La sonrisa de la japonesa Keiko, residente en Canarias desde hace 26 años, volvió ayer a iluminar las paredes del restaurante que regenta junto a su esposo en Las Palmas de Gran Canaria, el Kamakura. "Por fin he podido hablar con toda mi familia y mis amigos, y están todos perfectamente", explicaba ayer satisfecha, aunque reconoce que "aún me cae alguna lágrima cuando veo lo que está sufriendo mi país".

Cuenta Keiko que ayer una amiga suya, residente en Tokio, le contó "que tras el terremoto tuvo que quedarse a dormir en la oficina porque no salían trenes ni funcionaban el metro ni las guaguas". "Su empresa", recuerda, "preparó una zona para ellos y les dio mantas y comida para que pudieran estar allí lo más cómodos posible".

También habló, por fin, con sus tres hermanos "después de intentarlo muchos días el fin de semana. Las líneas estaban saturas y era imposible", relata antes de reconocer que en lo más profundo de su ser "sabía que estaban bien". "Ellos viven en las zonas de Saitama y Aomori", que son dos de las 43 prefecturas rurales de Japón, "y dicen que el terremoto lo notaron, pero del tsunami casi no se enteraron", añade después de comentar que le han dicho "que hay productos que faltan en los mercados, pero nada alarmante".

La misma situación, según cuenta la cocinera del Kamakura, localizado en la calle Galileo de la capital grancanaria, están padeciendo en la megaurbe de Tokio. "El problema más grave que hay en la capital es que no funcionan al cien por cien los trenes y demás medios públicos de transportes". "Por lo demás", dice, "los japoneses han demostrado que son unas personas ordenadas y que, pese a todos los problemas que existen actualmente, están preparados y no se desesperan".

Control nuclear

En ese sentido, Keiko asegura, y así se lo han transmitido también sus amistades y sus familiares en Japón, que "la situación de caos atómico se va a solucionar". "No creo que pase nada", dice antes de admitir que "al menos esa es la ilusión que me hace, porque bastante está sufriendo ya mi pueblo; no merece más".

Admite finalmente que está "más tranquilita" que el primer día que habló con este periódico, sólo nueve horas después de que tuvieran lugar el terremoto y el tsunami, y agradece también "los gestos de apoyo que por todos lados me transmiten y transmiten a mi país. Eso lo llevaré siempre en el corazón", añade esta guapa mujer que no ha vivido el fin de semana más tranquilo de su existencia. "Ha sido muy triste porque no sabía nada y sólo me llegaban noticias malas. Ahora que he hablado con todos", dice, "vuelvo a ser feliz".