El caso de la joven británica Fiona Strong, que falleció de cáncer a los 31 años, ha conmocionado al Reino Unido. Según informa The MirrorThe Mirror, cuando ya se encontraba en estado terminal Strong se sometió a un tratamiento de sedación paliativa y se despidió de su madre Susan, esperando no despertarse más y poner fin así a su sufrimiento. El cáncer la había dejado incapaz de moverse, beber o comer, y la joven estaba decidida a no acabar convertida "en un vegetal".

Pero aquel fue solo el comienzo de una pesadilla que duró cuatro días, durante los cuales Fiona Strong se despertó en varias ocasiones, gritando de dolor. Hasta en siete ocasiones madre e hija se despidieron durante esos días, hasta que finalmente Fiona pudo descansar en paz. "Mamá, deja de intentar mantenerme con vida", llegó a decir Fiona.

Los familiares y amigos de la joven habían puesto en marcha en Internet una campaña para recaudar fondos para el tratamiento de Fiona, cuya muerte se produjo el pasado 1 de mayo. El caso ha trascendido ahora porque Susan Strong lo ha difundido confiando en que sirva para cambiar las leyes sobre eutanasia en el Reino Unido. Según ha dicho, de haber podido hubiera trasladado a su hija a Dignitas en Suiza para darle una muerte más digna.