La Fiscalía del estado mexicano de Guerrero dijo hoy que el hallazgo de "60 cuerpos" en un crematorio abandonado en el puerto de Acapulco puede deberse a un "fraude" de los responsables del recinto por "no haber cremado los cadáveres", que estaban "perfectamente embalsamados".

Los cuerpos, que estaban "preparados para su cremación", serán sometidos a "estudios de antropología forense, genética, criminalística de campo, fotografía forense, medicina forense y odontología forense", indicó la fiscalía en un comunicado.

Dichas pruebas permitirán establecer "la causa legal de la muerte", así como "la fecha y hora probable de su deceso", apunta la nota, según la cual entre los cadáveres había "mujeres, hombres y niños".

La fiscalía señaló también que abrió una investigación "en contra de quien resulte responsable por la posible comisión de los delitos contra el respeto a los cadáveres o restos humanos, y contra las normas de inhumación y exhumación".

Precisó que la presidenta de la Asociación de Funerarias de Guerrero y responsables de las funerarias de Acapulco han declarado a las autoridades que el crematorio, propiedad de Guillermo Estua Zardain, estaba "cerrado desde hace un año por quiebra o fraude".

La fiscalía dijo que ha pedido a las funerarias los contratos celebrados con el crematorio, así como los expedientes de las personas que enviaron desde 2013 a la fecha "para determinar el tipo de persona, sexo, nombre y pueda realizarse la identificación y la comparación genética".

"Al no haber cremado los cadáveres, se incumplieron con las normas sanitarias de carácter federal, estatal y municipal", aseguró.

Los cuerpos fueron encontrados la noche del jueves en el crematorio ubicado en la carretera Cayaco-Puerto Marqués, cerca de la zona residencial Diamante, tras una llamada de los vecinos, quienes detectaron el olor fétido producido por los cadáveres.

A unos 200 kilómetros de Acapulco se encuentra Iguala, el municipio en el que el pasado 26 de septiembre desaparecieron 43 estudiantes de la Escuela Normal (de magisterio) de Ayotzinapa tras ser atacados por policías locales corruptos que los entregaron al cártel de Guerreros Unidos.

Según el testimonio de algunos de los criminales detenidos desde entonces por este caso, los jóvenes fueron asesinados y sus cuerpos quemados en un vertedero de la población vecina de Cocula.