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La victoria de un candidato "a la contra"

Expertos en psicología, sociología y ciencias políticas analizan desde las Islas el ascenso al poder de Trump. La identificación de Clinton con el orden establecido, clave en el resultado de los comicios

El Empire State fue reflejando los resultados de las elecciones en Nueva York.

El Empire State fue reflejando los resultados de las elecciones en Nueva York. EFE

Donald Trump ha conseguido ganar la carrera por la presidencia de los Estados Unidos (EEUU) a pesar de haber sido un candidato "a la contra": a la contra de convenciones políticas y sociales, a la contra de representantes de su propio partido -el republicano- e incluso a la contra del propio sistema. Una realidad que, sin embargo, es solo aparente: el histriónico magnate no ha vencido a la aspirante demócrata, Hillary Clinton, a pesar de ser casi un anticandidato, sino precisamente por serlo. Ha ganado, en definitiva, "por ir a la contra", sentenciaba ayer el profesor de Ciencia Política de la Universidad de La Laguna José Adrián García-Rojas.

De algún modo, Trump hizo de la debilidad virtud, y a ello contribuyó que Clinton fuera identificada con el statu quo o el establishment, es decir, con el sistema. Esta estrecha relación de la candidata demócrata con el orden establecido terminó por claudicar ante "el hombre común americano". "El pueblo ha entendido que Donald Trump era un candidato ajeno al establishment y que representa al hombre común americano. Además, se ha notado demasiado que el establishment ha apoyado a Hillary Clinton", apunta García-Rojas. Un ejemplo de cómo el sistema se puso de lado de la aspirante demócrata es la reacción de las bolsas, con caídas que evidencian, a juicio del experto en Ciencia Política, hasta qué punto Clinton era en sí misma el propio orden establecido y Trump, percibido como un riesgo.

Desde esta perspectiva, tanto García-Rojas como Antonio Delgado, también profesor universitario y experto en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, rechazan que el voto xenófobo o retrógrado sea mayoritario. No hay que olvidar al respecto el papel que en estas elecciones han desempeñado los obreros de zonas industriales deprimidas, presos de una inseguridad económica que vinculan a una pretendida pérdida de peso de EEUU en el mundo. De nuevo, por tanto, el establishment volvía a ser un enemigo a batir, y el establishment es Clinton.

Michigan

García-Rojas pone el ejemplo de Michigan, Estado con cuya universidad ha colaborado y del que es especialmente conocedor. Michigan es un territorio en el que históricamente han ganado candidatos demócratas pero que ha caído en el saco de Donald Trump. ¿Por qué? Pues no precisamente por el carácter más retrógrado de los mensajes del republicano, sino por su apuesta decidida por el proteccionismo. Un proteccionismo, una idea "de muro, físico o no", que ha calado entre esos obreros que no perciben que el librecambismo haya contribuido a una mejora de su situación económica y, por tanto, personal. Antonio Delgado ahonda en esta realidad y recuerda que los europeos, en general, y los españoles y canarios, en particular, "tenemos muy idealizada" a la sociedad estadounidense, "y no pocas veces pensamos que es lo que vemos en las películas, cuando con solo mirar el mapa de estas elecciones podemos comprobar que hay también otra realidad: la de una América profunda y conservadora que, a pesar de las cifras macroeconómicas, tiene inseguridad y percibe una crisis por la pérdida de importancia de su país en el mundo". Y es precisamente aquí donde ese mensaje proteccionista de Trump ha dado sus frutos.

La victoria del multimillonario ha sido tan "a la contra" que lo ha sido incluso en contra del propio Partido Republicano, o al menos en contra de algunos de sus más ilustres nombres. George Bush padre, su esposa Laura Bush o Ana Navarro, la expresidenta de la campaña hispana de John McCain en 2008, son solo tres de los ilustres del partido que hicieron pública su negativa a votar a Trump. Así pues, el triunfo de ayer no fue tanto un triunfo republicano como "un triunfo de Trump", en palabras de García-Rojas, quien coincide con Delgado en que esta circunstancia puede ayudar a suavizar los postulados más radicales del magnate una vez en la presidencia. No en vano, tanto la Cámara de Representantes como el Senado, donde habrá republicanos que no ven con buenos ojos al que fuera su candidato, "pueden ser un freno". "Hay muchos republicanos que han votado a Clinton, y no podrá prescindir [Trump] ni de la Cámara ni del Senado", puntualiza el experto en ciencias políticas y comunicaciones sociales. Ambos coinciden así en que el "asistémico" Donald Trump, tal como lo califica Delgado, acabará por moderarse.

Con todo, y más allá de los factores estrictamente sociopolíticos que han aupado al magnate para llegar a la presidencia, no puede obviarse que los escándalos en que Trump se ha visto envuelto (faltas de respeto a las mujeres, desprecios a minorías, opacidad respecto de su fortuna...) parecían arrastrar cada vez más votos a la saca de Hillary Clinton. ¿Cómo se explica entonces semejante apoyo popular desde un punto de vista psicológico? El catedrático de Psicología Juan Capafons da las claves de lo que algunos han calificado en las últimas horas de "hipnosis colectiva", si bien deja claro ya de entrada su rechazo al "fascismo intelectual" que, de alguna manera, se ha apoderado de parte de la opinión pública. "No creo que debamos demonizar a las personas que han votado a Donald Trump, porque es propio de un fascismo intelectual rechazar lo que el otro vota", explica el catedrático.

Una primera pista del porqué de que un hispano haya votado al republicano o de las razones de que lo haya hecho una mujer, a pesar de los escándalos, reside en el hecho de que todo ser humano toma partido desde el mismo momento en que hace una elección. En otras palabras: se minimiza lo negativo y se maximiza aquello que se considera mejor o positivo. Capafons ilustra la explicación por medio del fútbol. Si la patada la da alguien del equipo de casa, la acción se minimiza; si la da un jugador del equipo contrario, entonces es un "energúmeno". En el caso del éxito de Trump, resulta evidente que mucha gente "se ha quedado con el mensaje de fuerza" en cada caso, ya sea el del proteccionismo, en el caso de los obreros de zonas industriales deprimidas; el de recuperar el peso de EEUU en el mundo, en el caso de otros; o incluso el del "no" a la inmigración que tanto predicamento tiene entre los sectores más radicales de los conservadores americanos. Al fin, Donald Trump "ha sabido contarle a cada uno lo que quería escuchar", algo que explica por qué le han votado sectores sociales aparentemente irreconciliables entre sí, desde representantes del Ku Klux Klan, por ejemplo, hasta inmigrantes u otras minorías, un voto "vergonzante", dice García-Rojas.

Antonio Delgado puntualiza en relación con esto último que el inmigrante establecido, especialmente cuando hay casos en su familia de promoción vertical (integración laboral, acceso a los estudios...), no necesariamente es partidario, paradójicamente, de mayores facilidades a los inmigrantes.

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