Decenas de miles de personas volvieron a protagonizar hoy una jornada de reivindicación festiva en la emblemática plaza de Tahrir de El Cairo, donde exigieron al Ejército que acelere las reformas democráticas.

Los egipcios desafiaron hoy el sofocante calor del verano cairota y, equipados con banderas, camisetas revolucionarias, gorras y botellas de agua, protestaron por la lentitud del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, que gobierna el país desde la caída del régimen de Hosni Mubarak, a la hora de avanzar en la transición.

"Hace cinco meses que la revolución terminó y no ha habido cambios importantes, solo que Mubarak se ha ido", lamentó a Efe el ingeniero Mohamed Abdel Adli, que resumió en pocas palabras el espíritu de la protesta de hoy: "Queremos cambiar el sistema, no queremos tribunales militares, queremos juicios civiles".

En el sermón multitudinario que dio comienzo a la manifestación, el imán Mazhar Shahin destacó que "el pasado régimen no ha caído totalmente y sus restos siguen y conspiran contra la revolución".

"Nos estamos manifestando y no vamos a acabar hasta que consigamos nuestras demandas", subrayó.

El enfado y la decepción por la gestión del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas podían palparse en la abarrotada plaza, donde los cairotas recriminaron al Ejército que tribunales militares estén juzgando a manifestantes civiles mientras que los juicios de Mubarak, su familia y sus ministros se eternizan.

"Queremos que los juicios sean públicos, que sean como una ventana abierta para que podamos ver lo que pasa, como en los países civilizados", sentenció el piloto y dirigente sindical Malik Bayumi, que aprovechaba la sombra de una gran pancarta para refugiarse del sol.

La protesta transcurrió en un ambiente relajado, muy alejado de la tensión que el pasado 29 de junio enfrentó a manifestantes y policías en Tahrir y que dejó más de mil heridos.

La presencia policial en la plaza fue hoy nula y los mismos ciudadanos se encargaron de regular las entradas a la zona y de controlar de forma exhaustiva la documentación y las pertenencias de quienes pretendían entrar.

Las consignas de unidad de los egipcios y en contra del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas se repitieron durante toda la jornada y solo dejaban de oirse cuando las ambulancias encendían las sirenas para adentrarse en la muchedumbre y rescatar algunas de las 54 personas que se desmayaron hoy en la plaza a causa del calor.

"Sí, prisión a los miembros del antiguo régimen" y "no a los juicios militares" eran algunos de eslóganes que podían leerse en las numerosas pancartas colgadas por toda la plaza; unos mensajes que los participantes en la protesta acompañaron al grito de "todos somos uno".

Sentada al sol sobre una bandera egipcia y aparentemente ajena a las altas temperaturas, la profesora de ley islámica Zeinab Faruk aseguró oculta bajo un niqab negro, el velo que cubre toda la cara excepto los ojos, que ella y sus compatriotas quieren libertad.

"Queremos que el Ejército nos trate como personas y no como animales", reclamó.

Junto a su marido, la manifestante Manal Mamduh criticó que el proceso de transición hacia la democracia "es lento y no se están cumpliendo las expectativas" que tenían los egipcios durante la revolución, que se desarrollo entre los pasados 25 de enero y 11 de febrero, cuando los ciudadanos vieron con buenos ojos que el Ejército tutelara la transición.

Mamduh expresó su deseo de que el Gobierno egipcio "escuche las demandas de la gente y las aplique de forma rápida y firme" y mostró su confianza en las fuerzas armadas, "pero no en sus dirigentes", a los que vinculó con Mubarak.

En cambio, el manifestante Jaled Abdalá se mostró menos benevolente con los militares y lamentó que "buscan más sus propios intereses que los del país", además de denunciar que "son responsables del encarcelamiento, el maltrato y la tortura de civiles".

"No me fío de sus intenciones", manifestó antes de explicar que había pasado la noche en una de las tiendas que ocupan el centro de la plaza, donde muchos jóvenes han vuelto a acampar en señal de protesta en los últimos días.

Preguntado sobre el futuro más inmediato, Abdalá opinó: "La gente no se marchará de Tahrir, no sé lo que hará el Ejército, pero Egipto seguirá siendo un país inestable hasta que quienes gobiernan dialoguen con la gente de Tahrir".