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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Polémica reivindicación

Los Saboya levantan (de nuevo) ampollas en Italia al reclamar joyas que perdieron tras huir del país

La petición de la familia real sin trono de Italia, que ya no posee títulos desde hace décadas, suscita indignación e ironías en el país

Emanuelle Filiberto de Saboya.

"Aquellas leyes (raciales contra los judíos, durante el fascismo italiano) no fueron tan terribles". La desventurada frase, pronunciada en una entrevista con la televisión pública en los 90 por Víctor Manuel IV de Saboya (Nápoles, 1937), hijo del último rey italiano Humberto II, ha circulado esta semana nuevamente en las redes sociales con un epitafio ("Los Saboya explicados muy bien") que reflejaba la indignación y las ironías que han suscitado en Italia las últimas noticias sobre su familia real sin trono. La razón del revuelo: la decisión de los Saboya de anunciar públicamente, con mucha bulla y algarabía, su intención de reclamarle al Estado italiano que les devuelvan algunas joyas que han estado hasta ahora en una caja fuerte del Banco de Italia, en el centro de Roma.

La decisión de los Saboya, que durante el fascismo sirvieron al dictador Benito Mussolini y firmaron en 1938 las leyes raciales que permitieron la deportación de miles de judíos italianos, fue anunciada primero esta semana con una información que difundió 'Il Corriere della Sera', el diario que en Italia se considera más cercano a las élites. De acuerdo con esta fuente, los Saboya le habrían dado al Estado italiano una especie de ultimátum, y habrían preparado ya una demanda civil para intentar recuperar lo que creen que es suyo. Se trata de un tesoro valorado en varios millones de euros, e integrado por casi 7.000 brillantes y 2.000 perlas, además de collares, pendientes, diademas y broches de distinta manufactura.

En un documento enviado al Gobierno italiano, los cuatro principales demandantes, Víctor Manuel IV, y sus hermanas María Gabriela, María Pía y María Beatriz, herederos de Humberto II, han precisado asimismo que se esperan que la pequeña fortuna sea devuelta "en un plazo de 10 días", según filtró el abogado de los Saboya, Sergio Orlandi. El motivo, se explicó, es que la familia considera que esas pertenencias son suyas de "pleno derecho". Con ello, ya se celebró incluso una reunión entre los demandantes y funcionarios del Banco de Italia, pero de momento no fue hallada solución alguna, y la representación del Gobierno y el ministerio ya han hecho saber a través de una carta que cree que las joyas pertenecen al Estado. "Que esas joyas estén una bóveda del Banco de Italia es ridículo", ha llegado a comentar Manuel Filiberto, hijo de Víctor Manuel IV.

SUBASTA DE LA COLECCION DE LA PRINCESA MARIA GABRIELA DE SABOYA.

56 años en el exilio

En verdad, no es la primera vez que los Saboya, a los que se les permitió pisar nuevamente suelo italiano en 2002, después de haber huido de Italia 56 años antes por miedo a ser apresados por las tropas aliadas y de que Italia eligiera ser una república con un referéndum en 1946, suscitan fricciones en el país transalpino. La última polémica de importancia se remonta a 2018, cuando Manuel Filiberto reclamó que los restos de su bisabuelo y penúltimo rey de Italia, Víctor Manuel III, recibiese un entierro con honores de Estado. Algo a lo que Italia se negó, así como también se rechazó que el difunto monarca fuese sepultado en el Panteón, donde reposan otros miembros de esta familia

Tanto que en aquella ocasión, Manuel Filiberto llegó a decir que pediría ayuda del mismísimo papa Francisco, lo que tampoco tuvo un desenlace positivo para él. Aun así, Manuel Filiberto, que se hace llamar príncipe aunque estos títulos no están reconocidos en Italia, no ha dado marcha atrás en estos años, en sus intentos de cobrar relevancia en el país. Suele participar en programas de televisión, tiene una cuenta en Instagram, y una página web en la que se presenta como una persona que ha tenido "éxitos en el mundo del entretenimiento", experiencias "en finanzas internacionales a los proyectos de beneficencia de su fondo de caridad", y "las dotes históricas y morales de la familia, en particular del abuelo Humberto II".

Con todo, la realidad es que Italia sigue sin perdonarle a los Saboya su implicación en el fascismo. Y, en el caso de la última reclamación, tampoco está claro que los Saboya se vayan a salir con la suya. Esto porque, además, las actas conservadas no son muy claras. Dicen que las joyas deberían ser "mantenidas a disposición de quienes tengan derecho a ellas". Pero no se sabe si eso alude al Estado italiano o a los decaídos aristócratas. Ellos, sin embargo, parecen no tener intención de rendirse, y alegan que ya en otras ocasiones pidieron que al menos las joyas fuesen expuestas al público, algo que tampoco ocurrió. Un comportamiento, este, en línea con la actitud de Italia desde que el país abandonó la monarquía en 1948 y despojó a la antigua familia real de sus bienes.

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