Dos canarios de vacaciones en Sri Lanka han vivido de cerca los atentados del Domingo de Resurrección en iglesias y hoteles del país, en los que murieron 321 personas y 521 resultaran heridas, y que fueron reivindicados ayer por el grupo yihadista Estado Islámico. Los tinerfeños Alberto Pérez Peña, de 36 años, y Javier Pizarro Martín, de 35 años, cuentan que llegaron a Sri Lanka el 18 de abril de vacaciones, aprovechando los días libres de la Semana Santa. Cuando el pasado domingo se sucedió la cadena de ataques, ellos se encontraban de visita en las cuevas de Dambulla (en el centro de la isla), declaradas Patrimonio de la Humanidad, donde se encuentran templos budistas.

Alberto Pérez relata cómo, en un primer momento, "se respiraba incredulidad, y la gente no sabía muy bien qué era lo que realmente estaba sucediendo...". Pero a medida que pasaban las horas de aquel terrorífico día y las noticias confirmaban la gravedad de los atentados, "la sensación de incredulidad se fue tornando en una enorme tristeza y una gran preocupación", comenta este viajero, quien destaca que estos atentados han hecho rebrotar "los sentimientos de épocas que pensaban superadas aquellos episodios de muerte protagonizados por el horror de los llamados Tigres de Tamil) y, por tanto, ha representado un duro golpe para ellos volver a revivir todas aquellas oscuras sensaciones".

Ahora, esta ola de terror "ha despertado en la población todos aquellos fantasmas del pasado y está claro que, aunque no lo expresen, sí hemos percibido que el miedo está plenamente presente", explican los canarios.

Durante el recorrido por las ciudades, los tinerfeños han constatado una importante presencia policial y militar, además de extremos controles. Asimismo, "un gran número de establecimientos comerciales permanecen aún cerrados", afirman.

El movimiento en las calles, que en estos países suelen ser un auténtico hervidero, "ha disminuido, incluso en los puntos de interés turístico, pese a que la sensación de seguridad, por lo menos desde nuestro punto de vista, es total", comentan.

Al día siguiente de producirse los atentados, entienden que debido a la confusión, "las gasolineras estaban colapsadas", pero la situación, a medida que ha ido avanzando la semana se ha ido normalizando, "aunque aún estamos sujetos a los toques de queda, que se van minimizando en el tiempo", puntualizan.

El Estado Islámico asumió ayer la responsabilidad del ataque en un comunicado, cuya autenticidad no pudo ser verificada, en el que aseguró que siete terroristas cometieron los atentados. Ataques de esta magnitud no habían tenido lugar en Sri Lanka desde la guerra civil entre la guerrilla tamil y el Gobierno, un conflicto que duró 26 años y finalizó en 2009, y que dejó, según la ONU, más de 40.000 muertos civiles.

El Gobierno de Sri Lanka baraja que los atentados pudieron ser una reacción a la matanza de Christchurch, en Nueva Zelanda, donde un supremacista blanco mató a cincuenta personas en dos mezquitas.