El hallazgo de yodo radiactivo en niveles que duplican el límite tolerable en una depuradora al norte de Tokio llevó ayer a las autoridades a advertir a los japoneses que no den agua del grifo a los bebés. El Gobierno ha prohibido además el comercio de verduras en la provincia de Fukushima, donde sigue la fuga de radiación en la central atómica de seis reactores gravemente dañada por el terremoto y el tsunami de hace 12 días.

La contaminación sigue extendiéndose de forma imparable y afecta ya al aire, al mar, a la tierra, a los alimentos y, por último, al agua corriente. Partículas de yodo 131 procedentes de Japón han sido detectadas por las estaciones de radioisótopos en Finlandia e Islandia. Es la señal de que la radiación de la nuclear de Fukushima ha llegado ya a Europa, después de haber sido registrada en Norteamérica, tanto en la costa Oeste (California y Washington) como en el Este (Virginia).

La Agencia Estatal de Meteorología aseguró ayer que vigila muy atentamente los vientos en busca de rastros radiactivos, aunque "en principio no hay ningún signo que haga prever que nada significativo vaya a ocurrir en la península Ibérica". Una red de estaciones de la ONU sigue el desplazamiento de la radiación, que ha entrado en el continente europeo por Islandia.

Indiferencia del Gobierno

Greenpeace acusó al Gobierno español de actuar con indiferencia por seguir la directrices de la Unión Europea que descarta por ahora prohibir la entrada en el país de productos agroalimentarios japoneses. EE UU ya ha impedido la importación de productos lácteos y verduras nipones. Francia e Italia, por su parte, están realizando controles especiales.

El Ejecutivo de Berlusconi ha suspendido por un año sus planes de volver a la energía nuclear. El ministro español de Industria, Miguel Sebastián, declaró que hay que aprender de lo sucedido en Japón, aunque por ahora el país no puede cerrar las centrales atómicas porque aportan cerca del 20% de la energía nacional.

En el corazón de la catástrofe, los técnicos de la compañía Tepco han logrado conectar la red eléctrica con la sala de control del reactor número tres, el más peligroso, tanto por los daños sufridos como por su carga de plutonio. Reactivar el suministro para su enfriamiento y restaurar las funciones en las unidades 1, 2 y 4 llevará, si todo va bien, varios días. Sin embargo, los niveles de radiactividad son tan elevados (por encima de los 500 milisievert a la hora) en el centro de la nuclear que ayer obligaron a interrumpir los trabajos en el reactor 2 y a la evacuación de los técnicos en el número 3 al producirse una gran columna de humo negro.

El Organismo Internacional de la Energía Atómica ha reconocido que las piscinas de desechos atómicos de Fukushima tienen prácticamente perdida su capacidad de enfriar el combustible usado, muy radiactivo y que al generar un calor intenso requiere una refrigeración de uno a tres años.