, la incertidumbre inundaba todo sin saber qué ocurría.

Las indicaciones de las fuerzas de seguridad fueron claras. Acotaron la zona circundante a las explosiones sin dejar acercarse a nadie a menos de un kilómetro. El desalojo no fue lo caótico que se podía prever, pero la cara de preocupación de todos los asistentes era más que clara. Una vez de regreso en el hotel y con las primeras informaciones fidedignas, tomamos conciencia de lo realmente acontecido. Habíamos vivido la desgracia en primera línea.

A la hora de cerrar esta edición nos llegaban recomendaciones de no acudir a concentraciones públicas y mantenernos en los hoteles. Y el cierre del espacio aéreo aumentó la incertidumbre entre el grupo de españoles y valencianos desplazados hasta la ciudad para participar en la carrera.

Fernando Abreu: "Si hubiera llegado un poco más tarde me habría pillado a mí"

Fernando Abreu, atleta y músico natural de Salvaterra de Miño, no olvidará su maratón número 13, que completó ayer en Boston apenas 20 minutos antes de que se produjeran las explosiones. "Si hubiera tenido un mal día y hubiera ido un poco más lento, me habrían pillado a mí de lleno", relataba, a un tiempo aliviado y sorprendido de que, pese al "jaleo de policías y ambulancias" que invadió el centro de la ciudad, la gente continuase su vida con normalidad, "como si nada".

Oyó las detonaciones desde un parque situado "a unos 500 metros" de la línea de meta donde se produjeron. "Grababa un vídeo para Facebook y, aunque me sorprendió, en principio atribuí el ruido a alguna obra o algo así", recordó.

"Poniendo una bomba aquí se entera todo el mundo"

El asturiano Mario Marín, de 40 años, participó en la maratón de Boston en cuya llegada explotaron dos bombas. "Terminé la maratón como siempre, muy cansado, medio mareado, me puse algo de ropa y fue después de ducharme cuando me enteré de que habían explotado las bombas. Calculo que debió de ser una hora después de que acabara yo de correr", explicaba este experimentado maratoniano asturiano.

Un poco aturdido por todo lo que estaba sucediendo a su alrededor, Marín pintaba un paisaje de incertidumbre en Boston: "La gente está agolpada delante de los televisores esperando recibir más información. No paran de oírse sirenas y ambulancias por toda la ciudad. Las estaciones de metro están cerradas". El atleta asturiano se había desplazado a Boston en solitario, por su cuenta. Mario Marín ha participado en casi todas las grandes maratones del mundo y la de Boston estaba también en su lista, por ser una de las más populares: "Es como si ponen una bomba a la llegada de la cabalgata el Día de América en Asturias. La llegada está llena de gente. Está claro que poniendo una bomba aquí se entera todo el mundo", explicaba.

Santiago Sanz: "Es un día muy triste, no hay nada que celebrar"

El atleta paralímpico Santiago Sanz, natural de Albatera, se impuso ayer en la Maratón de Boston en su categoría con un crono de 1h56´36´´. Horas después de que cruzara la línea de meta, dos artefactos estallaron y provocaron el caos en la línea de meta, causando víctimas y heridos.

Santi se encontraba en ese momento en la habitación del hotel y escuchó el gran estruendo de las explosiones. "Es un día muy triste. No hay nada que celebrar ni destacar sobre esta prueba ya que la tragedia la ha marcado en el día festivo del estado de Massachusets. Quiero enviar mis condolencias a los familiares de las personas que han fallecido y de aquellas que han resultado heridas".

El alicantino vuela hoy a Atlanta y en Snellville (Georgia) proseguirá con sus entrenamientos antes de regresar en unas semanas a la competición.