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Los mil colores de la diferencia

Invidentes, albinos y personas que caminan con muletas o en silla de ruedas salen adelante en Guinea Bissau pese a la hostilidad del entorno

Los hermanos albinos Aisha y Lucmani bromean rodeados de sus primos y amigos en Bissau.

Los hermanos albinos Aisha y Lucmani bromean rodeados de sus primos y amigos en Bissau. J.N.

En la mirada de Mafanta Cissé no cabe más ternura. Sentada a la sombra de un frondoso árbol en la puerta de su modesta casa del barrio de Missira de la ciudad de Bissau, la buena mujer vende bolsitas de jabón en polvo a 75 céntimos de euro mientras sostiene en su regazo el último regalo que le dio la vida, el pequeño Soumaila, su nieto benjamín nacido hace poco más de un mes. Envuelto en una tela gris, la criatura no hace más que dormir pero Mafanta lo mira y lo remira, le aparta el tejido de la boca, comprueba que sus pequeñísimos pies están siempre protegidos. "Sí, claro que es blanco", dice la feliz abuela con una enorme sonrisa, "tanto como una bendición".

No sabe por qué, "eso sólo es cosa de Dios", resume rotunda, pero tres de sus ocho hijos le brotaron como la luna llena. Al principio le preocupaban el rechazo, las malas caras, las risas crueles. Pero aquel miedo pasó y sus pequeños crecieron, como todos, entre idas y vueltas al colegio, espumas de risas y brincadeiras. A Brahima lo llamaron alguna vez "cucaracha blanca", pero bastaba con ignorar esas voces. Pese a los problemas visuales y de piel, el mayor, Souleimane, es hoy profesor y Mariama tiene tres rapaciños como tres soles. Tres de los nietos de Mafanta también son albinos. Aisha quiere ser maestra y Lucmani conductor de camioneta, dicen mientras no paran de pelearse como buenos hermanos que son. Y el pequeño Soumaila bosteza reluciente entre las negras manos de su abuela.

No muy lejos de aquí, en el mismo barrio de Missira, Julio Mamadú Cámara exhibe músculo. Cuando se quedó ciego a los quince años a causa de una negligencia médica, devastado por dentro, intentó suicidarse hasta en dos ocasiones, pero ahora se agarra al deporte y con él a la vida. Campeón de atletismo paralímpico, guarda en su cabeza como un tesoro el recuerdo del día en que conoció al presidente Nino Vieira cuando entrenaba en el estadio y este, alucinado con su destreza y velocidad, lo invitó al Palacio. "La siguiente vez detecté su presencia por el olor y al pasar a su lado lo saludé, a lo que respondió que aquello no era posible, que yo no estaba ciego", explica. Y Julio se ríe porque Nino Vieira, que tanto sabía, en realidad no sabía nada.

En el imponente edificio del Parlamento de Guinea Bissau, el diputado Joaquim Batista Correia sube con gran dificultad la estrecha escalera. De pequeño dejó de caminar a causa de "una inyección mal puesta" y desde entonces se desplaza con la ayuda de muletas. Pero el ascensor de la Asamblea Nacional no funciona. "Se lo he dicho mil veces al presidente y nada, dice que lo construyeron los chinos y que habría que llamarlos a ellos para arreglarlo. En realidad les da igual", explica. Está promoviendo una ley para que en este país se proteja más a las personas con discapacidad, pero quizás habría que empezar por arreglar el elevador para que pueda llegar a su despacho sin dejarse los pulmones y los brazos.

Cuando Binham Quimos tenía cuatro años y aún no había empezado a caminar, su padre lo abandonó junto al río. Es el viejo dictado de una cruel tradición, es lo que pasa a los niños serpiente, como se conoce en Guinea Bissau a los que presentan algún tipo de deficiencia. Sin embargo, su madre fue a rescatarlo y lo mandó a casa de su tío para que este lo criara. Con el tiempo, Binham no sólo aprendió a andar y a hablar, sino que hoy, a sus cuarenta años, es todo un cantante de éxito. "No tengo nada contra mi padre, lo hizo por falta de conocimientos y de nivel escolar. Él hizo lo que pensaba que había que hacer", asegura.

Ivone Gomes también perdió la facultad de andar a causa de una inyección cuando era una niña, pero eso jamás la frenó. "Saltaba, bailaba, corría. En realidad nunca me sentí una discapacitada, eso es algo que está en la cabeza y no en el cuerpo", explica. Así que aquella niña de Cachungo se hizo fuerte en el cole y luego en el instituto y consiguió llegar a la universidad para convertirse en una flamante licenciada en Económicas que hoy lleva la administración financiera de Radio Sol Mansi, gestiona un taller de costura para mujeres con problemas auditivos, conduce un programa en las ondas para animar a las personas enfermas y, además, es vocal de la Federación de Discapacitados. Un terremoto imparable Ivone Gomes.

La infancia de Lino Bidam fue todo menos fácil. Sus padres lo dejaron en Bissau en casa de sus tíos cuando era niño porque no podía caminar y, por tanto, no era útil para trabajar en el campo. Allí se tuvo que buscar la vida, trabajando en el matadero o vendiendo por la calle. "La gente me regalaba ropa, zapatos y cuando tuve ocasión decidí volver a la escuela. Entonces un amigo me animó a entrar en un grupo de teatro", explica. Ahora trabaja en la televisión nacional como comediante y humorista. "En realidad todos tenemos alguna discapacidad, yo puedo hacer cosas que otros no hacen. Eso es lo que me ha enseñado la vida".

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