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Debate histórico

México no sabe qué hacer con Cristóbal Colón

La efigie del almirante fue retirada hace un año de su glorieta icónica en Ciudad de México para ser restaurada

Estatua a Cristóbal Colón en México.

Es una mañana típica en Ciudad de México. Está nublado, el suelo está húmedo por la lluvia de la noche anterior y los coches se amontonan como hormigas. Roberto, un trabajador municipal de limpieza, pasa una escoba sobre la acera. Frente a él pasa la avenida Paseo de la Reforma, la más icónica de la capital. El barrendero se detiene un momento para tirar un montón de hojas en un contenedor gris. “Ese güey nunca me gustó”, dice. Roberto se refiere a un personaje que, hasta hace poco, engalanaba la glorieta que está a unos metros de él, en la parte central de la calle: Cristóbal Colón. Su estatua fue retirada el 10 de octubre de 2020 por el Gobierno local, que en ese momento lo justificó por tratarse de una "obra de mantenimiento". Casi un año después, la efigie no ha vuelto. El Ejecutivo municipal ha decidido sustituirla, pero eso solo le ha provocado dolores de cabeza.

Todo comenzó con una justificación que convenció a pocos y que arqueó las cejas de muchos. En vísperas del 12 de octubre, y en medio de la noche, el Gobierno capitalino decidió retirar la figura de bronce del almirante genovés. La razón -llegó cuando Colón ya había desaparecido- fue que era necesario repararla y que los trabajaron terminarían en agosto de este año. Las tertulias y columnas se llenaron de comentarios similares: “Fue un acto preventivo”. Según los analistas, y la opinión de la calle, fue una medida para evitar que la efigie fuese vandalizada, o derribada, como ya había pasado en otras ciudades del continente. nada tenía que ver con el movimiento anticolonialista, se trataba solamente de “mantenimiento”.

Los planes frustrados del Gobierno

No fue hasta el pasado 10 de septiembre que la alcaldesa, Claudia Sheinbaum, anunció que Colón no regresaría. En su lugar, señaló, se erigiría un homenaje “a la mujer indígena”, y el navegante terminaría en el parques del barrio acaudalado de Polanco, al oeste de la ciudad. Cuauhtémoc Medina, comisario jefe del Museo Universitario de Arte Contemporáneo, cree que la medida estuvo bien porque el “monumento estaba condenado a ser destruido” y se le debe preservar por su “valor artístico y documental”. Sin embargo, critica lo que vino después: “El concepto de mujer indígena es una noción colonial. Es parte del modelo que perpetúa la violencia en esas comunidades y, sin embargo, las celebra con la historia de los libros de texto”.

El repentino cambio de planes para llenar el pedestal vacío coincidió con el año del bicentenario de la independencia de México. Sheinbaum, una de los favoritos de Andrés Manuel López Obrador para abanderar a su partido en las presidenciales de 2024, no podía quedarse atrás. Este año ha estado marcado por celebraciones nacionalistas y un renovado conflicto diplomático con España, a quien el presidente le ha pedido en reiteradas ocasiones que se disculpe por los excesos de la conquista. Además, las críticas llovieron sobre mojado cuando se designó, sin un concurso público, a un artista hombre, blanco y que simpatiza con el movimiento oficialista. Su propuesta de escultura, de nombre Tlali -tierra en náhuatl- tampoco ayudó: muchas personas señalaron que la figura, de ojos rasgados, no simbolizaba al grueso del pueblo indígena.

Más allá de valoraciones subjetivas, todo el proceso causó polémica. Y más de 300 personalidades de la cultura en el mundo firmaron una carta enviada a Sheinbaum para que diese marcha atrás y asignara una comisión con mujeres indígenas para determinar la obra. Sheinbaum cedió y delegó la decisión a un grupo independiente. Norma Loeza, consultora en temas de género, derechos humanos y análisis de políticas públicas, censura los aspavientos de la administración local: “Más allá de lo estético, que es una cosa subjetiva, se trató de una decisión unilateral en un espacio que es público. De repente no ver la estatua ya era suficiente motivo para la reflexión colectiva”.

Reivindicación feminista

Si hay una localidad en América que le gusta tomar los espacios públicos para convertir las calles en lienzos de protesta, esa es Ciudad de México. Los movimientos feministas aprovecharon la indecisión del Gobierno y colocaron sobre el pedestal una figura de madera color púrpura de una mujer alzando el brazo izquierdo. Y antes de eso, las manifestantes utilizaron la valla metálica que protege lo que antes fue la Glorieta de Colón, para escribir en ella nombres de mujeres asesinadas, activistas y figuras históricas dentro del feminismo. Las manifestantes bautizaron el sitio como la Glorieta de las mujeres que luchan. La iniciativa partió del colectivo "Antimonumenta vivas nos queremos". En un mensaje enviado a este periódico, las representantes han dejado claro qué es lo que quieren para sustituir al navegante que llegó al Nuevo Mundo en 1492: “Nos interesa la consolidación del sitio como símbolo de resistencia y lucha de las mujeres”.

La realidad es que, en México, el movimiento social va dos pasos por delante de la Administración. Con el mensaje claro de las feministas, el balón está en el tejado del Gobierno capitalino. La discusión ha pasado del revisionismo histórico y la confrontación con Europa a una reflexión de uno de los mayores lastres en el país centroamericano, donde más de diez mujeres son asesinadas al día. Elvia González del Pliego, coordinadora del Programa de Género e Inclusión de la Universidad Iberoamericana no deja lugar a dudas: “Es positivo. Hemos dejado de pensar en si España nos debe pedir perdón o no y pasamos a reflexionar sobre todos los pendientes que hay en el país [como la violencia machista]”.

Todo parece indicar que Ciudad de México recibirá el 12 de octubre con una Glorieta de Colón vacía por segundo año consecutivo. No queda claro ni cómo será esa representación indígena femenina o cuándo se reubicará la estatua, de 15 metros, enviada desde Francia y colocada en 1877. Cuauhtémoc Medina lamenta cómo ha sido manejado el asunto y es escéptico. No sabe si el culebrón que se inició hace un año terminará con un final feliz: “Todo el proceso que vimos es la puesta en escena de una autoridad que no ha tomado ni dos minutos para siquiera preguntar cómo se podrían hacer las cosas. No les importa un comino".

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