El presidente Mariano Rajoy aseguró ayer en Dakar, capital de Senegal, que la cooperación en materia de seguridad entre España y las autoridades de este país son "un ejemplo a seguir" para frenar la inmigración hacia Europa. Sólo en el año 2006 unas 32.000 personas llegaron a Canarias a bordo de cayucos que, en su mayor parte, salieron de las costas senegalesas. Sin embargo, la última embarcación de este tipo que zarpó del continente africano hacia las Islas lo hizo en 2010. Y, según el Gobierno, una de las causas de esta drástica disminución es la presencia en Senegal de dos patrulleras y 16 agentes de la Guardia Civil y un helicóptero de la Policía Nacional que llevan a cabo labores de vigilancia, además de otras dos embarcaciones que han sido cedidas por España a la Gendarmería de este país africano.

Sin embargo, el propio Rajoy admitió que Europa no lo tiene fácil para aplicar este mismo modelo ante la situación creada en el Mediterráneo, donde se está produciendo una intensa llegada de inmigrantes en los últimos meses. Y todo ello porque el país de donde están saliendo las embarcaciones, Libia, está inmerso en una profunda crisis con dos parlamentos y dos gobiernos que se disputan el poder en el norte y un absoluto desgobierno en el sur, convertido en santuario para yihadistas y traficantes de todo pelaje. Imposible alcanzar acuerdos con un Estado en tal situación. Pero en ningún momento Mariano Rajoy hizo referencia al hecho de que Libia ha llegado a este extremo tras el derrocamiento de Muammar Gadafi a consecuencia de los bombardeos de la OTAN, una intervención que ha sido criticada con dureza por varios líderes africanos.

Rajoy llegó el domingo por la noche a Dakar. Por la mañana, después de darse una caminata junto a la costa muy comentada en Twitter después de que él mismo colgara una fotografía, se entrevistó con el presidente senegalés, Macky Sall, con quien abordó la problemática de la inmigración, pero también del narcotráfico y el yihadismo. Fueron las autoridades senegalesas quienes insistieron en que se produjera este encuentro bilateral una vez tuvieron conocimiento de la visita de Rajoy a Dakar. Durante esta cita, Rajoy mostró su disposición a profundizar la cooperación con este país africano y con otros como la mejor fórmula para frenar a los migrantes, "la batalla a medio y largo plazo y por ello la más urgente de todas", algo sorprendente si se tiene en cuenta que durante su gobierno se ha producido un notable descenso en esta materia, recortes que las ONG españolas que trabajan en África han denunciado por activa y por pasiva.

En la misma Base Naval, Rajoy tuvo ocasión de subir a la patrullera Vencedora de la Armada Española, que entre marzo y junio realiza una gira por varios países africanos, entre ellos Mauritania, Cabo Verde y Senegal, para llevar a cabo tareas de instrucción a los militares de estos países. Finalmente, el presidente español se trasladó hasta el Aeródromo Militar de Dakar donde tuvo ocasión de conocer de primera mano el trabajo que llevan a cabo los soldados españoles del Destacamento Marfil. Se trata de 54 efectivos y un avión Hércules que prestan apoyo a la operación Barkhane contra el terrorismo internacional puesta en marcha por Francia en cinco países africanos, sobre todo Malí, Níger, Chad y Nigeria, en cuyo norte varios ejércitos africanos libran batalla contra Boko Haram, el grupo terrorista más sanguinario del continente.

La visita relámpago de Rajoy a África occidental tuvo lugar en apenas 24 horas, domingo y lunes. Su primera parada fue Bamako, la capital malí, donde se reunió con el presidente de este país, Ibrahim Boubacar Keita, con el tema de la lucha contra el terrorismo yihadista sobre la mesa. Hay que recordar que durante buena parte del año 2012 el norte de Malí estuvo ocupado por grupos rebeldes y extremistas religiosos hasta que el Ejército francés decidió intervenir en enero de 2013 y poner fin a esta ocupación. Sin embargo, el conflicto aún no ha terminado. Además de reunirse con el presidente, Rajoy visitó a las tropas españolas desplegadas en la base militar de Koulikouro, a unos 60 kilómetros de la capital maliense, que están llevando a cabo tareas de formación al Ejército local para hacer frente a la amenaza terrorista.