La Comisión Europea terció ayer en la crisis de los refugiados para adelantar que la próxima semana propondrá ante la Eurocámara que los miembros de la Unión Europea se repartan a 120.000 de los 350.000 refugiados que han desembarcado en Europa en lo que va de año. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, hizo una sugerencia en la misma línea, al pedir que se acoja al menos a cien mil refugiados a través de "una distribución justa".

La cifra de los 120.000 parece unirse, aunque no hay unanimidad al respecto, a los 40.000 refugiados que la Comisión ha propuesto, sin éxito por el momento, que Los 28 se repartan por un sistema de cuotas. Con todo, y de una manera voluntaria, los países miembros ya se han comprometido a acoger a 32.000 de esos 40.000. España, a quien se pidió que reubicase a 5.837 personas, ha aceptado encargarse de 2.739, y esta misma semana el presidente Rajoy anunció una revisión de esa cifra al alza, aunque no concretó. Ayer, el ministro de Exteriores, García Margallo, aseguró que España está dispuesta a aceptar la cuota que se le asigne, si bien matizó que considera un requisito previo establecer una "política integral global" sobre los refugiados.

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, quien estima que los reubicados deben salir de los contingentes que ahora mismo se agolpan en Grecia, Italia y Hungría, persigue además la creación de un mecanismo de reubicación permanente que se active de modo automático para hacer frente a nuevas situaciones de emergencia.

Apenas adelantada la propuesta de Juncker, surgieron los primeros rechazos, llegados de Reino Unido y Polonia. El "premier" británico, David Cameron, a quien 150.000 firmas han pedido que acepte a más demandantes de asilo, adoptó un perfil esquivo y aseguró que el problema no se resuelve acogiendo a más asilados. La primera ministra polaca, Ewa Kopacz, anunció por su parte que su país no aceptará la imposición de cuotas.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, cuyo país actúa de frontera para los refugiados llegados de Turquía a través de Grecia, Macedonia y Serbia, sostuvo que el problema no es europeo sino alemán y explicó que no deja que los refugiados abandonen Hungría porque tienen que ser registrados, tal y como exigen Berlín, Viena y las regulaciones comunitarias.

"Entre nosotros, el problema no es europeo, es alemán. Nadie quiere quedarse en Hungría. No tenemos ningún problema con los que quieran quedarse, pero nadie lo quiere. Ni en Eslovaquia, ni en Polonia ni en Estonia. Todos quieren ir a Alemania y nuestro trabajo es registrar" a los refugiados, recalcó.

Precisamente, Hungría es el país que sigue generando a diario más noticias desagradables sobre los refugiados, que tras ser tratados con guante blanco por las autoridades griegas, macedonias y serbias, se encuentran en territorio magiar con sus mayores problemas. Miles de personas siguen acampadas en torno a la estación de Keleti, la principal de Budapest, donde pretenden tomar trenes rumbo a Austria y Alemania.

Ayer, tras varias horas de esperas y mensajes contradictorios, cientos de refugiados pudieron subirse al fin a un tren destinado a la frontera austriaca. Sin embargo, su alegría duró poco, ya que las autoridades detuvieron luego el convoy en la localidad de Bicske para trasladar a los refugiados a un campo de acogida. Por el momento, siguen sin salir trenes internacionales de la ciudad de Budapest.

En la costa italiana, las autoridades rescataron en una docena de operaciones de salvamento a 2.912 personas que se encontraban en dificultades en el canal de Sicilia. En la otra punta de Europa, Noruega avisó del creciente número de solicitantes de asilo sirios que llegan en bicicleta desde Rusia. Los que huyen del conflicto en este país de Oriente Medio pasan primero a Líbano, de ahí a Moscú, luego a Murmansk y a la ciudad fronteriza de Nikel, a 7 kilómetros de Noruega, país que no pertenece a la UE pero que sí está dentro del espacio Schengen.

"Soy de Siria y he tardado una semana en llegar aquí arriba", declaró un joven de 20 años antes de ser escoltado por agentes noruegos hasta el control de pasaportes.

En España, y después de que las ciudades de Barcelona y Madrid hayan anunciado iniciativas para acoger a refugiados que huyen de Siria y de otros estados de la zona, algunos municipios y varias autonomías se mostraron ayer dispuestas a ayudar a estas personas, al tiempo que pidieron al Ejecutivo una estrategia común.

A la iniciativa de crear una red de ciudades-refugio en España promovida por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se han ido sumando o han anunciado que lo están estudiando ciudades como Madrid, Valencia, Zaragoza, Pamplona, Palma, Bilbao, Vitoria, San Sebastián, Murcia, Cartagena, A Coruña, Las Palmas de Gran Canaria o Santa Cruz de Tenerife.

No obstante, la propia Federación Española de Municipios y Provincias hizo un llamamiento para que sea esta institución la que coordine, en colaboración con el Gobierno, el plan local de ayuda a los refugiados al considerar un "grave error" que algunos ayuntamientos planteen iniciativas de forma individual.