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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Guerra en Ucrania

Del hospital al búnker: la odisea de los pequeños pacientes ucranianos

Los pacientes más graves del mayor hospital pedíatrico de Kiev son trasladados a los refugios, donde escasea la ventilación y aumenta el riesgo de infecciones | La falta de medicamentos para los niños y sus familiares es otro de los problemas que enfrenta el sistema

Niños en el hospital pediátrico Ohmatdyt.

El hospital infantil Ohmatdyt de Kiev, que funciona entre las bombas y es el más grande centro pediátrico de Ucrania, vive desde hace una semana una situación desesperada. Los cerca de doscientos niños ingresados actualmente allí no pueden ser excluidos del protocolo, de modo que cada vez que suenan las sirenas antiaéreas y hay peligro de ataque, tienen que correr hacia los improvisados refugios que han sido habilitados para que los pequeños pacientes no pierdan la vida. Sin embargo, como no hay mucho espacio, no todos los críos pueden permanecer en los refugios las veinticuatro horas ni es posible trasladar constantemente a aquellos que sufren las patologías más graves.

Los mencionados condicionantes han obligado a encontrar una solución de compromiso: solo los pacientes más graves vivirán en los búnkeres. Pero como aún así son más de los que caben en el aforo, la única solución que le han dado a Igor y su madre es que permanezcan en un colchón en el suelo y esperen allí —junto a otros niños y padres— las muestras de cariño y la atención sanitaria que prestan la decena de enfermeras que se ocupan de ellos.

Igor, que no tiene más de tres años, no lo entiende. Como tampoco lo entiende el niño que está a su lado, un poco mayor, que pasa el tiempo jugando con un teléfono reconvertido en videojuego y se tapa los ojos cuando ve a alguien que no conoce. “Es un poco tímido, y ahora más”, cuenta su madre, con una naturalidad que desarma.

Personal médico del hospìtal infantil Ohmatdyt de Kiev. IRENE SAVIO

No son los únicos que no respiran tranquilos. Sasha, que tiene seis años, sufre una disfunción renal y necesita de hemodiálisis, pero tampoco puede irse del hospital. Pasa los días junto a su madre en una estrecha camilla apiñada entre aparatos médicos que, a ratos, trastornan a Sasha y lo hacen caer en un llanto desconsolado. “Llegué hace cuatro meses y ahora yo estoy aquí, y ellos allá, lo que me preocupa muchísimo”, dice su madre, Oksana, de 31 años y residente en Donetsk, una de las dos grandes urbes separatistas del este del país, donde los enfrentamientos no cesan desde ocho años.

Alto riesgo de infecciones

El doctor Vladimir Zhovnir, director del hospital, lo dice sin muchos rodeos. “No estábamos preparados”, afirma el galeno. “No nos imaginábamos que los rusos, que al fin y al cabo comparten tanto con nosotros, nos atacarían. Realmente ha sido completamente inesperado”, afirma. “Es una situación muy mala, casi no puedo encontrar las palabras para describirla. No logramos dar a los niños un servicio médico adecuado. En los búnkeres no hay buena ventilación y corren el riesgo de coger distintos tipos de infecciones”, añade tras precisar que, desde que empezó el conflicto, también han llegado a su hospital niños nacidos durante la guerra.

La vida no siempre ha triunfado sobre la muerte. Algunos de los bebés han fallecido al nacer o poco antes, cuenta el doctor Zhovnir. “Un bebé murió antes de llegar al hospital, y otro sufrió una muerte clínica poco después de ser ingresado. Estaba en muy malas condiciones. Otros dos bebés llegaron con heridas provocadas por los bombardeos. Uno llegó con un traumatismo en el cuello y un sangrado masivo, lo resucitamos pero aún está en malas condiciones. Otro tiene una herida en la cabeza y en la mano”, cuenta Zhovnir.

Niños en apuros y madres traumatizadas

No es la única tragedia. “Hay bebés que no están teniendo acceso a sus dosis de insulina, los transplantes están paralizados e, incluso, las consultas de pediatría han sido aplazadas de forma indefinida. También sé de bebés que han fallecido en otras zonas del país porque no han podido llegar a tiempo a los hospitales”, argumenta. “Nos hemos cansado de las tergiversaciones, necesitamos ayuda”, se queja desesperado antes de añadir que “también las madres están traumatizadas”.

La psicóloga infantil Olena Onoprienko explica que “todos los niños, al igual que los padres, están en una situación muy difícil porque la guerra es un gran estrés para ellos”. Para todos, asegura, fue una sorpresa mayúscula. “No estábamos preparados pero vamos mejorando cada día. Todos los días vamos improvisando algo nuevo”, añade. “Pero nos faltan medicinas, no nos llegan. Y el problema no es solo de los niños, si no también de los padres, que necesitan tranquilizantes para afrontar estos días”. La tragedia del hospital Ohmatdyt no es un caso aislado. Según Unicef, las hostilidades son una amenaza inmediata para 7,6 millones de niños en Ucrania.

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