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La Provincia - Diario de Las Palmas

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CRISIS DEL CORONAVIRUS

Tampoco el virus puede con Camboya

El jesuita Kike Figaredo afronta los problemas añadidos por el Covid-19 en una de las regiones más desfavorecidas del planeta

El monje budista Vy Sovechea y Kike Figaredo, entregando material de Cáritas Camboya. THEARA KAO

En Camboya, la forma más habitual de saludo es el "Sompéah". Se juntan las palmas de las manos a la altura del pecho frente a la persona a la que saludas. No se estrecha la mano ni hay abrazos. Distancia de seguridad. Para pelear contra el coronavirus, una ventaja clara. Hay más. Los medios de transporte habituales son la moto, la bici y el tuktuk: no se dan aglomeraciones en autobuses o vagones. Además, el Gobierno ha actuado con premura y las medidas de contención han logrado sujetar la propagación. Pero Camboya vive del turismo y de la exportación, dos vías paralizadas. "Las fronteras están cerradas y el país está colapsado económicamente, pero somos positivos; nos preparamos para cualquier circunstancia", explica el jesuita Kike Figaredo, prefecto apostólico en Battambang, una de las zonas más desfavorecidas del planeta. El Covid-19 se suma a la lista de dificultades a las que se enfrenta desde que en 1992 se instalara en el país del sudeste asiático.

La crisis sanitaria entró allí hace tres meses. Aunque las medidas impulsadas han limitado sus efectos. "El Gobierno se ha apoyado en organizaciones de ayuda humanitaria para concienciar a la población de la importancia de las medidas de higiene. Y parece que la gente se ha concienciado", relata Figaredo. "En un primer momento hubo desconfianza hacia los extranjeros, por el origen del virus, pero el Gobierno y las ONG han acabado con ese prejuicio", añade. El confinamiento ha funcionado: las autoridades se han encargado de un cumplimiento severo.

Pero la pandemia ha alterado la rutina en la parroquia. No son posibles las celebraciones religiosas. Aunque hay cierta libertad dentro de la ciudad, los proyectos de educación y de formación también se han visto afectados. Incluso la ayuda a las personas con discapacidad, ya que no se puede visitar los hogares. "Hemos tenido que reinventarnos. Por ejemplo, uno de los proyectos promociona la educación para unas familias que viven en un vertedero. Las fronteras con Tailandia y Vietnam están cerradas y ahora no pueden vender los plásticos y metales que recogen. Así que les proporcionamos arroz y comida de emergencia", cuenta Figaredo.

Y como en toda crisis, surgen oportunidades. De colaboración, por ejemplo. "En un diálogo interreligioso, tenemos una relación cercana con los monjes budistas y nos unimos para luchar por la salud de todos", señala. El foco se sitúa en el acceso a los alimentos más básicos. "Afortunadamente no hay escasez de alimentos y el Gobierno ha paralizado las exportaciones de arroz para asegurar el suministro básico. Pero hay familias sin medios para acceder a esos alimentos. Nosotros ya hemos empezado a usar nuestras reservas de arroz para emergencias", relata el jesuita. En tal contexto se hacen imprescindibles la ayuda desinteresada. Cáritas Camboya y Singapur ayudan con kits de supervivencia e higiene. Y está la iniciativa individual. Como la encabezada por quienes han donado mascarillas, guantes, desinfectante y termómetros que llegan desde Hong Kong.

La clave la cita Figaredo en varias ocasiones: reinventarse. Buscar una ruta alternativa a cada camino que se cierra. Un claro ejemplo: "Contamos con material para luchar contra el Covid-19, pero estamos estudiando cómo producir algunos de esos materiales en nuestros centros sociales de producción textil". La actividad en el centro se paró en febrero y marzo por falta del material que llegaba de China y por la cancelación de pedidos, pero la idea es elaborar mascarillas con el próximo pedido que llegue. Otro ejemplo: "Estábamos enfocados en el sector de la hostelería, con nuestros vínculos al exterior, pero ahora hay problemas de sostenibilidad. Tenemos que enfocarnos hacia el consumo local. Como hacer comida para llevar en nuestro restaurante, el Lonely Tree".

Llevar cerca de 30 años resolviendo problemas concede un modus operandi que permite ir sobreviviendo. Porque allí, en Camboya, se trata de sobrevivir. El apodo de Figaredo, "el obispo de la silla de ruedas", define una labor que va más allá. El coronavirus es solo otro obstáculo en un camino con trampas, pero Figaredo lo afronta con entereza: "De esta, salimos. Y saldremos mejorados".

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