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Venezuela | Nuevo giro en las relaciones internacionales

El canciller ‘canario’ de Maduro

Félix Plasencia, hijo de tinerfeños, es el nuevo hombre fuerte de la diplomacia bolivariana en sustitución de Jorge Arreaza | Tiene un perfil dialogante y moderado

Félix Plasencia

Antes de que Nicolás Maduro, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, diera oficialidad al nombramiento de Félix Plasencia como nuevo canciller en Canarias ya se manejaba esta posibilidad. De hecho, esa vía se comentó de pasada en la reunión que mantuvieron recientemente en tierras lanzaroteñas Ángel Víctor Torres, presidente de Canarias, y Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España. Esa información la tenía José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente español, y les llamó la atención la presencia de un «canario» en el círculo de confianza de Maduro.

Félix Plasencia González nació en Caracas, pero tiene la nacionalidad española por ser hijo de tinerfeños. Eso sí, tinerfeños con unos lazos gomeros que se marcharon a Venezuela para cambiar sus vidas. Entre las muchas misiones asignadas al «canario» (así se refieren varios medios de comunicación al citar a diplomático) está la recuperación de la buena sintonía con el gabinete que lidera el socialista Pedro Sánchez.

Un Twitter de Maduro confirmó la sentencia de Jorge Arreaza, a partir de estos momentos al frente del Ministerio de Industria, con brevedad y firmeza: «Tiene la inmensa responsabilidad de continuar la excelente labor diplomática desempeñada por Jorge Arreaza», escribió el presidente minutos antes de que Plasencia aceptara el encargo y devolviera su gratitud a través de las redes sociales: «Recibo con gran compromiso y orgullo esta responsabilidad que asumiré, gracias presidente», publica en su edición de ayer el diario El Mundo.

Exministro de Turismo, Félix Plasencia González desempeñaba la tarea de embajador de Venezuela en China antes de que se oficializara un nombramiento que está pensado con el objeto de abrir un nuevo escenario internacional con los países que históricamente han tenido una afinidad con los altos cargos del Palacio de Miraflores.

Sin dudas en España

Los mismos que en los últimos tiempos han mostrado cierta desconexión debido a las políticas impulsadas en las últimas décadas tanto por los chavistas: en el caso de España están claramente marcados los periodos de gobierno que encabezaron José María Aznar y Mariano Rajoy, aunque también se evidenció cierto titubeo en los primeros momentos del mandato de Pedro Sánchez.

Los que conocen bien la trayectoria de Félix Plasencia trazan un perfil moderado, nada que ver con el carácter volcánico de Arreaza, y dialogante. También indican que es un hombre que tiene una gran conexión con los hermanos Rodríguez: Jorge Rodríguez es la cabeza visible

del ejecutivo bolivariano en Méjico y Delcy Rodríguez es la ministra del Poder Popular de Economía y Finanzas, además de ser la mano derecha de Nicolás Maduro. Ellos son los impulsores de una candidatura –Plasencia González fue uno de los negociadores de la ronda de diálogo de Barbados de 2019– que quiere ser la punta de lanza de las negociaciones abiertas entre los dirigentes venezolanos y la oposición mejicana. También será una pieza clave en las buenas relaciones que se mantienen con aliados de largo recorrido como China y Cuba. Lo de estrechar unos lazos diplomáticos con Estados Unidos es una asignatura pendiente que sistemáticamente se queda para septiembre, bien porque se acude a los exámenes sin estudiar, bien porque el interés de mejora entre las partes es nulo.

De suelo cubano, precisamente, llegó una de las primeras reacciones virtuales por el «ascenso» de Félix Plasencia: «Compañero canciller y amigo, continuaremos profundizando la hermandad y cooperación legada por nuestros históricos líderes Fidel Castro y Hugo Chávez, empeño fundamental de los presidentes Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel, siempre con miras al desarrollo integral de nuestros pueblos», escribió el canciller cubano, Bruno Rodríguez, a modo de felicitación.

Un hombre discreto

Félix Plasencia González no es un recién llegado. Es verdad que no ha estado en primera línea del chavismo y, por tanto, no es una baza quemada de cara a la opinión internacional, pero su cintura diplomática la ido moldeando durante más de dos décadas.

Licenciado en Estudios Internacionales por la Universidad Central de Venezuela (UCV), el nuevo canciller es un virtuoso en negociaciones internacionales y diplomacia, su estancia en Pekín lo alejó de los múltiples conflictos que salpican a la administración bolivariana, sobre todo, en los tensos movimientos que existen en torno a los postulados que defiende el estadounidense Joe Biden.

Ex ministro de Turismo y exviceministro de Relaciones Exteriores, todo parece indicar que ahora está ante el mayor reto que le han encomendado tras agotar otros ciclos más opacos en la Alcaldía del municipio de Libertador, como director de Protocolo cuando Delcy Rodríguez estuvo al mando de la cancillería, de viceministro para las relaciones de Asia, Medio Oriente y Oceanía o de viceministro para Asuntos Multilaterales.

Diplomático antes de que llegaran los años dorados de Chávez, su círculo más próximo asegura que una de las virtudes de Plasencia González fue mostrar un espíritu camaleónico para adaptarse a los nuevos tiempos del chavismo sin llamar en exceso la atención. Buena parte de esa discreción la ganó durante su formación académica en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) y con un curso de postgrado en Estudios Diplomáticos que culminó en el New College de la Universidad de Oxford (Reino Unido).

El ‘Delcygate’


Félix Plasencia fue testigo del Delcygate, un altercado diplomático fechado el 20 de enero de 2020 cuando Delcy Rodríguez, vicepresidenta bolivariana, hizo una escala técnica en Madrid tras cubrir una visita oficial a Turquía. El ahora canciller era uno de los ocupantes del avión por su condición de Ministro de Turismo y la UE había prohibido a los gobernantes venezolanos entrar en el espacio Schengen. El ministro José Luis Ávalos sembró dudas sobre aquel supuesto encuentro y España no supo dar explicaciones. J. D.



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